06/18/2026
A través de toda la Biblia vemos una verdad poderosa: muchas veces, antes del milagro, hubo un sonido.
Antes de que los muros de Jericó cayeran, las trompetas sonaron y el pueblo gritó. Antes de que llegara el derramamiento en Pentecostés, hubo un estruendo del cielo. Dios no necesita nuestro ruido para obrar, pero una y otra vez vemos que Su pueblo participó con fe antes de ver la victoria.
La adoración no es una reacción al milagro. Muchas veces es la preparación para el milagro.
Cuando el pueblo de Dios levanta su voz, cuando decide creer antes de ver, cuando alaba en medio de la batalla y no después de ella, algo cambia en la atmósfera. La fe comienza a desplazar el temor. La esperanza vence al desánimo. Los corazones se abren para recibir lo que Dios quiere hacer.
Quizás hoy no veas todavía los muros caer. Quizás la respuesta aún no ha llegado. Pero no permitas que el silencio de las circunstancias apague el sonido de tu fe.
Porque hay victorias que comienzan mucho antes de que aparezca el milagro. Comienzan cuando el pueblo de Dios decide levantar un sonido de adoración, expectativa y confianza en Aquel que nunca falla.