Todos unidos en Oración con Monseñor Alfonso Ramírez Luna

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INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO. Ven, Espíritu Santo. Despierta nuestra fe débil, pequeña y vacilante. Enséñanos a vivir co...
24/05/2026

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO.

Ven, Espíritu Santo. Despierta nuestra fe débil, pequeña y vacilante. Enséñanos a vivir confiando en el amor insondable de Dios, nuestro Padre, a todos sus hijos e hijas, estén dentro o fuera de tu Iglesia. Si se apaga esta fe en nuestros corazones, pronto morirá también en nuestras comunidades e iglesias.

Ven, Espíritu Santo. Haz que Jesús ocupe el centro de tu Iglesia. Que nada ni nadie lo suplante ni oscurezca. No vivas entre nosotros sin atraernos hacia su Evangelio y sin convertirnos a su seguimiento. Que no huyamos de su Palabra, ni nos desviemos de su mandato del amor. Que no se pierda en el mundo su memoria.

Ven, Espíritu Santo. Abre nuestros oídos para escuchar tus llamadas, las que nos llegan hoy, desde los interrogantes, sufrimientos, conflictos y contradicciones de los hombres y mujeres de nuestros días. Haznos vivir abiertos a tu poder para engendrar la fe nueva que necesita esta sociedad nueva. Que, en tu Iglesia, vivamos más atentos a lo que nace que a lo que muere, con el corazón sostenido por la esperanza y no minado por la nostalgia.

Ven, Espíritu Santo. Purifica el corazón de tu Iglesia. Pon verdad entre nosotros. Enséñanos a reconocer nuestros pecados y limitaciones. Recuérdanos que somos como todos: frágiles, mediocres y pecadores. Libéranos de nuestra arrogancia y falsa seguridad. Haz que aprendamos a caminar entre los hombres con más verdad y humildad.

Ven, Espíritu Santo. Enséñanos a mirar de manera nueva la vida, el mundo y, sobre todo, las personas. Que aprendamos a mirar como Jesús miraba a los que sufren, los que lloran, los que caen, los que viven solos y olvidados. Si cambia nuestra mirada, cambiará también el corazón y el rostro de tu Iglesia. Los discípulos de Jesús irradiaremos mejor su cercanía, su comprensión y solidaridad hacia los más necesitados. Nos pareceremos más a nuestro Maestro y Señor.

Ven, Espíritu Santo. Haz de nosotros una Iglesia de puertas abiertas, corazón compasivo y esperanza contagiosa. Que nada ni nadie nos distraiga o desvíe del proyecto de Jesús: hacer un mundo más justo y digno, más amable y dichoso, abriendo caminos al reino de Dios.

Amén.

LLAMADOS A GENERAR NUEVOS DISCÍPULOS.Hoy celebramos la ascensión de Jesús al cielo, podríamos llamarle también el tiempo...
17/05/2026

LLAMADOS A GENERAR NUEVOS DISCÍPULOS.

Hoy celebramos la ascensión de Jesús al cielo, podríamos llamarle también el tiempo de confianza que Jesús deposita en nosotros; en efecto, ESTAMOS LLAMADOS A CONTINUAR LA MISIÓN QUE ÉL COMENZÓ, Y QUE IMPLICA DAR A CONOCER EL AMOR DEL PADRE A TODOS.

Para iniciar nuestra ascensión al cielo, Él nos da algunas indicaciones. Primero, Jesús llama a los discípulos al monte que les había indicado, lo cual nos enseña, que hay lugares donde podemos encontrarnos con el Resucitado, sin embargo, no tenemos, a menudo, el buen hábito de cultivar y cuidar estos lugares.

El arrastre de este mundo y las preocupaciones de cosas por hacer, constantemente nos roban el tiempo que podríamos dedicar a Dios, como ir a misa, rezar, orar ante el Santísimo, acudir a laconfesión... siempre encontramos razones para posponerlo todo, en cuanto a Dios o a la iglesia se refiera.

