17/04/2025
REFLEXION MIERCOLES SANTO
Retomando la Introducción decíamos que debemos despojarnos de algunas cosas
que nos distraen de lo esencial. Basta con mirar las noticias para encontrar
personas desubicadas; no les basta con darse cuenta de la gravedad de la
situación en la que vivimos, la austeridad y el hambre que muchas familias
colombianas están afrontando durante este tiempo de aislamiento, la cantidad de
enfermos que mueren solos y sin embargo, hay quien tiene tiempo para pensar
solo en seguir robando, seguir dañando la vida de otros, seguir fomentando
violencia y destrucción. No estamos lejos de la realidad del Evangelio de hoy.
El Evangelio de este día nos presenta una escena bastante dolorosa. Es Jesús con
sus discípulos y Judas, uno de sus mejores amigos, ausente de la última cena que
comparten ellos por estar tramando la forma de entregar a su Señor y amigo.
Mientras todos están en torno a Jesús refugiados en una casa por miedo a que las
autoridades cumplan su cometido de matar a Jesús, Judas pierde el tiempo
considerando como puede seguir dando rienda suelta a sus pasiones, a su
ambición y a su deseo de conseguir dinero mal habido.
Hoy es un buen día para hacer un poco de silencio exterior e interior y hacernos la
pregunta que Judas le hace a Jesús: « ¿Soy yo acaso, Maestro?».
¿Soy yo, el que no se da cuenta de los tiempos que estamos viviendo y no me doy
cuenta de la necesidad que tengo de convertirme? ¿Soy yo, el que sigue
quejándose de todo a pesar de que veo todos los días que hay otros que están
peor? ¿Soy yo, el que quiere seguir deseando el mal en su corazón? ¿Soy yo, el
que te ha ofendido tanto y no se duele, no se arrepiente, no te busca? ¿Soy yo el
que aún espera a que vengan otras diez Cuaresmas más para empezar a cambiar
de vida y decidirse por ti? ¿Soy yo acaso, Jesús, el que seguirá traicionando tu
amistad a cambio de 30 monedas de plata, representadas en alguna vana
amistad, algún negocio retorcido, algún pecado grave, alguna errada idea de ti?