04/29/2026
Miren, yo les voy a escribir algo, pero por favor no se vayan a enojar…
Uno de los más grandes problemas dentro de las comunidades religiosas modernas es el “PASTORCENTRISMO”, como dirĂa Lucas Magnin.
Hemos construido comunidades donde el centro ya no es el mensaje, sino el mensajero; donde, por mucho que digamos que Jesús es el centro… nuestra vida religiosa demuestra que EL PASTOR ES EL CENTRO.
El púlpito dejó de ser un lugar de servicio y se convirtió en una plataforma de autoridad y protagonismo. El pastor dejó de ser el siervo de todos y se convirtió en la máxima figura de la iglesia, en el “regalo” más grande de Dios para los miembros, en la única voz autorizada e incuestionable para hablar a nuestras vidas y, en algunos lugares… en el padre espiritual de los congregantes… perdónenme, pero QUÉ ESTUPIDEZ.
Hoy el pastor es la autoridad absoluta, el filtro entre Dios y la gente; el pastor dejó de ser una figura que acompaña y se convirtió en una figura que CONTROLA.
El pastor te dice con quiĂ©n casarte, dĂłnde trabajar, a quiĂ©n hablarle y a quiĂ©n no, dĂłnde servir, quĂ© tipo de mĂşsica escuchar, quĂ© carrera estudiar, quĂ© amigos tener y a quiĂ©nes debes cortar… todo bajo la excusa de que es tu autoridad espiritual impuesta por Dios, guiado aparentemente por su EspĂritu Santo.
Bajo esa excusa, vidas fueron manipuladas, corazones fueron abusados y personas viven una fe manipulada que les hace creer que caminan cerca de un Dios que en realidad está MUY LEJOS DE ESE SISTEMA RELIGIOSO.
Te pongo un ejemplo: Supone tuviste una semana muy cansada, llena de problemas en casa, con tu familia, un hijo enfermo, desempleo, un potencial divorcio, la perdida de un familiar, un jefe despota, una crisis existencia, ansiedad, depresion… un mundo de problemas.
Llegas el domingo, deseando ESCUCHAR la voz de Dios, esa palabra que da paz, calma, esperanza, el evangelio… BUENAS NUEVAS, BUENAS NOTICIAS y de repente te topas con que en la tarima, el altar como lo llaman algunos… se esta celebrando el cumpleaños del pastor, o el logro y triunfo de algun lider y todo el servico esta dedicado a cantarle el feliz cumpleaños, a celebrar su figura como lider, a darle regalos, honra, honores…
Yo me pregunto… de que sirve eso al que ese dia llego necesitado de escuchar EL EVANGELIO? Como esa celebracion le ayudo a alguien? Que le importa al que esta a punto de perder su hogar, al que esta viendo a su hijo morir, al que no tiene comida para llevar a casa, acaso las mañanitas del rey david le van a solucionar esos problemas? para eso hacemos iglesia?
Luego nos quejamos que la gente ya no quiera visitarnos, pero llegaron buscando a Dios y se encontraron con cepillin… que en paz descanse.
¡LA REGAMOS! Creamos sistemas donde el pastor es más honrado que Dios mismo, donde las redes sociales muestran más el rostro del pastor que el de la comunidad; sistemas donde la autoridad está por encima de cualquiera; sistemas donde el Rey ya no es Cristo… el rey, el que manda… es el pastor.
Pero Âżde dĂłnde viene esta absurda idea? ÂżBajo quĂ© fundamento se le dio tanta autoridad y soberanĂa a los pastores? Vayamos a la Escritura…
Si somos rigurosos con el texto bĂblico… el modelo que muchas iglesias defienden hoy no solo es cuestionable… es difĂcil de sostener.
Primero: el término “pastor”.
En el griego del Nuevo Testamento, “poimĂ©n” no describe un cargo institucional como hoy.ďż˝Describe una funciĂłn: cuidar, acompañar, alimentar. No habla de una tarima… habla de una relaciĂłn. Y más fuerte aĂşn: esa palabra casi no se usa para lĂderes humanos. Se usa principalmente para JesĂşs como el “buen pastor”. El modelo pastoral no es para reemplazar a Cristo… es para reflejarlo. Te lo pongo más sencillo… si tu pastor no vive como Cristo viviĂł, no habla como Cristo hablĂł y no hace lo mismo que Cristo hizo… PENSALO…
Y aquĂ entra algo clave desde los evangelios, especialmente en Evangelio de Mateo. JesĂşs es radical cuando habla de liderazgo: “el mayor entre ustedes será su servidor” (Mateo 23), y prohĂbe tĂtulos que generen jerarquĂa espiritual (“no llamen padre… porque uno es su Padre”). Esto no es un detalle menor… es una ruptura directa con sistemas donde una figura se eleva por encima de la comunidad. En Mateo, el liderazgo no se construye desde arriba, sino desde abajo: servicio, humildad y horizontalidad. Cualquier modelo donde uno manda y los demás obedecen sin cuestionar… ya se alejĂł del espĂritu de la palabra de Dios.
