Comunidad Católica Universitaria Tumbes

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⚜️«Venía Cristo a enseñarnos y  para esto hacía y padecía todo. Por esto quiso ser llevado allá y entrar  en esta batall...
26/02/2026

⚜️«Venía Cristo a enseñarnos y para esto hacía y padecía todo. Por esto quiso ser llevado allá y entrar en esta batalla con el demonio, para que cada uno de los bautizados, si tras del bautismo padece mayores tentaciones, no se perturbe, como si experimentara lo inesperado; sino que permanezca firme en padecer, pues todo le sucede conforme al recto orden de las cosas. Para esto tomaste las armas; no para estarte ocioso, sino para combatir»

- San Juan Crisóstomo

¡Se acerca la gran fiesta!¡San Juan Bosco, ruega por nosotros!
29/01/2026

¡Se acerca la gran fiesta!

¡San Juan Bosco, ruega por nosotros!

Novena a Don Bosco: segundo día.¡Oh Don Bosco Santo! Por el amor ternísimo que tuviste a María Auxiliadora, vuestra Madr...
23/01/2026

Novena a Don Bosco: segundo día.

¡Oh Don Bosco Santo! Por el amor ternísimo que tuviste a María Auxiliadora, vuestra Madre y Maestra; alcánzanos una verdadera y constante devoción a tan dulcísima Madre, a fin de que, como hijos suyos devotísimos, podamos merecer su valioso patrocinio en esta vida y de un modo especial en la hora de nuestra muerte.

Oración para obtener una gracia:

Oh Don Bosco Santo, cuando estabas en esta tierra no había nadie que acudiendo a ti, no fuera, por ti mismo, benignamente recibido, consolado y ayudado. Ahora en el cielo, donde la caridad se perfecciona ¡cuánto debe arder tu gran corazón en amor hacia los necesitados! Mira, pues, mis presentes necesidades y ayúdame obteniéndome del Señor…

(Pedir la gracia que se desea)

También tú has experimentado durante la vida las privaciones, las enfermedades, las contradicciones, la incertidumbre del porvenir, las ingratitudes, las afrentas, las calumnias, las persecuciones y sabes qué cosa es sufrir.

Por eso, oh Don Bosco Santo, vuelve hacia mí tu bondadosa mirada y obtenme del Señor cuanto te pido, si es ventajoso para mi alma; o si no, alcánzame alguna otra gracia que me sea aún más útil, y una conformidad filial a la divina voluntad en todas las cosas, al mismo tiempo que una vida virtuosa y una santa muerte. Amén.

¡San Juan Bosco, ruega por nosotros!

Novena a Don Bosco: Día Primero.¡Oh Don Bosco Santo! Por el amor ardiente que tuviste a Jesús Sacramentado y por el celo...
22/01/2026

Novena a Don Bosco: Día Primero.

¡Oh Don Bosco Santo! Por el amor ardiente que tuviste a Jesús Sacramentado y por el celo con que propagaste su culto, sobre todo con la asistencia a la Santa Misa, con la Comunión frecuente y con la visita cotidiana; alcánzanos la gracia de crecer cada vez más en el amor y práctica de tan santas devociones, y de terminar nuestros días fortalecidos y confortados por el celestial alimento de la Divina Eucaristía. Amén.

Oración para obtener una gracia

Oh Don Bosco Santo, cuando estabas en esta tierra no había nadie que acudiendo a ti, no fuera, por ti mismo, benignamente recibido, consolado y ayudado. Ahora en el cielo, donde la caridad se perfecciona ¡cuánto debe arder tu gran corazón en amor hacia los necesitados! Mira, pues, mis presentes necesidades y ayúdame obteniéndome del Señor…

(Pedir la gracia que se desea)

También tú has experimentado durante la vida las privaciones, las enfermedades, las contradicciones, la incertidumbre del porvenir, las ingratitudes, las afrentas, las calumnias, las persecuciones y sabes qué cosa es sufrir.

Por eso, oh Don Bosco Santo, vuelve hacia mí tu bondadosa mirada y obtenme del Señor cuanto te pido, si es ventajoso para mi alma; o si no, alcánzame alguna otra gracia que me sea aún más útil, y una conformidad filial a la divina voluntad en todas las cosas, al mismo tiempo que una vida virtuosa y una santa muerte. Amén.

