IPM - Iglesia Pentecostal Maná

IPM - Iglesia Pentecostal Maná Una iglesia fundamentada en el Evangelio de Jesucristo, donde se predica el amor y la misericordia de Dios.

Guiados por el Espíritu Santo y firmes en la Palabra, proclamamos que solo en Cristo hay salvación, perdón y nueva vida para todo aquel que cree.

09/07/2026
09/03/2026

𝗔𝗟 𝗙𝗜𝗡𝗔𝗟, 𝗦𝗢𝗠𝗢𝗦 𝗡𝗢𝗦𝗢𝗧𝗥𝗢𝗦 𝗟𝗢𝗦 𝗤𝗨𝗘 𝗗𝗘𝗖𝗜𝗗𝗜𝗠𝗢𝗦 𝗣𝗘𝗥𝗠𝗔𝗡𝗘𝗖𝗘𝗥

*𝗘𝘀𝘁𝗮 𝗹𝗲𝗰𝘁𝘂𝗿𝗮 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝘁𝗲 𝘁𝗼𝗺𝗮𝗿𝗮́ 𝘂𝗻𝗼𝘀 𝟯 𝗺𝗶𝗻𝘂𝘁𝗼𝘀, 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗱𝗲 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗮 𝗯𝗲𝗻𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘁𝘂 𝘃𝗶𝗱𝗮. 𝗦𝗮𝗰𝗮 𝘂𝗻 𝗺𝗼𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼, 𝗹𝗲́𝗲𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝗰𝗮𝗹𝗺𝗮 𝘆 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗶𝘁𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗿𝗲𝗳𝗹𝗲𝘅𝗶𝗼́𝗻 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲́𝗻 𝗻𝗼𝘀 𝗹𝗹𝗲𝘃𝗲 𝗮 𝗲𝘅𝗮𝗺𝗶𝗻𝗮𝗿𝗻𝗼𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲𝗹𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲𝗹 𝗦𝗲𝗻̃𝗼𝗿.*

𝗥𝗼𝗺𝗮𝗻𝗼𝘀 𝟴:𝟯𝟴-𝟯𝟵 (𝗡𝗕𝗟𝗔):
«Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.»

𝗟𝘂𝗰𝗮𝘀 𝟵:𝟮𝟯 (𝗡𝗕𝗟𝗔):
«Y a todos les decía: “Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”».

La Palabra de Dios nos deja algo muy claro: nada externo tiene el poder de obligarnos a abandonar a Cristo. Ni las pruebas, ni las circunstancias, ni las personas, ni el mundo, ni los ataques del enemigo pueden separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús.

Nadie puede decidir por nosotros si permanecemos cerca de Cristo o si nos alejamos de Él.

Cristo no quiere dejarnos.
La iglesia no quiere apartarnos.
El mundo puede atacarnos, tentarnos, herirnos y tratar de distraernos, pero no puede obligarnos a abandonar al Señor.

Al final, cada uno de nosotros tiene que decidir si permanece firme o si comienza a alejarse.

Jesús mismo dijo: 𝗦𝗶 𝗮𝗹𝗴𝘂𝗶𝗲𝗻 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗲 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗿𝗺𝗲… Seguir a Cristo es una decisión personal. Negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz cada día y seguirlo es una responsabilidad que nadie puede asumir por nosotros.

Llega un momento en nuestra vida cristiana en que debemos asumir responsabilidad por nuestra propia relación con Dios. La iglesia está llamada a amar, cuidar, aconsejar, orar, acompañar y ayudar al que está pasando por momentos difíciles. Pero nuestra permanencia en Cristo no puede depender de cuánta atención recibimos de los demás.

No podemos dejar de congregarnos porque alguien no nos llamó, no nos escribió, no nos saludó como esperábamos o no estuvo pendiente de nosotros de la manera que queríamos.

Somos parte del cuerpo de Cristo, y en un cuerpo no solamente estamos para recibir. También estamos llamados a dar, servir, buscar, amar, apoyar y aportar.

Hay momentos en que necesitamos que nos sostengan, y para eso también está la iglesia. Pero parte del crecimiento espiritual es comprender que no podemos vivir esperando continuamente que otros nos sostengan para permanecer firmes.

Por eso, antes de decir:

“Me dejaron solo.”
“No me buscaron.”
“No me llamaron.”
“Nadie estuvo pendiente de mí.”

