05/30/2026
¿Por qué llevamos el Evangelio en la procesión de entrada y quien debe llevarlo?
1. Contexto
En particular, el Evangeliario es uno de los libros más antiguos de la liturgia cristiana; documentos de los siglos III y IV ya lo mencionan como parte de diversas celebraciones. Desde entonces, su uso se distingue por una profunda solemnidad: es portado por los diáconos en procesión, acompañado de cirios e incienso como signo de veneración; se coloca sobre el altar al inicio de la misa, símbolo de Cristo presente en su Palabra; y luego se traslada con reverencia al lugar donde se proclama el Evangelio ante la asamblea, manifestando así la centralidad de la Palabra en la vida litúrgica de la Iglesia.
2. Contexto:
Algunos laicos me han preguntado por el sentido de llevar el Evangeliario en la procesión de entrada. Esta congoja se debe especialmente a que han visto en ciertas parroquias que lo portan laicos en la procesión de entrada, no los diáconos o lectores instituidos; o incluso que, en lugar del Evangeliario, se lleva el Leccionario o, peor aún, la revista de lecturas Pan de la Palabra o id y enseñad-
3. Reflexión
La presencia de Cristo en la Palabra de Dios proclamada en la liturgia constituye una de las grandes novedades del Concilio Vaticano II. No debemos ser tímidos al afirmarlo. El texto fundamental es Sacrosanctum Concilium n.º 7, ubicado dentro de la exposición de los principios generales, donde se establecen las bases teológicas y eclesiológicas de la sagrada liturgia.
En este contexto, el Evangelio ocupa un lugar central dentro de la lógica sacramental, pues se considera como las palabras mismas del Señor Resucitado que se dirige a la asamblea en el aquí y ahora. Por esta razón se venera el Evangeliario, ya que, en el marco de la Santa Misa, es símbolo de esa presencia viva: es el mismo Cristo que precede la liturgia de la Palabra y los ritos iniciales.
4. Acción
En la procesión de entrada, solo el diácono o el lector instituido pueden portar el Evangeliario (cf. IGMR 120, 172). Este libro no puede ser sustituido por el Leccionario ni por ninguna revista de lecturas (cf. IGMR 120), ya que representa sacramentalmente a Cristo que viene a hablar a su pueblo.
El Evangeliario debe llevarse poco elevado, evitando exagerar el gesto, pues su dignidad proviene del signo mismo, no de la ostentación.
Asimismo, solo el diácono o el sacerdote pueden proclamar el Evangelio durante la Misa (cf. IGMR 171, 134). Este ministerio, reservado a quienes han recibido el orden sagrado, esto expresa la presencia viva del Señor que habla a su Iglesia en el aquí y ahora de la celebración.
5. Consejo litúrgico
Cuidar la dignidad de los ritos y de las palabras es esencial para que la Iglesia reconozca y acoja la presencia de Cristo que habla a su pueblo. Cada elemento —el ambón, la correcta lectura, la entonación del salmo, el ejercicio del ministerio instituido u ordenado, el incienso, las velas, el beso al Evangeliario, la proclamación del Evangelio o de las lecturas, y las procesiones— forma parte de una misma lógica sacramental.
En todos estos signos, gestos y ministerios, Cristo mismo se hace presente en su Palabra por obra del Espíritu Santo.