¡San Juan Bosco, ruega por nosotros!

22/01/2026
Un mes con Don Bosco – Día 21: “Las caras negras de los pequeños limpiachimeneas”En la plaza de San Carlos y delante de ...
22/01/2026

Un mes con Don Bosco – Día 21: “Las caras negras de los pequeños limpiachimeneas”

En la plaza de San Carlos y delante de la catedral, Don Bosco encontró las caras de pequeños limpiachimeneas. Hablando con ellos (los limpiachimeneas tenían mucho respeto a los sacerdotes), pudo conocer su historia. Dijo: .

Cuando en los valles de Lanzo, de Aosta, de Saboya, del Cantón Ticino, comenzaba la estación invernal, el pan escaseaba. Entonces los padres acompañaban a sus hijos a un adulto, jefe de los limpiachimeneas, escogido por su honradez y experiencia. Él los acompañaría en carros tirados por mulos, a Francia, a Suiza o al Piamonte. En los pueblos y en las ciudades las chimeneas comenzarían pronto a calentar las casas (entonces no existían los radiadores, y las casas se calentaban quemando leña o carbón en las chimeneas). Para que el funcionamiento de las chimeneas fuese bueno hacía falta limpiarlas del hollín acumulado el año anterior.

Después de seis o siete meses de trabajo, el jefe de los limpiachimeneas tenía que acompañar a los muchachos entregando por cada uno a sus padres 25-30 liras (un obrero, en aquellos tiempos, ganaba 1-2 liras al día). Durante el trabajo, el jefe de los limpiachimeneas se comprometía a procurar un kilo de pan cada día a cada muchacho. Menestra y carne tenían que pedirla como limosna en las casas donde raspaban las chimeneas.

La madre hacía tres recomendaciones al jefe limpiachimeneas: hacerle decir una oración por la mañana y por la noche, no dejarle caer en el vicio de fumar, y estar atentos para que no fuera atropellado por los carros.

Cada jefe limpiachimeneas tenía una zona propia, subdividida en barrios. Cada barrio estaba servido por un jovencito de quince a dieciocho años, ya suficientemente desarrollado para trepar por la campana de la chimenea. Vigilaba un equipo de pequeños limpiachimeneas de siete a diez años. El limpiachimeneas pequeño y débil tenía que hacer el trabajo más duro: trepaba por el interior de la chimenea sirviéndose de las manos, de los codos, de las rodillas y de los pies. Subiendo, con una pequeña escofina desconchaba el hollín agrumado en las paredes. Durante un día de trabajo, un pequeño limpiachimeneas era capaz de limpiar hasta quince chimeneas.

El jefe limpiachimeneas alquilaba un salón o un desván, donde los limpiachimeneas dormían sobre paja y pasaban los días cuando tenían fiebre. Porque aquel trabajo obstruía los pulmones de los pequeños, producía bronquitis, pulmonías, tuberculosis. Y cuando un pequeño resbalaba y se caía de la chimenea, podía hacerse mucho daño. Todos los años había que contar con la muerte de alguno.

Los limpiachimeneas más pequeños, no conociendo el dialecto turinés y siendo esmirriados, corrían a veces el peligro de ser robados y golpeados por los otros muchachos obreros.
Desde el día de su primer encuentro, Don Bosco prestó una atención especial por los jóvenes limpiachimeneas.

El domingo, a buscar a Don Bosco, llega Bartolomé con sus amigos albañiles, llegan los limpiachimeneas de cara negruzca. Hace frío. Después de la Misa y del desayuno, Don Bosco los reúne en una capillita, enciende las luces, y les cuenta algún episodio bonito y luego les hace juegos de prestigio.

Comienza así la vida del primer Oratorio. El grupo de los pequeños obreros amigos de Don Bosco aumenta cada domingo. Llega también el primer muchacho salido de la cárcel. A él Don Bosco no le da sólo la Misa, el desayuno y la diversión; sino que, además, le procura un buen puesto de trabajo, garantizando ante el patrono su buena conducta. Si hace sol, salen de la capillita al patio, e intentan las primeras, tímidas, carreras. Pero la mayoría se cansa y se sienta para descansar de la larga y fatigosa semana (¡hasta 14 horas de trabajo al día!). es el descanso más deseado de los primeros muchachos de Don Bosco; se sienta también él, habla con ellos de la familia lejana, del trabajo.

