Daniel Torreblanca

Daniel Torreblanca

¿Qué difícil es mantener la fe cuando estamos enfrentando una crisis!Piensa, por ejemplo, en los discípulos. JESÚS les h...
30/06/2026

¿Qué difícil es mantener la fe cuando estamos enfrentando una crisis!

Piensa, por ejemplo, en los discípulos. JESÚS les había dicho que era necesario que Él muriera. Aquella declaración sacudió profundamente su fe. Y no era para menos. ¿Cómo podía el Mesías morir como un vil malhechor?

JESÚS no era indiferente al dolor y la confusión que experimentaban sus discípulos. Pero ¿cómo fortalecer su fe?

Lo que hizo con tres de ellos fue llevarlos a la montaña para presenciar la transfiguración.

Ellen G. White escribe:

“Ruega que ellos puedan presenciar una manifestación de su divinidad que los consuele en la hora de su agonía suprema, con el conocimiento de que él es seguramente el Hijo de Dios, y que su muerte ignominiosa es parte del plan de la redención.” El Deseado de Todas las Gentes, p. 389.

La certeza de que, aun en la cruz, JESÚS seguía siendo el hijo de DIOS les daría consuelo en la hora de la agonía suprema.

Tarde o temprano, todos enfrentaremos el dilema de la cruz; es decir, el momento de la agonía suprema. Son esos instantes en los que el corazón se pregunta: ¿Dónde está JESÚS?

Cuando llegue ese momento, contempla a JESÚS. Míralo en la cruz. La Biblia declara:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.” (San Juan 3:16).

Ten la seguridad de que DIOS te ama. Él no es el autor del dolor ni del sufrimiento. Aunque hoy no comprendas lo que estás viviendo, puedes confiar en que existe un propósito que un día será revelado.

Mira la cruz y recuerda esta verdad:

“Dios es demasiado bueno para ser cruel y demasiado sabio para equivocarse. Y cuando no puedas ver su mano, confía en su corazón.” — Charles Spurgeon

Porque la cruz no solo responde cuánto te ama DIOS; también te recuerda que, aun cuando no entiendas sus caminos, nunca dejarás de estar en sus manos.


Cuando nos equivocamos, pedimos misericordia para nosotros; pero cuando los demás se equivocan, exigimos justicia para e...
29/06/2026

Cuando nos equivocamos, pedimos misericordia para nosotros; pero cuando los demás se equivocan, exigimos justicia para ellos.

Así no funciona el reino de Dios. Dios es misericordioso con todos, aun con aquellos que, desde nuestra perspectiva, creemos que no la merecen.

Si hemos sido alcanzados por su gracia, también estamos llamados a extender esa misma gracia a los demás.


Es muy fácil confiar en nuestras capacidades, en nuestros logros o en los años de experiencia que hemos acumulado. Con e...
28/06/2026

Es muy fácil confiar en nuestras capacidades, en nuestros logros o en los años de experiencia que hemos acumulado. Con el paso del tiempo podemos llegar a pensar que ya lo sabemos todo, que ya no necesitamos consejo, corrección o dirección. Sin embargo, para muchos, el inicio de su fracaso no fue la falta de talento, sino el exceso de confianza en sí mismos.

Hay un momento peligroso en la vida espiritual: cuando dejamos de depender de Cristo porque comenzamos a depender de nosotros mismos. Nos volvemos demasiado sabios para ser enseñados, demasiado experimentados para ser guiados y demasiado seguros para reconocer que también podemos equivocarnos.

Por eso Elena de White escribió: “Muchos sostienen que una posición de confianza en la iglesia les da autoridad para dictar lo que otros hombres deben creer y hacer. Dios no sanciona esta pretensión. El Salvador declara: ‘Todos vosotros sois hermanos.’ Todos están expuestos a la tentación y pueden errar. No podemos depender de ningún ser finito para ser guiados. La Roca de la fe es la presencia viva de Cristo en la iglesia. De ella puede depender el más débil, y los que se creen los más fuertes resultarán los más débiles, a menos que hagan de Cristo su eficiencia.”
— El Deseado de Todas las Gentes, p. 383.

Las palabras de Jesús siguen siendo el fundamento del verdadero liderazgo cristiano: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3). Ser pobre en espíritu no significa tener una autoestima baja, sino reconocer con humildad nuestra absoluta necesidad de Dios. Es admitir que, por nosotros mismos, somos frágiles; que nuestro juicio puede fallar; que nuestra naturaleza puede engañarnos y que, separados de Cristo, tarde o temprano terminaremos hundiéndonos.

La verdadera fortaleza no consiste en confiar en uno mismo, sino en depender completamente de Jesús. El creyente más seguro no es el que presume de su experiencia o critica lo que otros hacen, sino el que cada mañana reconoce que necesita nuevamente la gracia, la dirección y el poder del Espíritu Santo.

El secreto del éxito cristiano nunca ha sido la autosuficiencia; siempre ha sido la dependencia de Cristo. Porque cuando nuestra confianza descansa en Él, nuestra debilidad se convierte en el escenario donde su poder se manifiesta con mayor claridad.

