13/08/2026
🌿 Reflexión del Evangelio
📖 Mateo 18, 21–19, 1
Jesús nos invita hoy a descubrir que el perdón no tiene límites. Pedro pregunta cuántas veces debe perdonar, y Jesús responde: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».
La parábola nos recuerda que nosotros también hemos recibido muchas veces el perdón y la misericordia de Dios. Por eso, no podemos pedir misericordia para nosotros y negarla a los demás.
Perdonar no significa decir que lo que nos hicieron estuvo bien ni olvidar lo sucedido. Significa liberar el corazón del rencor y dejar que Dios sane nuestras heridas. Cuando perdonamos, no solo liberamos al otro; también encontramos paz en nuestro propio corazón.
Hoy preguntémonos: ¿Hay alguien a quien todavía me cuesta perdonar? Pongamos esa persona y nuestro dolor en las manos de Jesús.
🙏 Señor, Tú que nos perdonas con tanta misericordia, danos un corazón capaz de perdonar de verdad, sanar las heridas y construir la paz. Amén.
Lectura del santo evangelio según san Mateo
Mateo 18, 21–19, 1
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.
Entonces Jesús les dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron, le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.
Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contarle al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’ Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano’’.
Cuando Jesús terminó de hablar, salió de Galilea y fue a la región de Judea que queda al otro lado del Jordán.