Alguno se lamenta del patrono, de las condiciones en que debe trabajar. . De esta manera se convierte en una ocupación fija para Don Bosco, durante la semana, el tratar de mejorar las condiciones de sus muchachos obreros, y buscar una ocupación para quien estuviera en el paro.

Oración:

Oh Padre y maestro de la juventud, San Juan Bosco, que tanto trabajaste por la salvación de las almas, sé nuestro guía en buscar nuestra salvación y la salvación del prójimo. Ayúdanos a vencer las pasiones y cuidar el respeto humano. Enséñanos a amar a Jesús Sacramentado, a María Santísima Auxiliadora y a la Iglesia. Alcánzanos de Dios una santa muerte para que podamos encontrarnos juntos en el cielo. Amén.

¡San Juan Bosco, ruega por nosotros!

Un mes con Don Bosco – Día 20: “Muchachos en la cárcel”Mientras espera la vuelta de Bartolomé y la llegada de sus amigos...
20/01/2026

Un mes con Don Bosco – Día 20: “Muchachos en la cárcel”

Mientras espera la vuelta de Bartolomé y la llegada de sus amigos, Don Bosco continúa la ciudad. En el mercado de Puerta Palazzo se ve rodeado de muchachitos insistentes, decididos:
-¿Quiere comprar algo, señor cura? Conozco a todos los comerciantes. Usted diga qué quiere y le serviré a un buen precio.
-¿Quiere que le limpie los zapatos? Aquí tiene un amigo que por dos perras se los dejará brillando.

Don Bosco se acerca a un grupito aparte:
-¿Qué hacéis aquí?
-Esperamos a alguien que nos acepte todo el día.
-¿Y si nadie os llama?
-Esperaremos aún. No podemos hacer otra cosa que esperar.

Mientras Don Bosco se interesa por un pequeño grupo, no muy lejos algunos jóvenes intentan un robo en el puesto de un vendedor. Se forma un guirigay: persecuciones, gritos; acuden algunos guardias que silban enérgicamente atrayendo la atención de otros, situados en su alrededor. Un joven, con lo robado aún entre las manos, es detenido, golpeado, arrestado. Lo llevan fuera con las esposas en las muñecas.

Don Bosco mira impresionado. Pregunta a algunos muchachos que han seguido con él la escena:
-¿Y ahora que le harán?
-Lo llevan a la cárcel. Siempre pasa lo mismo si uno no sabe esperar y se deja llevar por el hambre…

Aquella noche, Don Bosco cuenta emocionado a don Cafasso lo que ha visto.
-Tendrá trece años como mucho. ¡Y lo han llevado a la cárcel!
-Hasta ahora conocías sólo la pobreza de los campos. Ahora conoces la miseria de la ciudad. En nuestras colinas, si un muchacho robaba por hambre, tal vez le gritaban. Aquí lo meten en la cárcel, no hay compasión con ninguno. Mañana iremos a encontrarlo, a ese muchacho. Le han llevado ciertamente a la cárcel junto a la iglesia de los Santos Mártires. Pero ármate de valor; porque verás a bastantes.

El día después van a la cárcel. En salones colectivos están amontonados hombres y muchachos. Don Bosco se siente profundamente turbado en aquellos corredores oscuros, con las paredes húmedas, viendo el aspecto triste y escuálido de los detenidos. Siente horror y también la sensación de sofoco. Hay un gran número de . Encuentra, asustado y descompuesto, al muchacho que había intentado robar en Puerta Palazzo. Habla con él, con los demás, superando su desconfianza. Así llega a conocer sus tristes historias, su envilecimiento. El más común es que han robado. Por el hambre, siempre por el hambre.

Se informa de sus condiciones. Son alimentados con pan negro y agua. Deben obedecer por fuerza a los carceleros, que tienen miedo y por eso pegan por el más mínimo pretexto. Lo peor es que los adultos sinvergüenzas, a veces verdaderos delincuentes, en aquellos salones se convierten en . Al salir, Don Bosco ha tomado una decisión inquebrantable: . Volverá más veces a las cárceles. Se hará amigo, uno por uno, de aquellos muchachos desgraciados. Y obtendrá de cada uno una promesa: .

