03/10/2026
Alabado sea Dios! FAMILIA...
A ocho siglos de su partida, San Francisco continúa hablando al mundo actual con un mensaje de paz, fraternidad, pobreza y cuidado de la creación. Francisco fue un joven lleno de sueños, pero también marcado por fracasos. Quiso ser caballero, buscó reconocimiento social, vivió crisis y derrotas, pero en medio de todo descubrió la voz de Dios que lo llamaba a otro camino.
Ese proceso de conversión lo llevó a abrazar la pobreza, no como desprecio de la vida, sino como libertad interior. Mientras muchos deseaban pertenecer a los “mayores” de la sociedad, Francisco quiso ser llamado “hermano menor”.
Uno de los aspectos más profundos de la espiritualidad franciscana es su manera de mirar la muerte.
San Francisco la llamó “hermana muerte”, no por indiferencia ante el dolor, sino porque la entendía como el paso necesario hacia la vida eterna. “La muerte es el momento de restituir al Señor todo lo que nos ha dado”, vivamos con gratitud y en reconciliación con nuestros hermanos ,familiares y amigos para que cuando llegue eses día que el Señor nos llama estemos preparados.
Paz y Bien ,hermanos frayles ,hermanas Clarisas ,hermanos seglares ,
y hermanos todos.
Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria, el honor
y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, corresponden,
y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.
Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano Sol,
el cual es día, y por el cual nos alumbras.
Y él es bello y radiante con gran esplendor:
de ti, Altísimo, lleva significación.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana Luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras, preciosas y bellas.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano Viento,
y por el aire, y la nube, y el cielo sereno,
y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana Agua,
la cual es muy útil y humilde,
preciosa y casta.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano Fuego,
por el cual alumbras la noche;
y él es bello, y alegre, y robusto y fuerte.
Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana, la madre Tierra,
la cual nos sustenta y gobierna,
y produce diversos frutos
con coloridas flores y hierba.
Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,
y soportan enfermedad y tribulación.
Bienaventurados aquellos que las soporten en paz,
porque por ti, Altísimo, coronados serán.
Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana, la muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!
Bienaventurados aquellos a quienes encontrará
en tu santísima voluntad,
porque la muerte segunda no les hará mal.
Alabad y bendecid a mi Señor,
y dadle gracias y servidle con gran humildad.