28/07/2026
REFLEXIÓN DEL DÍA: SOY COMO LA SEMILLA DE MOSTAZA.
Mateo 13, 31-35 “El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en su huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas”.
La semillita de mostaza, en realidad yo jamás he visto una y tú ¿has visto una semilla de mostaza? Dice Jesús que es la más pequeña de todas las semillas y, ¿has visto un árbol de mostaza?, yo, tampoco lo he visto, pero se que se convierte en un arbusto fecundo, en el cuál sus ramas son aprovechadas por los pajaritos para hacer su nido en las ramas; ¿has visto un árbol de mostaza? Sin embargo, puedo imaginar la semilla y el robusto árbol fecundo que hecha raíz en buena tierra y nos ofrece un fruto para alimentar nuestro cuerpo.
Y tal vez, Jesús quiere que seamos como ese granito de mostaza, pequeños al nacer y gloriosos al crecer. Y que sus ramas crezcan en conocimiento de Dios, que sus raíces vengan cargadas del amor de Cristo para que siempre de fruto. Y que ese fruto se convierta en testimonio de que conocemos a Dios, de que escuchamos Su Palabra, de que siempre nos sentimos acompañados y llenos de esperanza.
Nos dice el papa Benedicto XVI: “Es necesario no temer la humildad de los pequeños pasos y confiar en la levadura que penetra en la masa y lentamente la hace crecer (cf. Mt 13, 33). Al hablar de Dios, en la obra de evangelización, bajo la guía del Espíritu Santo, es necesario una recuperación de sencillez, un retorno a lo esencial del anuncio: la Buena Nueva de un Dios que es real y concreto, un Dios que se interesa por nosotros, un Dios-Amor que se hace cercano a nosotros en Jesucristo hasta la Cruz y que en la Resurrección nos da la esperanza y nos abre a una vida que no tiene fin, la vida eterna, la vida verdadera. (Audiencia general, 28 de noviembre de 2012)
Seamos esa semilla de amor, que Dios ha sembrado en nuestro corazón para dar siempre fruto abundante de misericordia, de perdón y del amor que vive en cada uno de nosotros.
Propósito de hoy: Quiero recordar que mi compromiso con Dios es hablar de Él a los demás y de ser ejemplo de fe para que otros quieran también imitar las obras de Jesús, el Hijo de Dios.