Oración:

Oh Padre y maestro de la juventud, San Juan Bosco, que tanto trabajaste por la salvación de las almas, sé nuestro guía en buscar nuestra salvación y la salvación del prójimo. Ayúdanos a vencer las pasiones y cuidar el respeto humano. Enséñanos a amar a Jesús Sacramentado, a María Santísima Auxiliadora y a la Iglesia. Alcánzanos de Dios una santa muerte para que podamos encontrarnos juntos en el cielo. Amén.

¡San Juan Bosco, ruega por nosotros!

Un mes con Don Bosco – Día 19: “El comienzo de los pequeños albañiles”Mañana del 8 de diciembre de 1841, fiesta de la In...
19/01/2026

Un mes con Don Bosco – Día 19: “El comienzo de los pequeños albañiles”

Mañana del 8 de diciembre de 1841, fiesta de la Inmaculada. Don Bosco llevaba ya 35 días en Turín. Cuenta él mismo:


Don Bosco se arrodilla y reza una Avemaría. Luego hace la señal de la cruz , pero se da cuenta de que Bartolomé hace un gesto que recuerda vagamente la señal de la cruz. Entonces, con dulzura, le enseña a hacerla bien. Y le explica en dialecto (¡los dos son de Asti!) por qué llamamos a Dios. Al final le dice:
-Querría que vinieses también el domingo próximo.
-Con gusto
-Pero no vengas solo. Trae contigo a tus amigos.

Bartolomé, albañilito de Asti, es el primer embajador de Don Bosco entre los jóvenes obreros del barrio. Cuenta su encuentro con el sacerdote simpático , y comunica su invitación.

Oración:

Oh Padre y maestro de la juventud, San Juan Bosco, que tanto trabajaste por la salvación de las almas, sé nuestro guía en buscar nuestra salvación y la salvación del prójimo. Ayúdanos a vencer las pasiones y cuidar el respeto humano. Enséñanos a amar a Jesús Sacramentado, a María Santísima Auxiliadora y a la Iglesia. Alcánzanos de Dios una santa muerte para que podamos encontrarnos juntos en el cielo. Amén.

¡San Juan Bosco, ruega por nosotros!

Un mes con Don Bosco – Día 18: “Un sacerdote por las calles”5 de junio de 1841. El arzobispo de Turín extiende las manos...
18/01/2026

Un mes con Don Bosco – Día 18: “Un sacerdote por las calles”

5 de junio de 1841. El arzobispo de Turín extiende las manos sobre la frente de Juan Bosco arrodillado a sus pies. Invoca al Espíritu Santo para que venga y lo consagre para siempre. Cuando se levanta, ya es sacerdote, es Don Bosco.

Su primera Misa la celebra en el altar del Ángel de la Guarda. Declara así que quiere llegar a ser un ángel que custiodiará, ayudará dará fuerza a todos los muchachos que encuentre. La segunda Misa la celebra en el altar de la Virgen en el gran santuario de Turín llamado . Alzando los ojos, ve a la que le llamó a los nueve años y que le ha ido conduciendo hasta aquí.

El jueves es la fiesta del Cuerpo del Señor: Don Bosco dice su primera Misa en Castelnuovo. Luego va a su casa de Los Becchi. Don Bosco, veintiséis años, está en el patio delante de su pobrisima casita. A su lado está Mamá Margarita, cincuenta y tres años. A su alrededor está el campo verde que le ha visto crecer, jugar, recorrer sus senderos en busca de nidos, o con los libros bajo el brazo yendo a la escuela. Lento, como todos los diálogos de los campesinos, se desarrolla el diálogo entre Don Bosco y su madre:
-Ya eres sacerdote. ¿Qué piensas hacer?
-Yo creo, mamá, que los muchachos desbandados vistos en el sueño no están entre estas colinas, sino que me esperan en la ciudad. Iré a Turín a trabajar como sacerdote.
-La ciudad puede ser difícil también para ti. Puede desbandarse un muchacho, pero puede desbandarse también un sacerdote joven. Ve a aconsejarte con don Cafasso. Siempre te ha dado buenos consejos.

