01/04/2026
Hoy, Martes Santo, la liturgia nos sumerge en una de las escenas más conmovedoras y dolorosas de toda la Pasión: Jesús, conmovido hasta las entrañas, anuncia: "Uno de ustedes me va a entregar". Esta palabra es como una herida abierta.
Miremos a Judas. No como un monstruo lejano, sino como un espejo. Judas fue un discípulo, caminó con Jesús, vio sus milagros, escuchó sus palabras de vida... y sin embargo, la avaricia, el miedo o la desilusión lo llevaron a entregar a su Amigo, a su Maestro, a su Dios, por treinta monedas de plata.
¿Acaso soy yo, Señor? Esa fue la pregunta de los discípulos. Y es la pregunta que cada una de nosotras debe hacerse hoy. Porque todas, en mayor o menor medida, hemos sido Judas.
Hemos entregado a Jesús por una comodidad, por un rencor, por una mentira, por una búsqueda de poder. Hemos traicionado su amor por treinta monedas de 'seguridades' terrenales.
Pero Martes Santo no es un día para la desesperación, sino para la conversión. Judas salió del cenáculo y se fue a la noche, se fue al juicio y a la muerte. Pedro también lo traicionó, pero su traición fue por debilidad y miedo, y después de su pecado, miró a Jesús, lloró amargamente y su amor lo llevó al perdón y a la entrega total.
Esa es la diferencia: Judas se encerró en su pecado, Pedro se abrió al amor misericordioso.
Hoy, Jesús nos mira a los ojos y nos pregunta: "¿Acaso soy yo?" Él sabe nuestras flaquezas, nuestras traiciones. Él ya las ha perdonado en la Cruz. Solo espera que abramos el corazón, que reconozcamos nuestras caídas y que, con el mismo amor con que nos ha amado, nos dejemos perdonar y transformar por Él.
Que este Martes Santo sea el día que digamos "Señor, no soy yo, porque con tu ayuda, quiero ser fiel". ¡Amén!"
"Señor Jesús,
tú que con dolor anunciaste tu traición,
entra en lo más profundo de mi corazón.
Mira mi fragilidad, mis incoherencias,
todas las veces que, como Judas,
te he traicionado por mis intereses.
Pero, Señor, no me dejes en la noche.
Dame la gracia de Pedro:
reconocer mi pecado,
llorar mi traición
y, con el mismo amor,
regresar a Ti, mi Amigo y mi Dios.
Limpia mi interior con tu amor misericordioso.
Hazme fiel, incluso en la prueba.
Que nunca más te entregue,
sino que me entregue yo misma,
como Tú te entregaste por mí.
Amén."