19/05/2026
"Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen." Hechos 2:1-4
El mismo Espíritu que fue derramado en Hechos 2 sigue siendo derramado hoy sobre aquellos que tienen hambre, que están rendidos y dispuestos. Esta es la hora de retomar la postura del aposento alto: unidad, oración y expectación; la firme determinación de no dar un paso sin Él. Estamos llamados a ser testigos en un mundo sumido en la oscuridad. No tímidos. No distraídos. No agotados. Sino llenos, guiados y empoderados por el Espíritu Santo. Así fue como la Iglesia primitiva puso al mundo de cabeza, y así es como Dios sigue actuando hoy.