Los discípulos van al lugar que Jesús les había indicado; el encuentro es especial, y después de verlo se postran, ¡pero dudan! y... ¿Cuántas veces nos ha pasado esto a nosotros también? Oramos, decimos creer en Dios, pero... cuando algo nos sucede, cuando el sufrimiento, la decepción y la desesperación parecen apoderarse de nosotros, dudamos; si dudamos de que Dios nos ame, nos vea, nos escuche...

Aquí es donde Jesús dice a sus discípulos que Él tiene poder sobre todas las cosas; no es el poder de este mundo, ni el poder de los que poseen; sino el poder de los que dan, de los que saben hacerse a un lado para que otros puedan vivir. Este poder de Jesús se manifiesta cuando envía a sus discípulos a hacer algo hermoso por los demás, "vayan y hagan discípulos... enseñándoles cuanto les he mandado"

¡Jesús confía en nosotros! Jesús tienes mucho que enseñarnos, pero sabe darnos espacio, por ello nos encomienda una misión: hacer discípulos, bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Bautizar personas, sumergiéndolas en el amor de Dios, llevándolas a la maravilla de la paternidad de Dios.

Podríamos hacer nuestra, esta famosa oración de un erudito flamenco anónimo del siglo XIV:
«Cristo ya no tiene manos, solo tiene nuestras manos para hacer su obra hoy.
Cristo ya no tiene pies, solo tiene nuestros pies para guiar a los hombres por sus sendas.
Cristo ya no tiene voz, solo tiene nuestra voz para hablarles a los hombres de sí mismo hoy.
Cristo ya no tiene la fuerza, solo necesita nuestra ayuda para guiar a los hombres hacia sí mismo»

El final del Evangelio es lo mejor «Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo». ¡Jesús asciende, pero no nos deja solos! Siempre está con nosotros, ya no físicamente, sino espiritualmente; asi, está cerca de todos, porque está presente a través del Espíritu, que el Padre enviará para que podamos cumplir la misión que nos ha encomendado.

El Domingo de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, nos invita a subir a la montaña, elevando la mirada hacia arriba para ir más allá de nuestro campo de visión y oxigenar los ojos del corazón.

La liturgia de la Palabra nos recuerda que nuestro destino es Dios, y que nuestro compromiso en el mundo es infundirle el poder transformador del Evangelio. Sin embargo, no hay evangelización sin el compromiso de la Misión, sin entrar en la gracia de la filiación y la fraternidad en una unidad que no destruye, sino que afirma, promueve y realiza la igualdad, haciendo de cada «otro» una criatura única y, sumamente original.

Señor, que tu Espíritu Santo me sostenga en el camino de la vida, para poder cumplir la misión que me has encomendado.

NO LOS DEJARÉ DESAMPARADOS El Evangelio de este domingo nos recuerda siete veces la esencia del mensaje de Jesús: el pri...
10/05/2026

NO LOS DEJARÉ DESAMPARADOS

El Evangelio de este domingo nos recuerda siete veces la esencia del mensaje de Jesús: el principio y la plenitud de todas las cosas es el amor. Es decir, somos amados y, por consiguiente, estamos llamados a amar.

Toda la ley está precedida por «eres amado» y seguida por «amarás». Jesús no impone reglas, no coacciona, se convierte en un mendigo de amor y nos dice con delicadeza: «Si me amáis…». Aquí, somos libres de amarlo o no; y no hay atajos ni frases vacías: «Si me amáis, guardaréis…».

En Jesús, no es el mandamiento lo que viene primero, sino el amor. Es el amor lo que nos impulsa a observar la Palabra. Es como cuando alguien ama y hace todo lo posible por no desagradar al amado, y no le pesa hacer ciertas cosas porque en el amor no hay restricciones.

Y aquí está la otra consecuencia, la promesa de Jesús: «Y yo rogaré al Padre, y él os dará otro Paráclito para que esté con vosotros para siempre». He aquí que el Padre no nos deja solos; nos envía al Espíritu Santo, el Paráclito.

