31/05/2026
"La solemnidad de la Santísima Trinidad nos introduce precisamente en este misterio. No celebramos una teoría sobre Dios. Celebramos la vida misma de Dios. Un Dios que es comunión. Un Dios que es relación. Un Dios que es amor que circula eternamente entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y lo más asombroso es que ese amor no permanece encerrado en sí mismo.
La Trinidad abre espacio. La Trinidad invita. La Trinidad acoge. Como en el famoso icono de Rublev, hay un lugar vacío en la mesa. Ese lugar está reservado para cada uno de nosotros. La vida espiritual consiste, en el fondo, en atrevernos a sentarnos allí. No porque lo merezcamos. No porque lo hayamos logrado. No porque hayamos llegado a la perfección. Sino porque hemos sido invitados.
San Pablo lo expresa bellamente al despedirse de la comunidad de Corinto: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.” No dice: estén con los mejores. No dice: estén con los que nunca fallan. Dice: estén con todos ustedes. Porque la Trinidad no es una recompensa para los perfectos. Es el hogar ofrecido a los hijos. Y quizás esta sea la buena noticia que necesitamos escuchar hoy: Dios no está esperando que lleguemos a Él para comenzar a amarnos. Ya nos ama. No está esperando que resolvamos todas nuestras dudas para acogernos. Ya nos acoge.
No está esperando que seamos fuertes para sostenernos. Ya nos sostiene. A veces sentimos que estamos en proceso de búsqueda. Y es verdad. Pero también es verdad que, mientras buscamos a Dios, descubrimos lentamente que Dios nos estaba buscando desde siempre. Por eso la pregunta final de esta celebración no es si entendimos el misterio de la Trinidad. La pregunta es más sencilla y más profunda: ¿Me permito hoy descansar en el amor de un Dios que nunca ha dejado de buscarme? ¿Me permito creer que puedo alejarme de Él, pero que jamás podré impedir que Él me ame?
Porque al final de toda búsqueda espiritual nos espera siempre la misma revelación: Un Dios compasivo. Un Dios misericordioso. Un Dios lento a la ira. Un Dios rico en amor. Un Dios que sigue pronunciando nuestro nombre y guardándonos un lugar en su mesa. “
Podemos alejarnos de Dios, pero no podemos impedir que Él nos ame. Podemos perdernos, pero no podemos borrar nuestro nombre de la mesa que la Trinidad ha preparado para nosotros.” (FCR)