04/01/2026
Aprobados por Dios, no por los hombres
Iglesia, hoy comenzamos dando gracias a Dios por este día. Nos ponemos toda la armadura de Dios, el casco de salvación, la coraza de justicia, el escudo de la fe, y declaramos que estamos listos para caminar en verdad, no en apariencia.
La Palabra dice en Gálatas 1:10:
“Yo no ando buscando que la gente apruebe lo que digo… ¡Para mí, lo importante es que Dios me apruebe!”
Esta es una declaración poderosa. El apóstol Pablo está diciendo: yo no vivo para agradar a los hombres, yo vivo para agradar a Dios.
Hoy en día, muchos creyentes están más preocupados por quedar bien con la gente que por obedecer a Dios. Ajustan su mensaje, suavizan la verdad, evitan confrontar el pecado… todo por no perder la aceptación de otros.
Pero escuche esto con claridad:
El que vive para agradar a la gente, tarde o temprano se aleja de Dios.
Pero el que vive para agradar a Dios, aunque pierda gente, gana el cielo.
Jesús mismo nunca buscó aprobación humana. Él habló la verdad, aunque incomodara. Él corrigió, aunque lo rechazaran. Él obedeció al Padre hasta la cruz.
Ser siervo de Cristo requiere valentía.
Requiere decir la verdad aunque duela.
Requiere mantenerse firme aunque otros se aparten.
Porque no somos llamados a ser populares…
somos llamados a ser fieles.
Iglesia, hoy el Espíritu Santo nos confronta:
• ¿Estamos buscando likes o estamos buscando la presencia de Dios?
• ¿Estamos agradando a la gente o obedeciendo al Señor?
• ¿Estamos viviendo para aplausos o para la aprobación del cielo?
Porque al final de todo, no será la opinión de la gente la que contará…
será la voz de Dios diciendo: “bien, buen siervo y fiel.”
Padre, en el nombre poderoso de Jesús, hoy renunciamos a toda necesidad de aprobación humana.
Rompemos con todo espíritu de temor al hombre, de inseguridad y de doble ánimo.
Declaro que tu iglesia se levanta con valentía, con autoridad y con verdad.
Hombres y mujeres que no negocian su fe, que no venden su convicción, que no se doblan ante la presión.
Señor, forma en nosotros un corazón firme, obediente y apasionado por agradarte a Ti por encima de todo.
Hoy declaramos:
aunque el mundo no nos apruebe, el cielo sí nos respalda.
En el nombre de Jesús,
Amén