02/03/2026
La pereza no es solo falta de acción… es una batalla espiritual.
No siempre se trata de cansancio físico.
Muchas veces es un desgaste del alma, una lucha interna que intenta apagar el fuego que Dios puso en nosotros.
La pereza enfría la pasión.
Apaga la visión.
Debilita el propósito.
Pero Dios no nos llamó a una vida tibia ni pasiva.
Nos llamó a servir, a crecer, a perseverar.
La Escritura dice:
“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor.”
Romanos 12:11
Observe el orden:
Diligencia.
Fervor.
Servicio.
Cuando el espíritu está encendido, la pereza pierde fuerza.
Cuando recordamos a quién servimos, encontramos nuevas fuerzas.
Tal vez hoy no sientes ganas.
Tal vez estás desanimado.
Pero el llamado sigue siendo el mismo:
No perezosos. Fervientes. Sirviendo.
No dejes que la apatía apague el propósito eterno que Dios depositó en ti.
Levántate en oración.
Renueva tu mente en la Palabra.
Y vuelve a encender el fuego.
Porque el Reino no avanza con espectadores…
avanza con siervos diligentes.