21/09/2025
Hermanos, la misión no es un encargo para unos pocos, sino el llamado que Cristo nos dejó a todos: “Vayan y hagan discípulos a todas las naciones” (Mt 28,19). Ser misioneros no significa solo viajar lejos, sino llevar a Cristo al hermano cercano, en la familia, en el trabajo y en la comunidad. La Iglesia vive para evangelizar, y si dejamos de anunciar, dejamos de ser lo que Cristo quiso de nosotros. El Espíritu Santo, desde Pentecostés, sigue impulsando a cada bautizado a ser testigo del amor de Dios (Hch 1,8). La misión se hace con palabras, pero sobre todo con la vida: en la caridad, la paciencia, el perdón y la solidaridad. Sigamos el ejemplo de María, la primera misionera, que llevó a Jesús en su vientre a la casa de Isabel, y el de San Pablo, que no descansó hasta que Cristo fuera conocido. Hoy el Señor nos dice: “No tengan miedo, yo estoy con ustedes” (Mt 28,20). Confiemos en su promesa y caminemos como Iglesia misionera, sembrando fe y esperanza en cada corazón.