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos, pues pronto ya no le tendrán. Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, ha sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y los ha iniciado en su proyecto humanizador.

Les habla apasionadamente del Espíritu, pues no los quiere dejar huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que les dé «otro Defensor» para que «esté siempre con ellos». Jesús lo llama «el Espíritu de la verdad».

Este «Espíritu de la verdad» no ha de ser confundido con una doctrina; esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los documentos de la jerarquía, es algo mucho más profundo.

Este «Espíritu de la verdad» no nos convierte en «propietarios» de la verdad. No viene para que impongamos a otros nuestra fe, ni para que controlemos su ortodoxia. Viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a abrirnos a su verdad ESCUCHANDO, ACOGIENDO y VINIENDO su EVANGELIO.

Este «Espíritu de la verdad» no nos hace tampoco «guardianes» de la verdad, sino testigos. Nuestro quehacer no es disputar, combatir ni derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y «amar a Jesús guardando sus preceptos».

Este «Espíritu de la verdad» está en el interior de cada uno de nosotros defendiéndonos de todo lo que nos pueda apartar de Jesús. Nos invita a abrirnos con sencillez al misterio de un Dios Amigo de la vida. Quien busca a este Dios con honradez y verdad no está lejos de él. Jesús dijo «Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

Este «Espíritu de la verdad» nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se la llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad...

Señor Dios nuestro, infúndenos tu Espíritu de la verdad, para que, llenos de tu sabiduría, sepamos dar razón de nuestra esperanza.

EL CAMINOEl Evangelio de este domingo nos presenta la angustia de los apóstoles, sus dudas y sus objeciones a las palabr...
03/05/2026

EL CAMINO

El Evangelio de este domingo nos presenta la angustia de los apóstoles, sus dudas y sus objeciones a las palabras de Jesús; angustia a la que le siguen las palabras tranquilizadoras que Jesús, diciéndoles «No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. No se angustien sus corazones; voy a prepararles un lugar».

Sin embargo, a la pregunta de Tomás «Señor, no sabemos adónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?» nos interpela; con ello, Jesús nos dice que tenemos una meta que alcanzar, y también nos muestra el camino a seguir, que es Él mismo. Preguntémonos ¿conocemos el «camino»?; a Jesús, ¿lo hemos conocido o al menos hemos empezado a conocerlo? Si Jesús nos dijera «¡No los conozco!», entonces estás palabras son las que deberían perturbar nuestra paz.

No pensamos que, lo poco que creemos conocer de Jesús, es suficiente; Jesús nunca es algo que podamos comprender del todo, siempre va delante de nosotros.

Las palabras de Tomás, finalmente, en el curso de la conversación, le dan a Jesús la oportunidad de pronunciar una confesión «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre sino por mí».

«Yo soy el camino»
El problema de muchos no es que vivan extraviados. Sencillamente viven sin camino, perdidos en una especie de laberinto: andando y desandando los mil caminos que, desde fuera, les van indicando las consignas y modas del momento.

El que camina tras los pasos de Jesús podrá seguir encontrándose con problemas y dificultades, pero está en el camino acertado que conduce al Padre. Esta es la promesa de Jesús.

«Yo soy la verdad»
Estas palabras encierran una invitación escandalosa a los oídos modernos. Y, sin embargo, también hoy hemos de escuchar a Jesús. No todo se reduce a la razón. El desarrollo de la ciencia no contiene toda la verdad. El misterio último de la realidad no se deja atrapar por los análisis más sofisticados. El ser humano ha de vivir ante el misterio último de su existencia.

«Yo soy la vida»
Jesús puede ir transformando nuestra vida. No como el maestro lejano que ha dejado un legado de sabiduría admirable a la humanidad, sino como alguien vivo que, desde lo más profundo de nuestro ser, infunde en nosotros un germen de vida nueva.

Esta acción de Jesús en nosotros se produce casi siempre de forma discreta y callada. El mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible. A veces, sin embargo, nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna.

Nunca entenderemos la fe cristiana si no acogemos a Jesús como el camino, la verdad y la vida.

