30/04/2025
Un café con Jesús después del turno
Anoche, mientras terminaba de limpiar la cocina tras un largo día de trabajo, me senté en silencio café calientito que me acababa de hacer mi esposa (osea único ☕️)
Las ollas brillaban, el aroma de especias aún flotaba en el aire… pero mi corazón estaba lleno de preguntas. Cerraste los ojos y dije en voz baja:
—Señor, ¿por qué yo? ¿Por qué me llamaste a ser pastor… y también chef empresario? ¿No son caminos muy distintos?
En ese instante, sentí Su presencia envolver el lugar como un suave viento cálido.
Jesús estaba allí, no con ropas de rey, sino con manos que conocían el trabajo duro. Se sentó a mi lado, sonriendo.
—No son caminos distintos —dijo—. Son ingredientes del propósito que he puesto en ti. Te llamé a pastorear porque conozco tu corazón, porque sabes escuchar, consolar, guiar.
Y te puse entre sartenes,woks y recetas, porque allí también alimentas almas. Cada plato que preparas, cada persona que empleas, cada consejo que das desde esa cocina… es parte de Mi obra.
—Pero, Señor —respondí con voz temblorosa—, hay días en que me siento abrumado. No sé si puedo con tanto. ¿Y si no soy suficiente para este llamado doble?
Jesús me miró con paciencia, como quien conoce profundamente la lucha de un corazón dispuesto.
—Tú no fuiste escogido por tu fuerza, sino por tu obediencia. Yo puse fuego en tus manos para cocinar y fuego en tu espíritu para predicar.
No se trata de dividirte entre dos mundos, sino de unificar todo lo que eres para servirme con lo que tienes. En la cocina y en el ministerio … tú me representas.
Me quedé en silencio, y por primera vez en mucho tiempo, no sentí la presión de tener que hacerlo todo bien. Sentí paz. Porque entendí que no eras yo haciendo todo… era Él haciéndolo a través de ti.