18/06/2026
“Los ministerios no son eternos; por eso debemos preocuparnos por preparar a quien tome nuestro lugar. Aparta el ego de tu corazón.”
Una de las mayores muestras de madurez espiritual no es cuánto tiempo permanecemos en una posición, sino cuánto invertimos en levantar a otros.
En la Biblia vemos que Moisés preparó a Josué, Elías formó a Eliseo, y Pablo invirtió su vida en Timoteo. Ellos entendieron que la obra de Dios es más grande que una persona.
El ego nos hace pensar que somos indispensables, pero la humildad nos recuerda que solo Cristo es insustituible. Un líder sabio no construye un reino alrededor de sí mismo; construye discípulos que continúen la misión cuando él ya no esté.
“Y lo que has oído de mí… esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” (2 Timoteo 2:2)
Que nuestro anhelo no sea ocupar un lugar para siempre, sino dejar una generación preparada para seguir sirviendo a Dios con fidelidad. El verdadero legado no es el cargo que ocupamos, sino las vidas que formamos.