Don Cafasso lo escucha. Luego le dice con calma:

-Tu sitio es Turín. Ven a vivir aquí, en el Colegio Eclesiástico. Y mientras tanto, vas por la ciudad, mira a tu alrededor. Dios te dirá lo que quiere de ti.

En el colegio, al lado de la iglesia de San Francisco de Asís, viven 45 sacerdotes jóvenes, que se preparan durante dos años a ser apóstoles en la ciudad de Turín. Desde los primeros días, Don Bosco va por la ciudad. Quiere hacerse una idea de los jóvenes. Queda desconcertado. Las periferias, los suburbios, son zonas de explotaciones y de miseria. Adolescentes vagabundean desocupados por las calles, pendencieros, blasfemos, dispuestos a intentar cualquier aventura para abrirse camino en la vida.

Al lado del mercado general de la ciudad, descubre un verdadero : en una zona de Puerta Palazzo encuentra un hervidero de

Oración:

Oh Padre y maestro de la juventud, San Juan Bosco, que tanto trabajaste por la salvación de las almas, sé nuestro guía en buscar nuestra salvación y la salvación del prójimo. Ayúdanos a vencer las pasiones y cuidar el respeto humano. Enséñanos a amar a Jesús Sacramentado, a María Santísima Auxiliadora y a la Iglesia. Alcánzanos de Dios una santa muerte para que podamos encontrarnos juntos en el cielo. Amén.

¡San Juan Bosco, ruega por nosotros!

Un mes con Don Bosco – Día 17: “Vida dura en el Seminario”El 30 de octubre de 1835 Juan, que tiene veinte años y ha vest...
18/01/2026

Un mes con Don Bosco – Día 17: “Vida dura en el Seminario”

El 30 de octubre de 1835 Juan, que tiene veinte años y ha vestido el hábito de los clérigos que desean ser sacerdotes, debe entrar en el Seminario de Chieri. La víspera de la partida, su madre le dice estas palabras:


Un saludo alegre desde lo alto de un muro

Juan había caminado mucho por las colinas de su tierra, había trepado a los árboles para observar un nido de pájaros o para ganar a un saltimbanqui, había respirado a plenos pulmones el aire libre durante veinte años. Sintió un vuelco en el corazón cuando se vio encerrado entre las cuatro paredes austeras del Seminario: un cuadrado severo, como una fortaleza rodeada de muros donde habría debido vivir seis años.

Estaba a su lado el amigo Garigliano, también él socio sereno y bullicioso de la >.

Oración:

Oh Padre y maestro de la juventud, San Juan Bosco, que tanto trabajaste por la salvación de las almas, sé nuestro guía en buscar nuestra salvación y la salvación del prójimo. Ayúdanos a vencer las pasiones y cuidar el respeto humano. Enséñanos a amar a Jesús Sacramentado, a María Santísima Auxiliadora y a la Iglesia. Alcánzanos de Dios una santa muerte para que podamos encontrarnos juntos en el cielo. Amén.

¡San Juan Bosco, ruega por nosotros!

Un mes con Don Bosco – Día 16: “Las manzanas de José Blanchard”Los compañeros veían que Juan sufría muchas veces hambre....
16/01/2026

Un mes con Don Bosco – Día 16: “Las manzanas de José Blanchard”

Los compañeros veían que Juan sufría muchas veces hambre. A un amigo suyo, José Blanchard, le daba pena. Y puesto que su madre era vendedora de fruta y verdura en el mercado, iba muchas veces a su puesto y, a escondidas, se llenaba los bolsillos de manzanas y castañas. La madre de José no era una ingenua. Veía y hacía como si no viera nada.

Un día el hermano de José, Leandro, dijo enfadado a su madre:
-¿Cuándo darás una buena lección a José? Te coge la fruta delante de tus narices y tú no te das cuenta de nada. Si hubiera cinco o seis que hicieran lo mismo, ¡buenas ganancias sacaríamos del mercado!
-No hay cinco o seis; es sólo José – respondió tranquila la mujer- Yo apruebo con gusto sus maniobras. Sé que lo hace para dar de comer a Juan Bosco. Y estoy contenta de que lo haga. Juan es buen muchacho y el hambre a su edad es un problema que puede hacer malos a muchos.