Señor, toma mi mano y guíame, con tu verdad, por el camino de la vida.

ACOGER LA FUERZA DEL EVANGELIOEl Evangelio del Tercer Domingo de Pascua está dedicado a la historia de los discípulos de...
19/04/2026

ACOGER LA FUERZA DEL EVANGELIO

El Evangelio del Tercer Domingo de Pascua está dedicado a la historia de los discípulos de Emaús. El evangelista Lucas relata con detalle todo lo sucedido después de la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Este texto es definido por los exegetas y biblistas, como eucarístico, porque, como leemos, Jesús es reconocido por los dos discípulos, después de una larga lección y catequesis, en la fracción del pan.

Y esque en el camino de Jerusalén a Emaús, Jesús se une a la conversación de los dos discípulos, que no eran apóstoles, y con detalle les explica todo lo que ya se había anticipado, desde los profetas, sobre el Mesías, para que comprendieran el misterio de la Resurrección del Señor.

En el corazón de ellos, poco a poco, algo se va despertando, no saben exactamente qué les está sucediendo. Más tarde dirán: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Luego, al haber una necesidad de tenerle cerca, no le quieren dejar marchar, de ahí la expresión: «Quédate con nosotros», y es durante la cena, que se les abren los ojos y lo reconocen.

Este es el gran mensaje de este relato: CUANDO ACOGEMOS A JESÚS COMO COMPAÑERO DE CAMINO, SUS PALABRAS PUEDEN DESPERTAR EN NOSOTROS LA ESPERANZA PERDIDA.

Jesús continúa estando con nosotros en el sacramento de la Eucaristía, en esa comunión celebrada y luego vivida que Él desea experimentar primero con nosotros. ¡Ojalá comprendiéramos que podemos experimentar toda esta belleza en cada celebración eucarística bien vivida!

Muchas personas han perdido su confianza en Jesús, ya que poco a poco se les ha ido convirtiendo en un personaje extraño e irreconocible. Todo lo que saben de él es lo que han escuchado a predicadores y catequistas.

Sin duda, la homilía de los domingos cumple una tarea insustituible, pero resulta claramente insuficiente para que las personas de hoy puedan entrar en contacto directo y vivo con el Evangelio.

Este pasaje bíblico nos enseña dos cosas fundamentales: el redescubrimiento de la fe en el misterio de la Resurrección de Cristo y la fe en la comunión entre los discípulos y el Señor.

No hay verdadera Pascua, a menos que la Iglesia, la humanidad y la sociedad redescubran el don de la fraternidad, la comunión fraterna, el compartir y el caminar juntos hacia las más elevadas metas de santidad.

Este texto nos ayuda a comprender, finalmente, cómo, sin la cercanía del Señor, nos resulta difícil avanzar y encontrar sentido a nuestras vidas.

Jesús nos toma de la mano, nos acompaña y nos ayuda a comprender todo lo necesario para nuestro propio bien, para el bien de la Iglesia y para la humanidad, especialmente para aquellos que están desanimados, tristes y se sienten abandonados por todos.

Emaús es una obra maestra de diálogo reconfortante. Emaús asegura a todos que, al escuchar las Escrituras en la Liturgia de la Palabra y participar en la fracción del pan en la Liturgia Eucarística, se encuentran verdaderamente con Cristo y redescubren la fe y la esperanza.

En estos tiempos difíciles, cuando resulta complicado vivir en paz no solo entre nosotros, sino también entre las naciones, pedimos al Señor, quien se apareció a los discípulos de Emaús, que sea compañero de viaje de los hombres de nuestro tiempo que desean y buscan la paz con corazón sincero y en verdad.
Amén.

LA DIVINA MISERICORDIA A TRAVÉS DE LA FE EN CRISTO Y LA IGLESIA.Nos encontramos en el Segundo Domingo de Pascua, o Domin...
12/04/2026

LA DIVINA MISERICORDIA A TRAVÉS DE LA FE EN CRISTO Y LA IGLESIA.

