21/05/2026
*LA NECESIDAD DE PERDÓN*
“*que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación*” Éx. 34:7
Este texto forma parte de la proclama que hizo el Señor cuando pasó delante de Moisés, en el monte Sinaí. Él es: “*Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad*” Éx. 34:6 Su amor es tan fiel que se extiende a mil generaciones. Si tomamos como promedio para el ser humano cincuenta años de vida, este amor se extiende por *¡50.000 años!*
Su amor, no obstante, está ligado a su justicia y santidad. Por esto no podía pasar por alto al culpable, a menos que se hiciera una expiación por su pecado. Esto requería que los sacerdotes ofrecieran sacrificios continuos, hasta que Jesús: “*que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo*” Heb. 7:27
Nuestro texto menciona tres clases de mal que Dios perdona: la *iniquidad*, la *rebelión* y el *pecado*. La palabra que se usa para “*pecado*” proviene de la acción de disparar una flecha. El sentido es el de “*no dar en el blanco*”, pero incluye aquellos disparos que no poseen suficiente fuerza como para alcanzar el blanco. Es el concepto que tiene en mente el libro de Hebreos cuando escribe: “*Temamos, pues, no sea que, permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado*” Heb. 4:1 Pecado, entonces se refiere a un esfuerzo que no da con la talla de lo esperado.
Un ejemplo sería la mentira de Ananías y Safira. La rebelión, que algunas versiones llaman “*transgresión*”, se refiere a la violación de un principio establecido. Es una acción que traspasa los límites que Dios ha establecido para sus hijos, tal como ocurrió con Adán y Eva cuando tomaron el fruto que se les había prohibido, o con Saúl cuando perdonó al rey que se le había ordenado matar.
La raíz de la palabra “*iniquidad*” es algo que está torcido o deformado. Se refiere a aquellas desfiguraciones que resultaron de la Caída; como el *egoísmo*, que es común a todos los seres humanos. Es a esta tercera categoría que el Señor hace referencia cuando dice que los pecados de los padres se extienden sobre los hijos y los nietos. La deformación en la personalidad que lleva a una persona al alcoholismo se transmite a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, si Dios no interviene y rompe esa cadena de maldiciones.
Cuando meditamos en las diferentes manifestaciones del pecado en nuestra vida podemos entender por qué necesitamos tan desesperadamente la *MISERICORDIA* de Dios. No existen aspectos de nuestra persona que se hayan mantenido al margen de la ruina que trajo la Caída.
*Señor, ahora entiendo por qué tu Palabra dice que no hay uno bueno, ni uno solo. Todos arrastramos las consecuencias del pecado en nuestro ser. Todos necesitamos a diario de tu inmensa misericordia y tu increíble bondad. ¡Qué no se aparten nunca de nuestra vida, oh Dios!*