Juan aceptaba aquella fruta como una bendición del cielo. La devoraba. Luego decía:
-Gracias, José. Tú das de comer a un hambriento, y Dios te recompensará. Pero también yo espero poder recompensártelo algún día.

Un viejecito con un plato en la mano

Ya anciano, volviendo un día a Chieri, Don Bosco vio a José Blanchard, su amigo. También Blanchard era un viejecito. Iba despacio por la calle llevando en la mano un plato de menestra y una botella de vino. Don Bosco estaba hablando con un grupo de sacerdotes. Los dejó de golpe y fue contento al encuentro con aquel viejecito.
-¡Querido Blanchard! ¡Qué alegría volver a verte! ¿Cómo estás?
-Bien, bien señor caballero -respondió impactado tratando de seguir su camino.

La cara de Don Bosco se puso triste:
-¿Por qué me llamas ? ¿Ya no eres mi amigo? Yo soy el pobre Don Bosco, siempre pobre como cuando tú me quitabas el hambre.

Se volvió a los sacerdotes que se habían acercado:
-Señores, este es uno de los primeros bienhechores de Don Bosco. Yo era un pobre estudiante que sufría hambre; y él compartía su comida conmigo. No tenía miedo de coger la fruta de su madre para quitarme el hambre. Y su madre, que lo veía todo, cerraba los dos ojos y le dejaba hacer. Una gran madre y un buen hijo.

Luego se dirigió a Blanchard azoradísimo con su plato y su botella:
-Quiero que todos lo sepan. Porque tú hiciste todo lo que podías por mí. Cada vez que vayas a Turín, ven a encontrarme en Valdocco. Debes venir a comer conmigo, aunque tal vez el hambre no te la quitarás toda en mi pobre mesa.

En 1886, José Blanchard supo que Don Bosco estaba enfermo y fue a Turín a visitarlo. Subió a su habitación, pero el secretario don Viglietti, que vigilaba delante de la puerta, no quería dejarlo entrar.
-Don Bosco está muy mal y descansa. No puede recibir a nadie.

El viejecito dio vueltas al sombrero en las manos. Le disgustaba que Don Bosco estuviera mal, pero le dolía también haber hecho un camino tan largo para nada. Dijo al secretario:
-Le diga que está Blanchard. Verá que me recibirá.

No hizo falta que don Biglietti entrara. A la otra parte de la puerta, Don Bosco había reconocido la voz. Se había levantado de la cama con dificultad y estaba yendo a su encuentro. Le echó los brazos al cuello, le hizo entrar y sentar a su lado.
-Bien, Blanchard, te has acordado del pobre Don Bosco, ¿Cómo va tu salud, cómo va tu familia?

Hablaron mucho tiempo, del presente lleno de achaques para los dos, del pasado cuando eran fuertes y desafiaban a los charlatanes en las calles de Chieri.
-¡Eras un cañón, Juan, un cañón!
-Ahora los cañones de aquellos tiempos los ponen en los museos, querido Blanchard. Somos viejos los dos y debemos pensar en el desahucio que pronto nos darán. Menos mal que del Paraíso nadie os desahuciará.

Había llegado la hora de la comida. Don Bosco se excusó:
-Como ves, Blanchard, mis piernas están hinchadas como dos troncos de árbol. Ya no son capaces de subir escaleras. No puedo bajar para comer contigo. Pero quiero que tú comas en medio de mis salesianos.

Llamó a Don Viglietti:
-Harás que este mi querido amigo coma en mi sitio, entre los salesianos. Rezaré por ti, Blanchard, y tú no te olvides de tu pobre Don Bosco.

Confundido, el viejecito comió aquel día rodeado de los superiores de la Congregación. Y contó su amistad con Juan en Chieri, sus desafíos al saltimbanqui, los días fabulosos de la . .

Oración:

Oh Padre y maestro de la juventud, San Juan Bosco, que tanto trabajaste por la salvación de las almas, sé nuestro guía en buscar nuestra salvación y la salvación del prójimo. Ayúdanos a vencer las pasiones y cuidar el respeto humano. Enséñanos a amar a Jesús Sacramentado, a María Santísima Auxiliadora y a la Iglesia. Alcánzanos de Dios una santa muerte para que podamos encontrarnos juntos en el cielo. Amén.

¡San Juan Bosco, ruega por nosotros!

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