17/08/2026
Bendita Gracia!
LA GRACIA ME TRAJO HASTA AQUÍ
Efesios 2:8-10
Hay momentos en los que uno mira hacia atrás y se pregunta:
¿Cómo llegué hasta aquí?
Porque conozco mis fuerzas… y sé que no siempre fueron suficientes.
Conozco mis errores… y sé que no siempre hice las cosas bien.
Conozco mis días difíciles, mis tropiezos, mis lágrimas y aquellas ocasiones en las que pensé que ya no podría continuar.
Y entonces entiendo algo:
No tengo mucho de qué presumir, pero sí tengo muchísimo que agradecer.
Pablo dice que somos salvos por gracia, mediante la fe; que esto no procede de nosotros, sino que es regalo de Dios.
La palabra griega que encontramos allí es:
CHÁRIS — χάρις
Gracia, favor, bondad concedida.
Y esto es precioso porque el evangelio comienza quitándonos de las manos cualquier trofeo.
No podemos decir:
“Dios me salvó porque fui suficientemente buena.”
“Porque nunca fallé.”
“Porque hice suficientes obras.”
No.
La salvación no es el salario que Dios nos paga porque nos portamos bien.
Es un regalo que recibimos por gracia mediante la fe.
Por eso la gracia humilla nuestro orgullo, pero al mismo tiempo levanta nuestra esperanza.
Porque si todo dependiera de nuestros méritos, ¿quién podría estar seguro delante de Dios?
Pero dependemos de lo que Cristo hizo.
La gracia no dice que nuestro pecado no importa.
La gracia dice que nuestro pecado era tan serio que necesitábamos un Salvador, y que Dios fue tan misericordioso que nos dio en Cristo lo que nosotros jamás podríamos producir por nosotros mismos.
Por eso cuando digo:
“LA GRACIA ME TRAJO HASTA AQUÍ”
no quiero decir que Dios me evitó cada problema.
No quiero decir que todo lo que me ocurrió fue exactamente como yo quería.
Y tampoco quiero utilizar Efesios 2:8 como una promesa de éxito terrenal.
Quiero decir algo mucho más profundo:
Si hoy pertenezco a Cristo, no es porque yo haya logrado llegar hasta Él por mis propios méritos. Es porque su gracia me alcanzó.
Y después de alcanzarnos…
la gracia también transforma nuestra manera de vivir.
Porque Efesios no termina en el versículo 8.
El versículo 10 dice que somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras.
¡Mira qué equilibrio tan hermoso!
No hacemos buenas obras PARA ser salvos.
Hacemos buenas obras PORQUE hemos sido salvados.
Las obras no son la raíz de nuestra salvación.
Son el fruto de una vida alcanzada por la gracia.
Así que cuando miro hacia atrás, no quiero levantar un monumento a mi capacidad.
Quiero levantar mi gratitud a Dios.
Porque hubo momentos en que fallé y Él me corrigió.
Momentos en que me desvié y su Palabra me llamó nuevamente.
Momentos en que me sentí débil y Él siguió obrando en mí.
Y si todavía estoy caminando con Cristo, tengo que reconocer:
Ha habido gracia en el camino.
Quizá tú también puedes mirar tu historia hoy y decir:
“Señor, ahora entiendo que no todo fue mi fuerza.
No todo fue mi capacidad.
No todo fue porque yo supiera qué hacer.
Tu gracia estuvo presente.”
Pero no olvidemos algo:
La gracia que nos alcanza no nos invita a quedarnos iguales.
Nos lleva a Cristo.
Nos transforma.
Nos enseña a caminar en aquello para lo cual Dios nos creó.
Por eso hoy no solamente digo:
“Gracias, Señor, porque tu gracia me trajo hasta aquí.”
También digo:
“Que tu gracia transforme la manera en que caminaré de aquí en adelante.”
No quiero utilizar la gracia como excusa.
Quiero vivir como alguien que ha entendido cuánto recibió sin poder comprarlo.
Señor, gracias porque mi salvación no descansa en mis méritos, sino en tu gracia recibida mediante la fe. Gracias por Cristo, por tu misericordia y porque no me dejaste donde me encontraste. Quita de mí todo orgullo y hazme vivir agradecida. Que las buenas obras de mi vida nunca sean un intento de comprar tu amor, sino la respuesta de un corazón que ya fue alcanzado por Él. Y cuando mire hacia atrás, que nunca diga: “Mira lo que pude hacer”, sino: “Mira cuánta gracia tuvo Dios conmigo.” Amén.
LA GRACIA ME TRAJO HASTA AQUÍ…
Y QUIERO QUE LA GRACIA DE DIOS SE VEA EN CÓMO CAMINO DE AQUÍ EN ADELANTE.