Peniel Sur Oriente ICIAR

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18/08/2026
18/08/2026

A la luz del poder de Dios

«Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros». — 2 Corintios 4:7 (RVR1960)

Permítanme sugerir varias maneras en que el poder de Dios se cruza con nuestras vidas. Lo primero que debemos hacer, a la luz de la omnipotencia divina, es temer, honrar y servir a Dios y solo a Él. Reconocer lo que la Escritura enseña sobre el Señor —que es infinitamente poderoso— implica que debiéramos eliminar la palabra «imposible» de nuestro vocabulario espiritual.

Con cuánta frecuencia excusamos nuestras faltas apelando a la fragilidad humana. «Es que soy humano», se suele decir. Así es; pero Dios no solo nos ha salvado mediante Su poder, sino que también obra continuamente en nuestro interior para fortalecernos, respaldarnos y santificarnos por ese mismo poder. La elección y el uso que el Señor hace de los creyentes como vasos de barro —personas débiles en sí mismas— tiene la intención de demostrar que la fuerza proviene de Él y no de nosotros.

El poder de Dios se ministra al ser humano en medio de su fragilidad, no a través de sus capacidades naturales. Nuestra debilidad jamás representa una barrera para la omnipotencia divina; al contrario, reconocer nuestra limitación es el punto de partida para acudir al Señor y depender de Su poder operando en nosotros, garantizando así que solo Él reciba toda la gloria.

Cuando servimos e impactamos en el poder de Dios, no necesitamos confiar en nuestras propias fuerzas ni en los métodos meramente humanos; en realidad, ni siquiera deberíamos atrevernos a hacerlo. Por medio de la «debilidad» de la cruz, Dios trajo salvación al mundo y, a través de vasijas frágiles, proclamó Su Evangelio. Es mediante formas sencillas y poco deslumbrantes como la verdad es anunciada, confiando plenamente en la capacidad del Espíritu Santo para convencer y transformar a los pecadores. De esta manera, la fe de las personas se apoya en el poder de Dios y no en la elocuencia de los hombres.

Lamentablemente, no siempre es así como actúa la iglesia en la actualidad. A menudo se recurre a estrategias de mercadotecnia secular buscando resultados inmediatos, o se aplican las mismas técnicas persuasivas de las ventas profesionales. Con frecuencia se pretende capacitar líderes bajo el molde de la cultura del mundo en lugar de formar embajadores del Reino de los cielos.

Cada vez es más común ver comunidades que se conducen por principios de «buenos negocios» antes que por mandatos bíblicos, o que ofrecen un consuelo basado en corrientes psicológicas de fundamento humanista en lugar de guiar a los creyentes a renovar la mente en la obra perfecta de Cristo y obedecer la suficiencia de la Palabra de Dios.

Preguntas de reflexión personal
¿Suelo justificar mis fallas con la excusa de la debilidad humana, en lugar de aferrarme al poder de Dios que me santifica y capacita para vencer el pecado?
En mi servicio y vida cotidiana, ¿estoy confiando en mis propios recursos y métodos humanos, o permito que el poder de Dios se perfeccione en mi debilidad?

Oración guiada
Padre celestial, reconozco ante Ti que soy una vasija de barro, limitada y frágil en mis propias fuerzas. Te pido perdón por los momentos en que he buscado excusar mis faltas en mi humanidad o he intentado hacer Tu obra confiando en mis capacidades o en métodos del mundo. Enseña a mi corazón a depender por completo de Tu Espíritu Santo, para que en mi debilidad se manifieste Tu poder y toda la gloria sea solo para Ti. Hazme un instrumento fiel que proclame Tu verdad con sencillez y convicción. En el nombre de Jesús, amén.

Lectura: Éxodo 20:1-6, Josué 4:23-24, Salmos 115:1-15, Romanos 8:8-11, Efesios 1:18-21, 1 Corintios 1:18, 2:5.

Del plan de lectura devocional "El Evangelio: El motivo de mi existencia" por Basilio Patiño en colaboración con El Centro Network - www.redrema.org - www.elcentronetwork.com

📍 ¡Llegó la hora de celebrar el Centenario de la ICIAR!​Familia, la cita para nuestra Convención General ya está a la vu...
10/08/2026

📍 ¡Llegó la hora de celebrar el Centenario de la ICIAR!

​Familia, la cita para nuestra Convención General ya está a la vuelta de la esquina. Queremos que tu experiencia en la Arena Ciudad de México este 18 y 19 de agosto sea de inmensa bendición y tranquilidad.

​👇 Toma nota de estas recomendaciones indispensables para tu asistencia: 👇

▪️ Checa horarios de apertura de puertas.
▪️ Revisa las vías de acceso y transporte.
▪️ Sigue las indicaciones del equipo de logística.

