30/08/2023
https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=315998041108435&id=100080947231991&mibextid=Nif5oz
¡𝐂𝐞𝐥𝐞𝐛𝐫𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐚 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐬𝐚𝐧𝐭𝐢𝐭𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐮𝐚𝐧𝐚 𝐒𝐚𝐧𝐭𝐚 𝐑𝐨𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐢𝐦𝐚!
Isabel Flores de Oliva, que por su belleza recibió el nombre de “Rosa”, nació en Lima en 1586, fue la primera flor de santidad de América, insigne por la fragancia de su penitencia y oración. Dotada de brillantes cualidades y dones de ingenio, se consagró al Señor con voto de virginidad. Asimismo, sentía una profunda veneración por Santa Catalina de Siena, que luego, siguiendo el camino de Dios para ello, la llevó a ingresar en la Orden seglar dominica.
Muy amante de la soledad, dedicaba gran parte del tiempo a la divina contemplación en su casa, deseando introducir también a otros en los secretos de la oración, divulgando para ello libros espirituales, e incluso, animando a los sacerdotes para que atrajeran a todos al amor de la oración.
Retirada casi siempre en una pequeña ermita del huerto de sus padres, abría, sin embargo, su alma a la obra misionera de la Iglesia con un celo ardiente por la salvación de los pecadores y de los indígenas, por los que deseaba dar su vida y se entregaba a voluntarias y duras penitencias para ganarlos a Cristo, “doliéndose de que como mujer no pudiera aplicarse al ministerio apostólico”.
Durante quince años soportó gran aridez espiritual como crisol purificador. Con profunda conciencia de los males del pecado, “deseaba hacerse piedras y cal para poder cerrar a todos la puerta del infierno”. También se destacó por sus obras de misericordia con los necesitados y oprimidos.
Rosa ardía en vivo amor a Jesús en la Eucaristía, y en honda piedad para con su santísima Madre, cuyo rosario se esforzaba en propagar con infatigable celo, estimando que todo cristiano “debe predicarlo con la palabra y tenerlo grabado en el corazón”. Murió a los 31 años en Lima, el 24 de agosto de 1617. Fue beatificada por Clemente IX en 1668 y canonizada por Clemente X el 12 de abril de 1671, y toda América Latina y Filipinas la veneran como patrona.
¡Santa Rosa de Lima, ruega por nosotros!