06/16/2026
Martes 16 de Junio de 2026
“El Espíritu Santo le da a nuestras luchas una finalidad profunda.
Por amor al hermano, sabemos que lo mejor que podemos regalarle es a Jesús; y por amor a Jesús, no podemos dejar de hablar de él.
Si un día resolviéramos todos nuestros problemas pero no lo tuviéramos a él, seguiríamos siendo infelices.
Pero eso es imposible, porque nunca podremos resolver todos nuestros problemas sin él.
Porque sin él comienza a reinar el egoísmo, el odio, el orgullo, los vicios, la tristeza.
Y entonces nada puede darnos esperanza.
Por eso, el Espíritu siempre quiere llevarnos a Jesús, siempre nos abre el oído para escuchar su Palabra, y siempre nos impulsa a evangelizar, a llevar a Jesús a los demás.
Todo esto se une en la misión que tienen los laicos en el mundo.
Ellos necesitan invocar permanentemente al Espíritu Santo para llenar el mundo de la presencia de Cristo.
Para que los hogares, los lugares de trabajo, los barrios, las asociaciones, y todos los ambientes se inunden de esperanza, de dinamismo, de la vida maravillosa que Jesús nos propuso.
¿Pero por qué el Espíritu Santo no cambia el mundo? ¿Acaso no puede?
Por supuesto que puede,
pero no quiere hacerlo sin nosotros. Quiere cambiar las cosas a través de nosotros.
Y si no cambian es porque muchos no somos instrumentos dóciles.
¿Cómo está tu docilidad al Espíritu Santo?”
➕Card. Víctor Manuel Fernández
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¡Y cuántas clases de renunciamientos necesita el Sacerdote para cumplir sus deberes, para santificarse y santificar!
pero piensen, y con verdad, que el dolor trae la fecundación del Padre en ellos. Con qué avidez abrazarán la cruz
Y transformados en Mí, doloroso, serán felices en cualquier martirio.
¡Qué grande es el dolor en la tierra sufrido por amor!
El dolor cristiano o con Cristo, es decir, en mi unión, tecunda al que lo padece, lo purifica y santifica y sus irradiaciones alcanzan a un número incalculable de almas, dándole gloria a Dios.
Pero no todo el dolor es santo o santifica se necesita que el amor lo purifique, que se una a mis méritos y que tienda al cielo, es decir, que no se sufra a más no poder, sino que se sobrenaturalice para que alcance gracias divinizándose.”
(1930. Mayo 26. - C.C. 55,174-178)
✝️Beata Conchita.