Segundo: la estructura de liderazgo.
Cuando uno lee textos como Primera Carta a los Corintios o Carta a los Efesios, el liderazgo nunca aparece como una pirámide con una sola cabeza visible. Aparece como diversidad. ApĂłstoles, profetas, maestros, pastores… pero ninguno como figura dominante. De hecho, en Primera Carta a los Corintios 12, la imagen del cuerpo rompe completamente la idea de centralizaciĂłn: no hay un Ăłrgano que monopolice la vida del cuerpo. Y en el capĂtulo 14… el golpe es más fuerte: la reuniĂłn es participativa.
“Cada uno tiene…”�Cada uno aporta.�Cada uno edifica.
No hay un solo micrĂłfono. No hay un solo protagonista.
Tercero: el problema del YO.
Ya en el siglo I, la comunidad estaba cayendo en esto. “Yo soy de Pablo… yo soy de Apolos…” Y Pablo de Tarso responde casi indignado: ¿Quién es Pablo? ¿Quién es Apolos? Servidores. Nada más. Pero hoy hemos hecho exactamente lo que Pablo corrigió: Creamos lealtades alrededor de nombres. Defendemos pastores como si fueran doctrinas. Medimos la “salud espiritual” de alguien por a quién sigue. Eso no es iglesia…
Cuarto: el contexto histĂłrico.
Las primeras comunidades no tenĂan templos como los nuestros. Se reunĂan en casas. No habĂa escenarios elevados. No habĂa una separaciĂłn tan marcada entre “los que ministran” y “los que reciben”. Ese modelo más horizontal cambia con el tiempo. Especialmente en los siglos II y III, cuando la iglesia empieza a estructurarse más formalmente, influenciada por modelos del Imperio Romano: jerarquĂas, autoridad central, control doctrinal más rĂgido.
Y poco a poco, la figura del obispo (epĂskopos) se vuelve dominante. Pero eso es desarrollo histĂłrico… no mandato original.
O sea… muchas de las estructuras que hoy defendemos como “bĂblicas” en realidad son producto de procesos histĂłricos posteriores. Hemos espiritualizado estructuras que nacieron por necesidad organizativa… y las hemos vendido como voluntad divina.
Y aquĂ vale la pena mirar el trasfondo profĂ©tico, especialmente en el Libro de JeremĂas. Cuando JeremĂas habla de “pastores”, no está describiendo predicadores modernos, sino lĂderes del pueblo (reyes, sacerdotes) que fueron duramente criticados por abusar de su poder (JeremĂas 23). Incluso cuando Dios promete “pastores segĂşn su corazĂłn” (JeremĂas 3:15), el Ă©nfasis no es autoridad ni protagonismo, sino conocimiento y cuidado del pueblo. Y más adelante, en el nuevo pacto (JeremĂas 31), el golpe es aĂşn más fuerte: ya no habrá dependencia de intermediarios, porque todos conocerán a Dios. Es decir… usar JeremĂas para justificar un sistema donde una figura controla la fe de los demás… es ignorar hacia dĂłnde apunta el mismo texto.
Quinto: las consecuencias.
Cuando el pastor se vuelve el centro: La comunidad deja de pensar… y empieza a depender. La fe deja de ser una experiencia colectiva… y se vuelve una recepción pasiva. La autoridad deja de ser servicio… y se convierte en poder. Y lo más peligroso: Se pierde el discernimiento comunitario. Porque ya no se cuestiona. Ya no se dialoga. Ya no se construye en conjunto. Se obedece. Y eso, históricamente, siempre ha sido terreno fértil para abusos.
Honrar a alguien que sirve… es correcto. Pero cuando esa honra se convierte en centralidad… cuando el culto gira alrededor de su voz… cuando su palabra pesa más que la comunidad y que el mismo texto… ya no estamos hablando de liderazgo bĂblico. Estamos hablando de una reinterpretaciĂłn moderna que, aunque suene espiritual… está más cerca de un modelo de poder que de un modelo de servicio.
Cuando el pastor se convierte en el centro del culto… el pastor es el problema… no por ser pastor… sino por quienes lo elevaron a una figura que NUNCA LE PERTENECIÓ.
Que nunca se les olvide esto…
El pastor no es una figura de autoridad soberana, sino un modelo de servicio comunitario. El pastor no es el padre espiritual de ningĂşn creyente, sino el reflejo de Cristo en medio de la comunidad.
Tomado de la red .