Nos encontramos en el Segundo Domingo de Pascua, o Domingo de la Divina Misericordia; una preciosa oportunidad para redescubrir, contemplar y saborear la infinita misericordia de Dios.

Los discípulos están encerrados en su casa por miedo; miedo a los judíos, miedo al sufrimiento, miedo a la muerte. Las puertas cerradas de las que habla el Evangelio, no son solo de madera, sino que representan también nuestras defensas; son los muros que construimos cuando la vida nos ha herido o cuando nos sentimos amenazados que, con frecuencia, son el miedo a la inseguridad, a la violencia que diariamente vivimos; al sufrimiento, lo que finalmente nos lleva a cerrarnos al amor.

Precisamente en este cerrarse, es donde Jesús resucitado se hace presente, no llama a la puerta, no reprende, no pregunta; simplemente se para en medio y dice «La paz sea con ustedes». La paz de Jesús no es solo un deseo, es un don; es el don de esa verdadera paz de la que Jesús es la fuente. Es la paz que el mundo no da. La Paz de la que, constantemente nos ha hecho mención el Santo Padre, el Papa Leon, desde el inicio de su pontificado.

La paz no es la ausencia de problemas, no, sino la presencia de Alguien que te hace sentir seguro, incluso en medio de ellos. La paz de Alguien que te ama y te perdona antes de que te des cuenta. Es la paz que necesitamos desde nuestro interior, para poder lograla en el mundo entero; la paz que a los discípulos (y a través de ellos a nosotros), atrapados en sus miedos, sus sentimientos de culpa, inseguridades e insuficiencias, Jesús se dirige y les dice «Paz».

Aqui mismo nos encontremos con Tomás, el incrédulo, ausente mientras Jesús está con los demás apóstoles, y quien no se conforma con las historias de los demás, ni tampoco recibe el saludo de paz; él quiere tocar, quiere una experiencia auténtica; sin embargo, no está totalmente cerrado al mensaje de los demás. Jesús regresa ocho dias después, especialmente para él, y cuando Tomás se encuentra ante el Resucitado, su expresión es una expresión de fe al exclamar «¡Señor mío y Dios mío!». La fe no consiste en comprenderlo todo, sino en reconocer a aquel que está frente a nosotros.

Bienaventurados somos nosotros, que no vemos al Resucitado con nuestros ojos físicos, pero que seguimos confiando y creyendo que vale la pena seguir a Jesús, que vale la pena amar, perdonar y confiar.

Solo Jesús salvará a su Iglesia. Solo él nos liberará de los miedos que nos paralizan, romperá los esquemas aburridos en los que pretendemos encerrarlo, abrirá tantas puertas que hemos ido cerrando a lo largo de los siglos, enderezará tantos caminos que nos han desviado de él.

Lo que se nos pide es reavivar mucho más en toda Iglesia, la confianza en Jesús resucitado, movilizarnos para ponerlo, sin miedo en el centro de nuestras vidas, parroquias y comunidades; concentrándo todas nuestras fuerzas en escuchar bien lo que su Espíritu nos está diciendo hoy.

En definitiva, la experiencia de la Pascua es una experiencia de misericordia. Dios viene a nuestro encuentro en nuestros momentos de soledad, permanece con nuestras heridas para darles sentido, no teme nuestras dudas y restaura nuestra paz.

LA ENTRADA TRIUNFAL DE JESÚS Y LA PALMA DE LA PAZ. Con el Domingo de Ramos, que celebramos hoy, entramos en el corazón d...
29/03/2026

LA ENTRADA TRIUNFAL DE JESÚS Y LA PALMA DE LA PAZ.

Con el Domingo de Ramos, que celebramos hoy, entramos en el corazón del misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. La verdadera Pascua, celebrada por Cristo, comienza hoy, cuando es recibido con alegría y triunfo.

