30/06/2026
¿Qué difícil es mantener la fe cuando estamos enfrentando una crisis!
Piensa, por ejemplo, en los discípulos. JESÚS les había dicho que era necesario que Él muriera. Aquella declaración sacudió profundamente su fe. Y no era para menos. ¿Cómo podía el Mesías morir como un vil malhechor?
JESÚS no era indiferente al dolor y la confusión que experimentaban sus discípulos. Pero ¿cómo fortalecer su fe?
Lo que hizo con tres de ellos fue llevarlos a la montaña para presenciar la transfiguración.
Ellen G. White escribe:
“Ruega que ellos puedan presenciar una manifestación de su divinidad que los consuele en la hora de su agonía suprema, con el conocimiento de que él es seguramente el Hijo de Dios, y que su muerte ignominiosa es parte del plan de la redención.” El Deseado de Todas las Gentes, p. 389.
La certeza de que, aun en la cruz, JESÚS seguía siendo el hijo de DIOS les daría consuelo en la hora de la agonía suprema.
Tarde o temprano, todos enfrentaremos el dilema de la cruz; es decir, el momento de la agonía suprema. Son esos instantes en los que el corazón se pregunta: ¿Dónde está JESÚS?
Cuando llegue ese momento, contempla a JESÚS. Míralo en la cruz. La Biblia declara:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.” (San Juan 3:16).
Ten la seguridad de que DIOS te ama. Él no es el autor del dolor ni del sufrimiento. Aunque hoy no comprendas lo que estás viviendo, puedes confiar en que existe un propósito que un día será revelado.
Mira la cruz y recuerda esta verdad:
“Dios es demasiado bueno para ser cruel y demasiado sabio para equivocarse. Y cuando no puedas ver su mano, confía en su corazón.” — Charles Spurgeon
Porque la cruz no solo responde cuánto te ama DIOS; también te recuerda que, aun cuando no entiendas sus caminos, nunca dejarás de estar en sus manos.