29/04/2026
Evangelio de hoy 29 de abril 📖
Del Santo Evangelio según san Juan 12, 44-50
En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: "El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que el que crea en mí no siga en tinieblas.
Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.
El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho".
Palabra del Señor.
Escuchar el Evangelio de hoy y su reflexión
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Reflexión:
En este Evangelio, Jesús proclama que quien cree en Él, cree en el Padre. Jesús no está buscando seguidores por prestigio personal, está revelando que en Él se nos da el acceso al Padre.
El mundo de hoy muchas veces ha reducido a Cristo como un maestro moral o como un inspirador espiritual, o como una figura histórica admirable, pero aquí Jesús elimina esas posibilidades. Quien lo escucha está delante del mismo Dios actuando en la historia. Además, Él dice en el Evangelio: ‘Yo he venido como luz al mundo’, y la luz sabemos que no obliga, simplemente ilumina, o sea, no fuerza, simplemente revela.
Y la pregunta no es si la luz existe, sino si queremos salir de la oscuridad. Su luz es la que salva, pero si cerramos el corazón, si cerramos nuestros ojos a la luz, estamos rechazando su verdad y su salvación. En este mundo quien lo hace queda encerrado en sus propias tinieblas.
Y es muy iluminador lo que nos enseña Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica, en donde explica que Cristo en su primera venida, vino como Salvador. El juicio definitivo pertenece a su segunda venida gloriosa, pero que ahora es el tiempo de misericordia. Pero esa misericordia exige respuesta, y esa respuesta es concreta: acoger su Palabra, porque su Palabra, Él mismo lo dice, Jesús, es vida eterna y es un mandato que conduce a la comunión con Dios.
La cuestión es si creemos en Él como el enviado del Padre y si dejamos que su luz transforme nuestras decisiones, nuestros criterios, nuestra vida entera. La Iglesia nunca nos va a proponer ideas, nos va a proponer la persona de Cristo. Y ante esa persona no hay neutralidad: o se entra en la luz o se permanece en la oscuridad. Pidamos la gracia de creer de verdad y no de palabra, sino con la vida, de que Jesús es nuestra Luz.