Mi oración

Señor, líbrame de la ilusión de creer que puedo caminar sin Ti. Que nunca permita que mi experiencia sustituya mi dependencia de tu gracia. Enséñame a vivir cada día con un corazón humilde, dispuesto a aprender, a ser corregido y a seguir tu voz. Que mi mayor fortaleza sea reconocer mi necesidad de Ti. Más de Ti y menos de mí. Amén.


18/06/2026

La palabra de DIOS es la única que puede derribar argumentos y fortalezas que se han levantado en nuestra mente.


Cada cristiano es llamado a ser embajador de Cristo y de su misión ante el mundo. La pregunta es: ¿de qué manera estamos...
18/06/2026

Cada cristiano es llamado a ser embajador de Cristo y de su misión ante el mundo. La pregunta es: ¿de qué manera estamos representando a Cristo?

Los discípulos no siempre fueron el mejor ejemplo de lo que significa ser un embajador de Jesús. En cierta ocasión, Jacobo y Juan entraron en una aldea de samaritanos para hacer algunos preparativos, pero, para su sorpresa, los samaritanos no los recibieron. La respuesta de los discípulos fue inmediata:

«Al ver esto, sus discípulos Jacobo y Juan dijeron: “Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo y los consuma?”» (Lucas 9:54, LBLA).

Fue una respuesta contundente, sin margen para la compasión: “¿Quieres que mandemos que descienda fuego del cielo y los consuma?”. Sin embargo, Jesús pensaba de manera totalmente diferente:

«Pero Él, volviéndose, los reprendió y dijo: “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para destruir las almas de los hombres, sino para salvarlas”. Y se fueron a otra aldea» (Lucas 9:55-56).

Jesús señala claramente el propósito de su misión:

«Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10, LBLA).

Representar a Jesús significa pensar y actuar como Él. Significa ver en cada persona a alguien valioso, alguien a quien Cristo desea salvar. Muchas veces las personas no pensarán como nosotros, no hablarán como nosotros ni vestirán como nosotros. Sin embargo, más allá de las aparentes barreras que nos separan, hay un Salvador que desea redimir a todos, y esa debe ser también nuestra meta.

No hay muro que la gracia de Cristo no pueda derribar ni corazón que el amor de Dios no pueda alcanzar.

Por eso debemos preguntarnos: ¿cómo estamos representando a Jesús y a su misión? ¿Pueden las personas ver a Cristo en nuestras acciones y en nuestras palabras? Aun cuando compartimos algo en las redes sociales o hacemos un comentario, tenemos la oportunidad de reflejar el amor de un Dios que vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Que nuestra vida sea un reflejo fiel del carácter de Jesús y de su misión de salvación para el mundo.


04/06/2026

Eres muy valioso para DIOS


03/06/2026

No tengas miedo, DIOS te ha comparado con su sangre.


26/05/2026

El mejor regalo


Volverás a jugar Le pregunté si habían jugado.Su respuesta fue sencilla, pero llena de tristeza: Debíamos jugar, pero se...
15/05/2026

Volverás a jugar

Le pregunté si habían jugado.
Su respuesta fue sencilla, pero llena de tristeza: Debíamos jugar, pero se acabó el tiempo y ya no pudimos.
Entonces le pregunté: ¿Y cómo te sientes con eso? Me miró y respondió: Un poco triste.

Y pensé: tarde o temprano, a todos se nos acaba el tiempo en algún partido. Tal vez te quedarás sin jugar, esperando que el entrenador te llame. Tal vez cancelen el encuentro. Y seguramente sentirás tristeza, frustración o enojo.

Pero no te rindas.

El sabio Salomón escribió: “Para cualquiera que está unido con los vivos, hay esperanza; ciertamente un perro vivo es mejor que un león muerto” (Eclesiastés 9:4).

Puedes perderte un partido importante. Puedes quedarte en la banca. Puedes sentir que la oportunidad pasó. Pero mientras estés vivo, todavía hay esperanza. Habrá otros partidos, otros comienzos y nuevas oportunidades.

Así que no te desanimes. Entrena duro. Prepárate con fe. Porque mañana el árbitro volverá a silbar el inicio del partido y esta vez, tú podrás jugar.

Hay partidos y partidos, claro está. Pero el principio sigue siendo el mismo: Si estás vivo, hay esperanza. No te rindas. Lo mejor está por venir.


En la Biblia la honra siempre está ligada a la bendición. Honrar a una persona es tratarla con valor, respeto y dignidad...
27/03/2026

En la Biblia la honra siempre está ligada a la bendición.

Honrar a una persona es tratarla con valor, respeto y dignidad. No se trata solo de palabras bonitas, sino de la manera en que la miras, le hablas y respondes a su amor.

La Biblia dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.” (Éxodo 20:12)

Honrar a los padres es reconocer su valor. Es no tratarlos como si no importaran. Es darles el lugar que Dios les ha concedido en nuestra vida.

Cuando una persona honra, refleja el carácter de Dios. Pero cuando deshonra, hiere, desprecia y minimiza a quien merece respeto.

Nunca olvides esto: la honra abre la puerta a la bendición.



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