08/28/2026
DIOS TE SACÓ DE AHÍ, NO REGRESES
Amada iglesia, hay exhortaciones que todos necesitamos escuchar de vez en cuando, no para señalar a nadie, sino para ayudarnos a cuidar nuestra vida espiritual. La Biblia constantemente nos llama a estar atentos, permanecer firmes y no regresar a aquello de lo cual Dios, por Su misericordia, nos ha sacado.
La Palabra dice:
“EL PERRO VUELVE A SU PROPIO VÓMITO”, y: “La puerca lavada, vuelve a revolcarse en el cieno”.
— 2 Pedro 2:22
Dios nos ha perdonado, limpiado, restaurado y nos ha dado una vida nueva. Por eso tenemos que cuidar nuestro corazón. Hay cosas que quizás dejamos hace tiempo, pero que pueden volver a tocar nuestra puerta: pecado, orgullo, vanidad, malos deseos, amor al dinero, inmoralidad, desobediencia, viejas costumbres, ambientes o influencias que un día nos apartaron de Dios.
Por eso debemos mantenernos vigilantes. No podemos pensar que porque ayer vencimos una batalla hoy podemos descuidarnos. La vida cristiana requiere permanecer cerca del Señor, porque cualquiera de nosotros puede ser tentado a mirar nuevamente hacia atrás.
El pueblo de Israel nos dejó un ejemplo muy serio. Dios los había sacado de Egipto con mano poderosa, los había libertado de la esclavitud y los estaba llevando hacia una tierra mejor. Sin embargo, cuando llegaron las dificultades, comenzaron a mirar hacia atrás y dijeron:
“Nombremos un jefe y volvamos a Egipto”.
— Números 14:4
¡Qué peligroso es comenzar a desear nuevamente aquello de donde Dios nos sacó!
Egipto había sido lugar de esclavitud, sufrimiento y opresión; pero cuando llegaron las pruebas, algunos comenzaron a recordar lo viejo como si hubiera sido mejor. Su incredulidad y rebelión tuvieron consecuencias muy serias, y aquella generación no entró en la tierra prometida.
Por eso la Escritura también nos advierte:
“Tengan cuidado, hermanos, no sea que en alguno de ustedes haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo”.
— Hebreos 3:12
Esta exhortación es para todos nosotros: cuidemos lo que Dios ha hecho en nuestra vida. No juguemos con aquello que un día nos hizo daño. No volvamos a abrir puertas que Dios nos ayudó a cerrar. No cambiemos la paz que tenemos en Cristo por aquello que ya conocemos y sabemos cómo termina.
Y algo muy importante: tropezar no es lo mismo que decidir regresar. Todos podemos tener momentos de debilidad. Podemos fallar, caer o cometer errores. Pero cuando eso ocurra, no debemos acostumbrarnos al suelo ni comenzar a justificar lo incorrecto. Busquemos al Señor, arrepintámonos y levantémonos.
“Porque el justo cae siete veces, y vuelve a levantarse”.
— Proverbios 24:16
También debemos cuidarnos unos a otros. Si vemos a un hermano debilitándose, nuestro llamado no es condenarlo ni señalarlo, sino extenderle una mano, aconsejarlo, amonestarlo con amor, orar por él y ayudarlo a levantarse.
Pero también debemos recordar una verdad: para recibir ayuda tenemos que estar dispuestos a dejarnos ayudar. Podemos aconsejar, acompañar, orar y mostrar el camino, pero no podemos obligar a nadie a cambiar.
El amor guía, aconseja y extiende la mano… pero la voluntad decide si la recibe.
Iglesia, sigamos hacia adelante. Dios no nos libertó para que volvamos a la esclavitud. No nos limpió para que deseemos nuevamente el lodo. No nos sacó de Egipto para que vivamos mirando hacia Egipto.
Cuidémonos, guardemos nuestro corazón, permanezcamos cerca de Cristo y nunca olvidemos de dónde Dios nos sacó y hacia dónde Él nos está llevando.
Cristo siempre tendrá algo mejor para nosotros adelante que aquello que dejamos atrás.
Pastor Ramón