También debemos preguntarnos:

¿Estoy buscando yo a Cristo?
¿Estoy cuidando mi relación con Dios?
¿Estoy congregándome?
¿Estoy participando?
¿Estoy sirviendo?
¿Estoy acercándome a mis hermanos?
¿O estoy esperando que siempre sean los demás quienes vengan detrás de mí?

La iglesia tiene la responsabilidad de cuidar, ayudar y restaurar, pero cada creyente también tiene la responsabilidad de permanecer cerca de Cristo.

Podemos atravesar decepciones, heridas, pruebas y momentos difíciles. Podemos sentir que alguien no estuvo pendiente de nosotros como esperábamos. Pero ninguna de esas cosas tiene el poder de obligarnos a dejar a Cristo.

𝗥𝗼𝗺𝗮𝗻𝗼𝘀 𝟴 𝗻𝗼𝘀 𝗿𝗲𝗰𝘂𝗲𝗿𝗱𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗶 𝗹𝗼 𝗮𝗹𝘁𝗼, 𝗻𝗶 𝗹𝗼 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗼, 𝗻𝗶 𝗻𝗶𝗻𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗼𝘁𝗿𝗮 𝗰𝗼𝘀𝗮 𝗰𝗿𝗲𝗮𝗱𝗮 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗽𝗮𝗿𝗮𝗿𝗻𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗮𝗺𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀 𝗲𝗻 𝗖𝗿𝗶𝘀𝘁𝗼 𝗝𝗲𝘀𝘂́𝘀.

Por eso no podemos entregar a otros la responsabilidad de una decisión que nos corresponde personalmente.

𝗖𝗿𝗶𝘀𝘁𝗼 𝗻𝗼 𝗻𝗼𝘀 𝗮𝗯𝗮𝗻𝗱𝗼𝗻𝗮. 𝗟𝗮 𝗶𝗴𝗹𝗲𝘀𝗶𝗮 𝗻𝗼 𝗻𝗼𝘀 𝗲𝘅𝗽𝘂𝗹𝘀𝗮 𝗽𝗼𝗿 𝗻𝗼 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗯𝗶𝗿 𝗹𝗮 𝗮𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮́𝗯𝗮𝗺𝗼𝘀. 𝗬 𝗲𝗹 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗼 𝗻𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗼𝗯𝗹𝗶𝗴𝗮𝗿𝗻𝗼𝘀 𝗮 𝗱𝗲𝗷𝗮𝗿 𝗮𝗹 𝗦𝗲𝗻̃𝗼𝗿.

Al final, somos nosotros los que decidimos si permanecemos o si nos alejamos.

Por eso nuestra mirada no puede estar puesta en cuánto hacen los demás por nosotros, sino en Cristo, quien sigue siendo fiel y continúa llamándonos a seguirle.

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08/28/2026

DIOS TE SACÓ DE AHÍ, NO REGRESES

Amada iglesia, hay exhortaciones que todos necesitamos escuchar de vez en cuando, no para señalar a nadie, sino para ayudarnos a cuidar nuestra vida espiritual. La Biblia constantemente nos llama a estar atentos, permanecer firmes y no regresar a aquello de lo cual Dios, por Su misericordia, nos ha sacado.

La Palabra dice:

“EL PERRO VUELVE A SU PROPIO VÓMITO”, y: “La puerca lavada, vuelve a revolcarse en el cieno”.
— 2 Pedro 2:22

Dios nos ha perdonado, limpiado, restaurado y nos ha dado una vida nueva. Por eso tenemos que cuidar nuestro corazón. Hay cosas que quizás dejamos hace tiempo, pero que pueden volver a tocar nuestra puerta: pecado, orgullo, vanidad, malos deseos, amor al dinero, inmoralidad, desobediencia, viejas costumbres, ambientes o influencias que un día nos apartaron de Dios.

Por eso debemos mantenernos vigilantes. No podemos pensar que porque ayer vencimos una batalla hoy podemos descuidarnos. La vida cristiana requiere permanecer cerca del Señor, porque cualquiera de nosotros puede ser tentado a mirar nuevamente hacia atrás.

El pueblo de Israel nos dejó un ejemplo muy serio. Dios los había sacado de Egipto con mano poderosa, los había libertado de la esclavitud y los estaba llevando hacia una tierra mejor. Sin embargo, cuando llegaron las dificultades, comenzaron a mirar hacia atrás y dijeron:

“Nombremos un jefe y volvamos a Egipto”.
— Números 14:4

¡Qué peligroso es comenzar a desear nuevamente aquello de donde Dios nos sacó!