La liturgia de este importante y emotivo domingo del calendario litúrgico nos presenta dos caras: la de la alegría por la entrada de Jesús en Jerusalén y la del sufrimiento, sobre la cual se nos invita a meditar, al leer la Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

El Evangelio de San Mateo describe brevemente lo que le sucedió a Jesús cuando, tras completar su viaje por Palestina, partió con determinación hacia el lugar donde sería crucificado y resucitado: la Ciudad Santa, donde se despliegan la alegría, el drama y la gloria de nuestro Redentor.

La palma que hoy, una vez bendecida, llevamos a nuestros hogares, expresa el profundo anhelo que todos albergamos en nuestros corazones y vidas: estar en paz con todos y reconciliarnos con aquellos a quienes nos oponemos y con quienes estamos en guerra.

Por eso, más que nunca en este Domingo de Ramos, deseamos enviar nuestra palma virtual de la paz, a todos aquellos que se declaran la guerra y amenazan con la destrucción masiva, y a toda la humanidad.

Unámonos al pueblo de Jerusalén que alegremente precedió y siguió a Jesús, clamando: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!». Que el Señor venga al corazón de esta humanidad, turbada y angustiada por pensamientos que le impiden vivir en paz.

Esto es lo que escucharemos en el texto de la Pasión de Cristo del Evangelista Mateo, que constituye el otro aspecto, el del sufrimiento y el dolor, en esta singular celebración anual del Domingo de Ramos.

Oremos durante estos santos días de la Gran Semana, para que la Pascua traiga paz y tranquilidad a todos, y que nadie muera ni sufra a manos de otro, lejos de lo divino y lo humano.

JESÚS AMIGO. El Evangelio del quinto y último domingo de Cuaresma, nos invita a reflexionar profundamente sobre otro mil...
22/03/2026

JESÚS AMIGO.

El Evangelio del quinto y último domingo de Cuaresma, nos invita a reflexionar profundamente sobre otro milagro que Jesús realiza, en preparación para la Pascua; al mismo tiempo le acompañamos al Gólgota, vamos a morir con Él, como dijo Tomás cuando Jesús decidió ir de Galilea a despertar a Lázaro, tratándose de devolverle la vida a aquel amigo que llevaba cuatro días mu**to.

La resurrección de Lázaro es una muestra de esperanza que proviene de la fe en Jesús, una garantía de una resurrección futura para todos. La presencia de Jesús es la certeza de la vida y la salud del cuerpo y el espíritu.

En el tiempo actual, nosotros también nos sentimos momificados, dentro de la tumba de una existencia tan absorta en las cosas materiales que nos aleja de Dios. Hoy por hoy, hay tantas señales de muerte que nos llevan a los rincones más oscuros de la vida, como la falta de amor, de solidaridad y la sed de poder, que construyen escenarios de muerte y aumentan el número de los sepultados. Y Jesús llora por ello.

En este pasaje Evangélico, descubrimos a Jesús como un verdadero amigo que llora por el amigo; es una relación real, no platónica, tanto... que Jesús, incluso, se deja reprender, como lo haría un amigo que está de luto. Se conmueve incluso ante la reprimenda y el dolor sincero de su amiga María «¡Si hubieras estado aquí, mi hermano no habría mu**to!», palabras llenas de dolor y cercanía, que lo llevan a actuar, "Jesús lloró".

Jesús muestra que la verdadera amistad no es ni fusión ni confusión, sino la capacidad de comprender la experiencia del otro, sin perder la propia identidad. Comparte lo que siente su amigo, se conmueve con sus alegrías y sus dificultades, y al mismo tiempo permanece como Maestro, como guía, como presencia orientadora. Jesús nos muestra, cómo una relación armoniosa no absorbe al otro en su propio rol, sino que simplemente expresa una diferencia.

La amistad que Jesús nos revela se nutre de la presencia y la conexión, en el aquí y ahora. Un amigo no es un compañero que se relaciona superficialmente, perdiéndose a sí mismo y haciendo que otros se pierdan. Un amigo es alguien que sabe cómo ponerse en la diferencia y sentir el dolor de los demás, regocijarse en su alegría y amar con un amor desinteresado.

