20/05/2025
La unción del Espíritu Santo se refiere a la presencia y el poder del Espíritu Santo en la vida de un creyente, que trae consigo autoridad, sabiduría y poder para vivir una vida victoriosa y fructífera, manifestándose en forma de poder para testificar, sabiduría y discernimiento, poder para sanar, autoridad y liderazgo, y paz y gozo, y se recibe y se mantiene a través de la oración, la lectura de la Biblia, la adoración y la comunión con otros creyentes.
¿Cuál es el propósito de la unción?
Jesús enseñó primero acerca del reino a fin de que los discípulos pudieran entender el propósito del poder. Lo mismo sucede con la unción; primero tenemos que saber para qué es, de lo contrario no servirá de mucho tenerla.
El Espiritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos.
(Lucas 4:18)
La palabra clave aquí es "para". ¿Para qué vino el Espíritu Santo sobre Jesús? Nótese que de todos los propósitos ninguno de ellos tiene que ver con un beneficio egoísta o personal, sino que la intención es bendecir a otros. No podemos perder de vista que la unción es para sanar a los enfermos, expulsar demonios, predicar el evangelio, hacer milagros, y que el fin último es que Jesús sea exaltado. Esa es la razón principal por la cual fuimos consagrados y separados al ministerio. Cuando los hombres y mujeres usan su manto o unción para auto-pro-mocionarse, para sacar ganancias deshonestas, para alcanzar fama o posesiones, entonces su carrera termina mal. Afuera hay un mundo enfermo, lleno de inseguridad, miedo, depre-sión, tristeza, amargura y soledad; un mundo atormentado por espíritus inmundos, vacío, sin dirección, que necesita alguien ungido que rompa sus ataduras; alguien que Dios use para hacerlo libre y darle esperanza.
Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción.
(Isaías 10:27)