01/07/2026
La verdadera riqueza no siempre está en la mesa, sino en el corazón de quienes te invitan a sentarte en ella.
Hace unos dias compartimos alimentos en un hogar sencillo de una aldea de Mozambique. Quizá la mesa no estaba llena de lujos, pero sí de amor, gratitud y hospitalidad.
En estos lugares uno aprende que el Evangelio no solo se predica desde un púlpito; también se vive cuando una familia abre las puertas de su casa, comparte el pan y recibe con alegría a los siervos de Dios.
“No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.” (Hebreos 13:2)
Cada viaje misionero me recuerda que Cristo sigue caminando entre los más humildes. Donde el mundo ve escasez, Dios ve corazones dispuestos; donde otros ven pobreza, Dios ve una fe que muchas veces avergüenza la comodidad de quienes lo tienen todo.
Oremos por estas familias. Ellos necesitan nuestras oraciones, nuestro amor y nuestro compromiso con la obra misionera. Que nunca nos acostumbremos a vivir el Evangelio desde la comodidad, mientras millones aún esperan escuchar que Jesucristo los ama.
Porque la misión no consiste solamente en llevar el pan de cada día, sino en llevar el Pan de Vida a quienes tienen hambre de esperanza.