04/04/2026
EL TRAUMA DE LA CRUZ
“Y, AL NO HALLAR SU CUERPO, VINIERON DICIENDO QUE HASTA HABÍAN VISTO UNA APARICIÓN DE ÁNGELES, QUE DECÍAN QUE ÉL VIVÍA. (24) FUERON TAMBIÉN ALGUNOS DE LOS NUESTROS AL SEPULCRO Y LO HALLARON TAL COMO LAS MUJERES HABÍAN DICHO, PERO A ÉL NO LE VIERON.» (25) EL LES DIJO: «¡OH INSENSATOS Y TARDOS DE CORAZÓN PARA CREER TODO LO QUE DIJERON LOS PROFETAS! (26) ¿NO ERA NECESARIO QUE EL CRISTO PADECIERA ESO Y ENTRARA ASÍ EN SU GLORIA?» (27) Y, EMPEZANDO POR MOISÉS Y CONTINUANDO POR TODOS LOS PROFETAS, LES EXPLICÓ LO QUE HABÍA SOBRE ÉL EN TODAS LAS ESCRITURAS”.
LUCAS 24,23-27.
El capítulo 24 del tercer evangelio, dentro de la obra literaria de Lucas, es un pasaje magistral. El evangelista, sin reparo algún nos va a presentar EL IMPACTO PSICOLÓGICO que dejó en aquellos hombres y mujeres, el ver morir de tal manera a Jesús en la cruz del Gólgota.
Lucas nos narra aquello que en teología Bíblica se conoce como “el trauma de la cruz”. Se nos enseña la incredulidad que a partir de esa experiencia dolorosa, se instala en la mente y en el corazón de los discípulos y los apóstoles, ante el anuncio de la resurrección de Jesús.
De los versículos del 9-11 se nos habla de la incredulidad de los apóstoles. De los versículos 21-24 de la incredulidad de los discípulos e incluso como aquellas mujeres piadosas fueron al sepulcro a encontrarse con un mu**to y no con un vivo, de ahí las palabras exhortativas del ángel que les invita a recordar las palabras del Señor: «¿POR QUÉ BUSCÁIS ENTRE LOS MU***OS AL QUE ESTÁ VIVO? (6) NO ESTÁ AQUÍ, HA RESUCITADO. RECORDAD CÓMO OS HABLÓ CUANDO ESTABA TODAVÍA EN GALILEA, DICIENDO: (7) "ES NECESARIO QUE EL HIJO DEL HOMBRE SEA ENTREGADO EN MANOS DE LOS PECADORES Y SEA CRUCIFICADO, Y AL TERCER DÍA RESUCITE. " (Lucas 24,5-6).
Y todo esto, a pesar de que Jesús, como se los recuerda el ángel, ya lo había dicho, de que resucitaría al tercer día (Mateo 16,21. 17,23. 20,19). Es más, hasta los fariseos lo recordaban (Mateo 27,62-63). Y aunque los discípulos habían visto a Jesús resucitar mu**tos (a la hija de Jairo. Mc 5,21-43. Al hijo de la viuda de Naim. Lc 7,11-17. Y a lázaro de Betania. Jn 11,1-44). Después de verlo clavado en la cruz, están como imposibilitados, no tenían esperanza de que él resucitaría.
Sus mentes estaban cerradas, no podían comprender lo sucedido, no sabían cómo interpretar todo lo que había pasado. Tenían una proyección negativa hacia el futuro, porque la muerte de Jesús lo cuestiona todo, tanto el mensaje como al mensajero, lo cuestiona todo hasta su fe en él, pero sobre todo su esperanza: NOSOTROS ESPERABAMOS (Lucas 24,21)
¿QUÉ LES HA SUCEDIDO A ESTOS HOMBRES?
La memoria del hombre se puede quedar atrapada en la experiencia traumática. Las vivencias dramáticas que hemos sufrido, pueden oprimir a una persona haciéndola que viva con fe pero a la misma vez sin esperanza.
Los traumas sufridos tienden a afectar de tal manera la virtud teologal de la esperanza al estar está vinculada con la potencia del alma llamada memoria. Una experiencia traumática puede ir erosionando nuestra confianza en Dios respecto a un futuro mejor, de ahí proviene la desesperanza en la que muchos viven, que viene a ser la dificultad para confiar en Dios y que engendra una visión pesimista e incierta de la vida.
