21/07/2026
Dios nos invita a acercarnos a Él con confianza, pero nunca con arrogancia. La oración no es el intento de doblegar la voluntad de Dios a nuestros deseos, sino el medio por el cual nuestro corazón aprende a descansar en Su perfecta voluntad. Muchas veces no entendemos por qué Él responde de una manera y no de otra, pero la Biblia nos recuerda que sus pensamientos son más altos que los nuestros (Isaías 55:8-9). Podemos llorar, suplicar y derramar nuestra alma delante de Él, como lo hicieron David, Ana o el mismo Señor Jesús en Getsemaní; sin embargo, toda verdadera oración siempre termina diciendo: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22:42). La humildad en la oración es reconocer que Dios sigue siendo bueno, sabio y soberano, aun cuando sus respuestas estén más allá de nuestra comprensión.