Egipto había sido lugar de esclavitud, sufrimiento y opresión; pero cuando llegaron las pruebas, algunos comenzaron a recordar lo viejo como si hubiera sido mejor. Su incredulidad y rebelión tuvieron consecuencias muy serias, y aquella generación no entró en la tierra prometida.

Por eso la Escritura también nos advierte:

“Tengan cuidado, hermanos, no sea que en alguno de ustedes haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo”.
— Hebreos 3:12

Esta exhortación es para todos nosotros: cuidemos lo que Dios ha hecho en nuestra vida. No juguemos con aquello que un día nos hizo daño. No volvamos a abrir puertas que Dios nos ayudó a cerrar. No cambiemos la paz que tenemos en Cristo por aquello que ya conocemos y sabemos cómo termina.

Y algo muy importante: tropezar no es lo mismo que decidir regresar. Todos podemos tener momentos de debilidad. Podemos fallar, caer o cometer errores. Pero cuando eso ocurra, no debemos acostumbrarnos al suelo ni comenzar a justificar lo incorrecto. Busquemos al Señor, arrepintámonos y levantémonos.

“Porque el justo cae siete veces, y vuelve a levantarse”.
— Proverbios 24:16

También debemos cuidarnos unos a otros. Si vemos a un hermano debilitándose, nuestro llamado no es condenarlo ni señalarlo, sino extenderle una mano, aconsejarlo, amonestarlo con amor, orar por él y ayudarlo a levantarse.

Pero también debemos recordar una verdad: para recibir ayuda tenemos que estar dispuestos a dejarnos ayudar. Podemos aconsejar, acompañar, orar y mostrar el camino, pero no podemos obligar a nadie a cambiar.

El amor guía, aconseja y extiende la mano… pero la voluntad decide si la recibe.

Iglesia, sigamos hacia adelante. Dios no nos libertó para que volvamos a la esclavitud. No nos limpió para que deseemos nuevamente el lodo. No nos sacó de Egipto para que vivamos mirando hacia Egipto.

Cuidémonos, guardemos nuestro corazón, permanezcamos cerca de Cristo y nunca olvidemos de dónde Dios nos sacó y hacia dónde Él nos está llevando.

Cristo siempre tendrá algo mejor para nosotros adelante que aquello que dejamos atrás.

Pastor Ramón

08/21/2026

2 Pedro 2:21-22

“Hubiera sido mejor para ellos no haber conocido nunca el camino correcto, que haberlo conocido y luego apartarse del camino de la justicia. En su caso ha sucedido lo que acertadamente afirman estos proverbios: «El perro vuelve a su propio vómito», y: «La puerca lavada, vuelve a revolcarse en el cieno».”

Pedro no suaviza sus palabras, porque hay verdades que necesitan sacudir la conciencia.

Es trágico conocer la verdad, haber sido alumbrado por ella, haber probado la bendición de caminar con Dios, y después decidir volver voluntariamente a aquello de donde el Señor nos había sacado. Eso no es simplemente un tropiezo; es comenzar a llamar nuevamente hogar al lugar del cual Dios quiso rescatarnos.

El que nunca conoció puede decir: “Yo no sabía”. Pero quien conoció el camino, escuchó la Palabra, estuvo en la iglesia, sirvió, oró, vio la mano de Dios y luego decidió apartarse, ya no puede esconderse detrás de la ignorancia.

Por eso Pedro usa una imagen tan fuerte: volver al pecado después de haber conocido la verdad es como el perro que vuelve a su propio vómito y como la puerca limpia que regresa al cieno. Es regresar voluntariamente a lo que antes reconocíamos que nos contaminaba y destruía.

Y cuidado con vivir de recuerdos espirituales:

“Yo antes servía.”
“Yo antes oraba.”
“Yo antes buscaba a Dios.”
“Yo antes estaba firme.”

Dios no nos llamó a tener un pasado cristiano, sino una vida presente de fidelidad.

No importa solamente cómo comenzaste. La pregunta que debe golpear nuestra conciencia es: ¿Dónde estás hoy con Dios?

Porque haber caminado bien ayer no justifica vivir lejos de Él hoy.

No juegues con una verdad que ya conoces. No regreses al cieno del cual Dios te limpió. No vuelvas a abrazar aquello que un día le pediste al Señor que rompiera de tu vida.

El evangelio no es una experiencia del pasado; es un camino que se vive, se obedece y en el que se persevera cada día, hasta el final.

Pastor Ramón

08/17/2026

Campaña de Damas 2026

08/02/2026

Mensaje por el Pastor Ramon Martinez

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