En la enseñanza de San Juan de la Cruz, la virtud teologal de la esperanza está intrínsecamente ligada a la memoria. Hay una necesidad en el hombre de que su memoria sea purificada y vaciada de imágenes y recuerdos que no sean Dios. Según San Juan de la Cruz, Dios purifica la memoria del alma, incluyendo recuerdos y apegos a lo creado, para así abrir espacio a una unión más profunda y verdadera con Él. Esta purificación se da a través de un proceso de sanación de recuerdos.
¿QUÉ NOS ENSEÑA TODO ESTO?
Podemos decir que hay gente en la Iglesia que está aún atrapada en su dolor, COMO LOS DISCIPULOS DE EMAUS que no pudieron reconocer al Señor caminando con a su lado. A esto se le llama memoria traumática. Al hecho de quedarse atrapado en el dolor del pasado que impide ver con esperanza y con confianza (se vive con miedo) el futuro e impide en el presente ser feliz.
Por eso hay gente que piensa equivocadamente y hasta a veces de manera obsesiva, que la solución de su vida está en resolver de alguna forma, los hechos dolorosos de su pasado. Cuando uno se enfoca demasiado en ese pasado doloroso, esto genera tristeza en el alma y que se tenga una visión negativa de la propia biografía.
Y al ser la memoria bastante dependiente del estado de ánimo, los recuerdos pasados: ya sean alegres o tristes, van a producir eso mismo, alegría o tristeza. POR ESO NUESTRO HOY DEPENDE (en cierta medida) EN QUE COSA NOS ESTAMOS ENFOCANDO DEL PASADO
Cualquier acontecimiento traumático, ya sea una agresión sexual, violencia familiar, perdida violenta de un padre o de una madre, el suicidio de un ser querido, ab**to, divorcio, etc.) Supone a la misma vez una pérdida de seguridad y de confianza en las demás personas.
Por eso pueden aparecer: pensamientos repetitivos indeseados, pesadillas, alteraciones de la memoria, se recuerda lo que deben olvidar y olvida lo que deben recordar. Carga emocional negativa: resentimiento, odio, ira, venganza, envidia, vergüenza, remordimiento, depresión, desesperación, tristeza, etc. Y es así que mente tiende a reprimir para hacer más soportable la vida.
Es por eso que Lucas nos enseña que el oír que Cristo ha resucitado de entre los mu**tos, no les resulta suficiente a esos hombres y mujeres para creerlo, SU CONDICIÓN EXIGE EL ENCUENTRO PERSONAL CON EL RESUCITADO para salir de esa experiencia traumática.
El crecimiento post traumático se da a partir del encuentro personal con aquel que de entre los mu**tos se ha levantado.
¿Y DÓNDE ENCONTRAR HOY AL RESUCITADO?
Lucas nos lo muestra claramente, Jesús está hoy entre nosotros en la eucaristía: Y SUCEDIÓ QUE, CUANDO SE PUSO A LA MESA CON ELLOS, TOMÓ EL PAN, PRONUNCIÓ LA BENDICIÓN, LO PARTIÓ Y SE LO IBA DANDO. (31) ENTONCES SE LES ABRIERON LOS OJOS Y LE RECONOCIERON. (Lucas 24,30-31).
El viernes santo, es el único día en que en la Iglesia no celebra la Santa Eucaristía. Esto significa que se está viviendo un profundo duelo y se guarda un largo silencio. Es el único día del año sin consagración, centrado en la pasión del Señor y la adoración de la cruz.
Hoy, la Iglesia nos invita a celebrar la vigilia pascual, la celebración más importante de la fe Católica, en la que conmemoramos y actualizamos la victoriosa Resurrección de Jesucristo.
Hoy el Señor deja ver, hoy el Señor se deja tocar, hoy el Señor se deja alcanzar por nuestros miedos y dudas, por nuestros sufrimientos y traumas, por nuestras heridas y debilidades para sanarnos, para sacarnos de la desesperanza. Hoy tenemos la oportunidad de vivir la alegría del Encuentro con el Resucitado.
No nos conformemos con tan solo oír que Cristo ha resucitado, busquemos vivamente tener un encuentro con Aquel que de entre los mu**tos por nosotros se ha levantado.