​¡Listos para celebrar 100 años caminando en fe¡ 💛
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Hoy celebramos con alegría el bautismo de nuestros hermanos en la fe. 🙏 Un día especial para renovar nuestro compromiso ...
09/08/2026

Hoy celebramos con alegría el bautismo de nuestros hermanos en la fe. 🙏 Un día especial para renovar nuestro compromiso y compartir nuestra fe con el mundo. 💧

05/08/2026

El susurro que nos sustenta: respirando el Nombre de Dios

Hagamos algo juntos en este momento. Cierra los ojos suavemente y respira... Inhala... y exhala...

Estudios de lingüística bíblica sugieren algo asombroso: el nombre más sagrado de Dios, el Tetragrámaton —esas cuatro letras YHWH que reveló a Moisés—, no se pronuncia únicamente con la boca, sino con los pulmones.

¿Cómo suena este nombre cuando se vocaliza en la intimidad? Es el sonido mismo de la respiración:
YAH... (al inhalar)
WEH... (al exhalar)

¡Dios puso Su nombre en el mismo mecanismo que nos mantiene vivos! No es solo una palabra para recitar; es el aire que respiramos. Cada vez que tu pecho se llena y se vacía, estás proclamando el nombre del eterno Dios.

Ahora reflexiona: ¿qué es lo primero que se altera cuando llega la ansiedad? ¡La respiración! Se vuelve superficial, rápida y entrecortada. Es como si el pánico quisiera robarnos hasta la capacidad de pronunciar el nombre de Dios.

Por eso, cuando sientas que la ansiedad se aproxima y tu respiración se acelera, no la veas solo como un síntoma de pánico. Reclámala como un acto de guerra espiritual y conviértela en oración:

Al INHALAR (YAH...): Tú eres mi Dios.
Al EXHALAR (WEH...): Estoy aquí, contigo y en Ti.
INHALA (YAH...): Dios está aquí.
EXHALA (WEH...): Me sostiene y no estoy solo... Estoy en Él.

Tu grito de auxilio ya está diseñado en tu biología. El enemigo no puede detener esta oración continua porque, mientras haya vida en tus pulmones, estarás clamando el nombre de Aquel que puede calmar cualquier tormenta.

Respirar es adorar
Dios no solo puso Su nombre en nuestra respiración, sino que también le dio un propósito a cada aliento que tomamos:

“Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya”. — Salmo 150:6 (RVR1960)

El pasaje no dice "todo el que cante" o "todo el que hable", sino TODO LO QUE RESPIRA:
- El bebé que llora en la cuna está alabando a Jah.
- El anciano que exhala en su lecho está alabando a Jah.
- El enfermo que respira con dificultad está alabando a Jah.
- Y tú, en medio de un ataque de ansiedad, cuando conscientemente recuperas tu respiración, estás adorando a Dios.

El enemigo quiere que tu respiración acelerada sea un síntoma de pánico, pero Dios la diseñó para ser un instrumento de alabanza. La ansiedad pretende robarte el aire, pero cada vez que recuperas la respiración abdominal y configuras el ritmo YAH-WEH, le arrebatas al enemigo su arma para convertirla en adoración.

La próxima vez que sientas que el pánico quiere secuestrar tu aliento, recuerda: no estás luchando simplemente por respirar, estás luchando por adorar. No es solo un mecanismo de supervivencia; es tu destino eterno.

“Cada respiración es un llamado de emergencia al Creador que te dio el aliento”. — Ps. Stevens Díaz

Preguntas de reflexión
¿Qué frase breve puedes asociar a cada fase de tu respiración para transformarla en una "oración respiratoria"? (Por ejemplo: Al inhalar: "Tuyo soy" / Al exhalar: "Sostenido estoy").
¿De qué manera cambia tu perspectiva sobre los síntomas físicos de la ansiedad al comprender que tu cuerpo fue diseñado para adorar aun en medio de la prueba?

Oración guiada y ejercicio práctico
Que cada jadeo, cada suspiro, cada respiración profunda que recupere en medio del pánico, sea como un acto de guerra santa que quite terreno al enemigo. INHALO (YAH...) Reconozco que este aire no es mío. Es el aliento de Dios en mis pulmones. "Tú eres mi Dios aquí, en este momento" EXHALO (WEH...) Suelto todo intento de control. "Estoy aquí, contigo y en Ti" INHALO (YAH...) Recibo tu presencia en lo más físico: el oxígeno convirtiéndose en vida en mi sangre. "Dios está aquí, en esta ansiedad, en esta incertidumbre" EXHALO (WEH...) Entrego el miedo, la prisa, la imagen de un futuro amenazante. "Me sostienes, y no estoy solo/a... estoy en Él"
Transforma lo que quiere ser síntoma de muerte en cántico de vida. Mientras haya aliento en mí, habrá alabanza para Ti.