El amor a Dios y al prójimo se fusiona con una sabia concreción; por eso Jesús pide: «Desátenlo y déjenlo ir» (v. 44). Esta es la paráfrasis del amor de Dios que debemos aprender: un amor liberador.

Asegurémonos de que esta Cuaresma, que está a punto de llega a su fin, sea una valiosa oportunidad para que todos compartamos con los demás la alegría de vivir y la alegría de nuestro propio existir.

«Señor Jesús, hombre verdadero como nosotros, lloraste por tu amigo Lázaro y, como Dios eterno, lo resucitaste. Hoy extiendes tu misericordia a toda la humanidad y, por los santos misterios, nos conduces de la oscuridad de la muerte a la luz de la vida. Que nuestros corazones se abran a tu presencia, que nuestra fe se renueve con esperanza y que nuestras vidas sean signo de tu victoria. Amén.»

OJOS NUEVOS... El Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma, en el que centramos nuestra reflexión, nos presenta otro...
15/03/2026

OJOS NUEVOS...

El Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma, en el que centramos nuestra reflexión, nos presenta otro milagro importante y significativo realizado por Jesús, que resalta aspectos fundamentales de la vida de fe, esperanza y caridad.

En este pasaje del Evangelio de Juan, estas tres virtudes teologales se expresan claramente: la fe, manifestada en la vista que recupera por primera vez el ciego de nacimiento, una limitación tan severa para cualquier persona, y especialmente para un hombre de edad avanzada; la esperanza de curación, que surge claramente de todo el rito establecido y organizado por el Señor para devolverle la vista, que implica el uso de barro y saliva, dos elementos bíblicos relacionados con la creación del hombre; y la caridad que Jesús expresa hacia este hombre que le pide ayuda y que, de hecho, la recibe plenamente, considerando que comienza a ver por primera vez en su vida.

Lo interesante de este pasaje es la creencia errónea de que toda privación física o limitación biológica, que hoy se denomina discapacidad y a quien la padece se le define como persona con capacidades diferentes, era consecuencia del pecado del individuo o de sus familiares. Una especie de maldición celestial que, según una interpretación errónea del Antiguo Testamento, era un castigo divino contra el individuo o la familia.

Jesús, con su catequesis sobre el sufrimiento, la enfermedad o la privación de algo físico, explica detalladamente la enfermedad y el sufrimiento a la luz de la gracia, no de la privación. Toda limitación biológica no es un castigo, sino una oportunidad de purificación y santificación para uno mismo y para los demás.

En el milagro del hombre ciego de nacimiento, se manifiesta plenamente la gracia de Dios y el amor del Señor por los pobres y los que sufren. El discurso moral sobre el pecado asociado a la enfermedad física es superado por el Señor, centrando la atención en la persona sanada y en el don recibido de la salud física completa, en lugar de en su deficiencia anterior.

Siempre debemos ver el lado positivo de la lógica de Dios en todos los sentidos, y no hay ningún pasaje bíblico, milagro o parábola del Señor que no esté inspirado por este aspecto y por esta importante revelación de que Dios es amor, cercanía, perdón, misericordia y, sobre todo, luz, esperanza y vida, incluso para aquellos que andan a tientas en la oscuridad de la falta de fe y viven en pecado.

Siempre hay un momento y una oportunidad para que cada persona sane o ayude a otros a sanar de sus carencias espirituales. No se trata de ser médicos del cuerpo, pues eso es lo que hacemos, sino de acompañar a quienes están espiritualmente ciegos a encontrar, por primera vez, o a redescubrir, la luz de la fe, la esperanza y la caridad que el milagro del hombre que nació ciego resalta con claridad.

A Jesús le da miedo una religión defendida por escribas seguros y arrogantes, que manejan autoritariamente la Palabra de Dios para imponerla. Teme a los doctores de la ley, más preocupados por «guardar el sábado» que por «curar» a mendigos enfermos. Le parece una tragedia una religión con «guías ciegos» y lo dice abiertamente: «Si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán al hoyo». Teólogos, predicadores, catequistas y educadores, que pretendemos «guiar» a otros sin tal vez habernos dejado iluminar nosotros mismos por Jesús.

