04/12/2026
Para los que se creen indignos del amor del Señor:
No estás demasiado roto para Dios.
No estás demasiado lejos.
No has caído tan bajo como para que Su gracia no te alcance.
El amor del Señor no se basa en que seas perfecto, sino en que Él es misericordioso.
Dios no ama solo a los fuertes, a los puros o a los que “lo hacen todo bien”.
También abraza al cansado, al que llora en silencio, al que se siente sucio por dentro, al que piensa:
“Yo no merezco que Dios me mire.”
Y precisamente ahí, en ese lugar de dolor y vergüenza, Jesús se acerca.
La cruz es la prueba de que Dios ama a quienes saben que necesitan salvación.
No vino por los que se creen suficientes, sino por los que reconocen su necesidad de Él.
“Con amor eterno te he amado; por eso te sigo mostrando mi misericordia.”
Jeremías 31:3
“Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”
Salmo 51:17
“Vengan a mí todos los que están trabajados y cargados, y yo los haré descansar.”
Mateo 11:28
Así que, si alguien hoy se siente indigno, que recuerde esto:
Tu indignidad no es más grande que la gracia de Dios.
Tu pasado no es más fuerte que la sangre de Cristo.
Tu herida no es más profunda que el amor del Padre.
No corras de Dios por sentirte indigno.
Corre hacia Él precisamente por eso.