(Sigue estas instrucciones físicamente)

PREPARACIÓN FÍSICA:
Siéntate con la espalda recta.
Coloca las palmas sobre tus rodillas.
Cierra los ojos suavemente.

CONCIENCIA DEL SÍNTOMA (30 segundos):
No luches contra tu ansiedad. Simplemente observa: ¿dónde sientes tensión? (pecho, garganta, hombros). ¿Tu respiración es superficial o profunda?
Hazlo sin juzgarte, solo observa.

RECLAMACIÓN PRÁCTICA (2 minutos):
Pon ambas manos sobre tu vientre.
Inhala profundamente por la nariz (4 segundos) mientras expandes el vientre: "YAH... Esta ansiedad no tiene la última palabra".
Retén el aire (2 segundos) sintiendo la plenitud.
Exhala por la boca (6 segundos) mientras el vientre se contrae: "WEH... Dios ya está en este momento".

AFIRMACIÓN CORPORAL (repítelo 3 veces):
Mientras respiras, di en voz baja o mentalmente: "Esta respiración es tu nombre. Este miedo es tu territorio. Este cuerpo es tu templo."

COMPROMISO CONCRETO:
Abre los ojos y escribe en un papel o en tu teléfono: Hoy, cuando sienta ansiedad, mi primer recurso será:
Manos en el vientre.

Respirar 3 ciclos de YAH-WEH.
Recordar: "No respiro angustia, respiro a Dios".

Lectura: Salmos 150:6, Génesis 2:7, Hechos 17:28, Job 12:10, Romanos 8:26, Santiago 4:7.

Del plan de lectura devocional "El interruptor de Dios: Del pánico a la paz verdadera" por Stevens Díaz - linktr.ee/elremanenteic

23/07/2026

Día 1: La Diferencia que Marcaba la Diferencia

“Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”. — Lucas 11:1-4 (RVR1960)

¿Alguna vez has notado qué era lo que hacía que Jesús fuera diferente? ¿Qué era lo que atraía con tanta fuerza a las multitudes? ¿Qué hacía que sus discípulos supieran, sin lugar a dudas, que estaban en presencia de alguien extraordinario?
La respuesta es simple y profunda: su vida de oración.

Jesús no oraba por mera costumbre; lo hacía con pasión, intensidad y una autenticidad arrolladora. Sus discípulos lo observaban con atención. Lo vieron conectarse con el Padre de una manera que ellos jamás habían experimentado, y comprendieron que esa intimidad era la verdadera clave y el motor de todo su ministerio público.

El pedido que cambia todo
Imagina por un momento que estás en el lugar de aquel discípulo. Te encuentras frente a frente con Jesús y tienes la oportunidad única de pedirle lo que sea. ¿Qué le pedirías?
¿Le pedirías que te enseñara a hacer milagros?
¿Le pedirías el poder para sanar toda clase de enfermedades?
¿Le pedirías el secreto para resucitar a los mu***os?
Sorprendentemente, el discípulo eligió un camino distinto. En lugar de codiciar el poder visible o las habilidades sobrenaturales, solicitó algo que parecía sencillo en la superficie, pero que resguardaba el misterio más grande del Reino: “Señor, enséñanos a orar”.

¿Por qué la oración?
¿Por qué el discípulo prefirió esta petición en lugar de algo más espectacular?
La razón es que había descubierto el origen de la corriente. Vio la paz imperturbable que emanaba de Jesús, la autoridad con la que hablaba y la soberanía con la que actuaba en cada circunstancia. Se dio cuenta de que el poder manifestado en lo público se gestaba en lo privado. La oración en acción era la fuente inagotable del Maestro.

“Debemos orar para aprender a orar”. — Leonard Ravenhill

Pregúntate:
¿Qué diferencia marca la diferencia en tu vida actual?
¿Qué te impide orar con mayor frecuencia, pasión y entrega?
¿Qué pasos prácticos puedes dar hoy para priorizar la oración en tu rutina diaria?
¿Qué promesa de Dios te anima a acercarte a Él con fe y expectación?
¿Es la intimidad con Dios lo que valida tu llamado y tus acciones cotidianas?

Oración guiada:
Padre Celestial, reconozco hoy que la fuente de toda vida, paz y autoridad espiritual se encuentra en la intimidad de Tu presencia. Te pido, de la misma manera que aquel discípulo, que me enseñes a orar como Jesús oraba. Despierta en mi corazón un hambre genuina por el lugar secreto. Ayúdame a derribar toda distracción y a priorizar la comunión contigo por encima de cualquier actividad. Anhelo que mi relación contigo se fortalezca diariamente, para así experimentar Tu poder, Tu guía y Tu amor transformador en todo lo que hago. En el nombre de Jesús, amén.