Hoy, nuestra Iglesia no necesita de predicadores que llenen las iglesias de palabras, sino testigos que contagien, aunque sea de manera humilde, su pequeña experiencia del evangelio. No necesitamos fanáticos que defiendan «verdades» de manera autoritaria y con lenguaje vacío, tejido de tópicos y frases hechas.

Necesitamos creyentes de verdad, atentos a la vida y sensibles a los problemas de la gente, buscadores de Dios capaces de escuchar y acompañar con respeto a tantos hombres y mujeres que sufren, buscan y no aciertan a vivir de manera más humana ni más creyente.

Que Jesús nos conceda a cada uno el maravilloso don de la luz de su amor y de su espíritu. Amén.

DIOS NOS DEVUELVE LA DIGNIDAD DE SER SUS HIJOS. El Evangelio del tercer domingo de Cuaresma nos lleva con Jesús al pozo ...
08/03/2026

DIOS NOS DEVUELVE LA DIGNIDAD DE SER SUS HIJOS.

El Evangelio del tercer domingo de Cuaresma nos lleva con Jesús al pozo de Jacob, donde, cansado del viaje de Galilea a Samaria, se detiene para sacar agua de este manantial fresco para beber y saciar su sed.

Allí se encuentra con una mujer samaritana, que también había ido a buscar agua para su familia, y le pide agua. Entre ambos, que no debían hablarse, se inicia un diálogo que lleva a Jesús a interactuar con la mujer y a la mujer con Jesús.

El encuentro entre Jesús y la samaritana es emblemático ya que muestra la manera, cómo Dios se encuentra con cada uno de nosotros. Representa a toda la humanidad, con su fragilidad, con la que coexiste sin distanciarse del mal. Esa agua de la que habla Jesús, que la mujer no comprende, es el agua que nos llega en abundancia en el sacramento del perdón y la entrega.

Con la samaritana, Jesús se revela como un verdadero esposo, no como un amo. Se revela como el hombre que la mujer nunca ha conocido, una fuente inagotable que da vida y la convierte a su vez en una fuente.

Dios viene a devolvernos la dignidad de ser sus hijos. Jesús nos hace fuentes del agua, dándonos la capacidad de ser un sostén para los demás, incluso y especialmente cuando somos conscientes de haber sido adúlteros, de haber bebido de muchas cisternas rotas; por ello, Jesús nos busca, nos espera y quiere venir a nosotros.

La escena, recreada por el evangelista Juan, nos permite conocer cómo era Jesús. Un profeta que sabe dialogar a solas y amistosamente con una mujer samaritana. Un hombre que sabe escuchar la sed del corazón humano y restaurar la vida de las personas.

Sin embargo, algo no va bien en nuestra Iglesia si las personas más solas y maltratadas no se sienten escuchadas y acogidas por los que decimos seguir a Jesús.

Algo no va bien en nuestra Iglesia si la gente nos ve casi siempre como representantes de la ley y la moral, y no como profetas de la misericordia de Dios. Jesús atraía a las personas hacia el Padre revelándoles su amor compasivo.

Algo no va bien en nuestra Iglesia cuando la gente, perdida en una oscura crisis de fe, pregunta por Dios y nosotros le hablamos del control de natalidad, el divorcio o los pr*********os. Jesús hablaba con la samaritana tratando de mostrarle el mejor camino para saciar su sed de felicidad.

Algo va mal en nuestra Iglesia si la gente no se siente querida por quienes somos sus miembros. «Si quieres conocer a una persona, no preguntes por lo que piensa, pregunta por lo que ama». San Agustín.

Que la Cuaresma que celebramos, sea un tiempo de conversión para cada uno de nosotros, y para quienes desean encontrar al Señor en la gracia santificante de los sacramentos, particularmente, en las celebraciones penitenciales y eucarísticas.

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