Teshuvah
“Arrepentimiento” quiere decir lamento o contrición por nuestros pecados u omisiones de buenas acciones; y el acuerdo de volver a empezar. Muchas frases hechas marcan este concepto: “Pasar a una nueva página, “ser un hombre nuevo”.
“Teshuvá” quiere decir algo muy diferente. El ser humano es intrínsecamente bueno y quiere hacer el bien, el pecado es la antítesis de su naturaleza. Si tra
nsgrede, la transgresión no impugna su esencia, sino que es un objeto extraño que se le ha adherido. La Teshuvá es, entonces, el regreso a nuestra esencia, al verdadero ser judío. Mientras que la persona es un compuesto de cuerpo y alma, para el judaísmo, el alma es algo principal y el cuerpo, algo secundario; y el alma no es menos que “una parte de Dios”. La Teshuvá es, entonces, el refuerzo de esa unión esencial entre el alma y su fuente, una unión que ha sido provisoriamente abyecta por el pecado. En otras palabras, el judío, por medio de la Teshuvá, revela su verdadero ser y reafirma el reino del alma por sobre el cuerpo. Por eso es que la Teshuvá es relevante para todos los judíos, aún para los más justos. Teshuvá no es sólo “arrepentimiento”, el deseo de expiar lo que hicimos mal y comenzar de nuevo, porque eso no se aplicaría a los más virtuosos, que no hacen el mal. En vez de eso, el Gran Rabino escribe que la Teshuvá es el concepto de “que espíritu que retornará a Dios, de donde emana”: el alma continuamente anhela acercarse más a Dios, su Fuente. Y como Dios es infinito, entonces, aún el judío más justo, un tzadik, puede elevarse más y más en la comprensión de la Divinidad. La Teshuvá también es relevante, incluso, para un total malvado. No importa qué tan bajo haya caído, la esperanza nunca está perdida. Siempre puede hacer Teshuvá, sólo necesita mirar hacia su interior. Y está formando verdaderos padres espirituales, capaces de dejar un legado espiritual de bendición a las próximas generaciones.