Lectura: Lucas 11:1-4.

Del plan de lectura devocional "Oracción: Cuando la oración se encuentra con la acción" por Stevens Díaz - linktr.ee/elremanenteic

22/07/2026

La gloria se revela al que cree

“¡Lázaro, ven fuera!” Y el que había mu**to salió. Juan 11:43-44 RVR1960 Este es el resultado. Esta es la manifestación. Esta es la gloria.

Pero es importante entender algo: el milagro no comenzó cuando Lázaro salió. Comenzó cuando alguien decidió creer.

La gloria de Dios no es solo un evento sobrenatural. Es la revelación de quién es Él. Es cuando lo invisible se hace visible. Es cuando Su naturaleza se manifiesta en medio de una situación humana.

Marta pasó de la duda a la experiencia. De la lógica a la revelación. De la fe futura al creer presente.

Y eso cambió todo.

Este es el destino del creer: ver la gloria.

No siempre será en la forma que esperas. No siempre será inmediato. Pero cuando decides creer, te posicionas en un lugar donde Dios puede revelarse.

Y cuando Él se revela, nada vuelve a ser igual.

Hoy, tu historia no está terminada. Tu situación no tiene la última palabra. Tu circunstancia no define el final.

Hay una voz que aún puede hablar.

Hay una gloria que aún puede manifestarse.

Pero todo comienza con una decisión: creer.

No parcialmente. No ocasionalmente.

Sino plenamente, en el ahora.

Porque la gloria de Dios no está reservada para los perfectos… está disponible para los que creen.

Pregunta de reflexión
¿Qué área de tu vida está esperando una manifestación de la gloria de Dios, y qué decisión de creer necesitas tomar hoy?

Oración
Señor, hoy me posiciono para ver Tu gloria. Decido creer con todo mi corazón. Entrego mis dudas, mis temores y mis limitaciones. Habla a mi situación, trae vida donde hay muerte y manifiesta Tu poder. Que mi vida sea un testimonio de Tu gloria. En Cristo Jesús, amén.

Lectura: Juan 11:43-44.

Del plan de lectura devocional "Creer para ver" por Willington Ortiz - willingtonortiz.org

21/07/2026

Creer que se demuestra con acciones

“Entonces quitaron la piedra…” Juan 11:41 RVR1960

Este versículo parece simple, pero contiene una revelación profunda. Antes de que el milagro ocurriera, hubo una acción.

Jesús pudo haber removido la piedra con Su poder. Pero decidió involucrar a las personas presentes.

¿Por qué?

Porque el creer genuino siempre produce una respuesta práctica.

No es pasivo. No es teórico. No es solo interno. Se manifiesta en decisiones, movimientos, obediencia.

Quitar la piedra no resucitó a Lázaro. Pero fue la evidencia de que alguien estaba dispuesto a creer.

Muchas veces queremos ver el milagro sin mover la piedra.

Queremos resultados sin obediencia. Manifestación sin participación.

Pero el Reino funciona en colaboración. Dios hace lo que solo Él puede hacer… pero espera que tú hagas lo que te corresponde.

Creer no siempre es cómodo. A veces implica exponerte, tomar riesgos, dar pasos que no garantizan resultados inmediatos.

Imagínate el momento. Quitar la piedra significaba enfrentar el olor, la evidencia de la muerte. No era una acción agradable. Pero era necesaria.

Así es el creer en muchas ocasiones. No siempre se siente bien. No siempre es fácil. Pero es el paso que abre el camino.

Hoy, quizás Dios no te está pidiendo que entiendas todo. Quizás solo te está diciendo: “Mueve la piedra”. Juan 11:39 RVR1960

Haz lo que puedes hacer. Da el paso que está frente a ti. Obedece en lo pequeño. Porque cuando tu acción se alinea con tu creer… lo sobrenatural encuentra espacio para manifestarse.

Pregunta de reflexión
¿Qué “piedra” necesitas mover hoy como evidencia de que estás creyendo?
Oración
Señor, hoy decido que mi creer no será solo palabras. Dame la valentía para actuar, para obedecer, para mover lo que está en mis manos. Aunque no vea todo claro, doy el paso. Confío en que Tú harás lo que yo no puedo hacer. Amén.

Lectura: Juan 11:41.

Del plan de lectura devocional "Creer para ver" por Willington Ortiz - willingtonortiz.org

Dirección

Lago San Cristóbal, La Turba
Tláhuac
13250

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