19/03/2026
A veces, la vida se siente como navegar en un mar agitado. Las responsabilidades, las decisiones difíciles y las emociones intensas pueden golpearnos con fuerza, haciéndonos sentir que perdemos el control. En esos momentos, es natural preguntarnos quién está realmente al mando.
Cuando permitimos que Dios tome el control absoluto, experimentamos una transformación completa.
Hay una paz que sobrepasa todo entendimiento, una felicidad que no depende de las circunstancias, un propósito que nos da dirección y una plenitud que abarca todas las áreas de nuestro ser. Todo fluye armoniosamente, y crecemos en todos los sentidos, como un barco que navega con seguridad bajo la guía de un capitán experto.
En cambio, cuando insistimos en controlar cada aspecto de nuestra vida, el resultado es inevitable: estrés, estancamiento, problemas y dificultades constantes. Terminamos sintiéndonos perdidas y confundidas, sin rumbo fijo, como un barco sin capitán, a merced de las olas y el viento, destinado al caos.
Así como en un barco el capitán es responsable de la navegación y la seguridad, Dios es responsable de guiarnos y protegernos. Podemos confiar en que Él sabe lo que hace, incluso cuando no entendemos por qué suceden ciertas cosas.
Hoy puedes estar siendo sacudida por una ola pero jamás dejas de estar anclada en la roca.
Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas.
Isaías 43:2 NVI
Con amor.
Pastora Bely de Novoa 🩵🐚⚓️