27/03/2026
Una vez, al terminar la Misa, alguien dijo emocionado:
“¡Qué hermoso cantó el coro hoy!”
Pero nadie habló de la homilía…
ni del Evangelio…
ni mucho menos de Jesús en la Eucaristía.
Y ahí está el problema.
La música en la liturgia no es un espectáculo, es un servicio. Es oración cantada. Y cuando esto se olvida, incluso con buena intención, se cometen errores que desvían el sentido de la Misa.
Aquí hay 5 que debemos revisar con humildad:
1.- Creer que el coro es protagonista.
El centro siempre es Cristo, no las voces ni los instrumentos.
2.- Elegir cantos por gusto y no por liturgia.
No todo canto “bonito” es adecuado para la Santa Misa.
3.- Cantar sin espíritu de oración.
No es solo afinar… es orar. Un coro que no ora, solo hace ruido.
4.- Excesos que distraen.
Volúmenes altos, arreglos innecesarios o protagonismo individual pueden romper el recogimiento.
5.- Falta de formación litúrgica.
La música en la Iglesia tiene un sentido profundo que debe conocerse y respetarse.
El coro no está para brillar… está para ayudar a que toda la asamblea entre en el misterio de Dios.
Cuando la música cumple su misión, algo hermoso sucede:
+ ya no recuerdas quién cantó…
+ recuerdas que Dios estuvo ahí.
Hoy es buen momento para preguntarnos:
¿Nuestra música acerca a Dios… o distrae de Él?