26/05/2026
Devocional matutina para el 26/05/2026 Hacer El Bien: 👍🏽 ✨
No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos (Romanos 12:17).
¿Te disgustaste alguna vez por ser despreciada cuando tratabas de ayudar a alguien? La tendencia es cultivar la rabia, ¿no es cierto? O alejarte, ignorando a la persona. Observa cómo Jesús nos enseña a lidiar con esas situaciones en el versículo de hoy: no pagando a nadie mal por mal y haciendo lo que es correcto. Hacer lo bueno, de manera legítima, no consiste en agradar a las personas que nos tratan bien y que no nos decepcionan. Eso sería fácil y no desafiaría nuestro orgullo. Hacer lo bueno, según el reino de Dios, es hacer un esfuerzo extra para tener actitudes bondadosas y generosas para con aquellos que erraron, que nos hirieron y que fueron injustos con nosotros. La traducción Reina Valera 1995 usa la expresión "procurad lo bueno". Ese consejo inspirado tiene que ver primero con el bienestar de la persona ofendida por alguien. ¿Sabes por qué? Porque cuando procuramos hacer lo bueno a quien nos hizo sentir tristeza y resentimiento, estamos sanando la herida producida por la injusticia sufrida. Jesús fue el mayor ejemplo en hacer el máximo bien a los ofensores. Aun cuando fue abofeteado, escupido y herido, les ofreció su propia sangre. Inspirados por el Espíritu Santo, muchos personajes bíblicos se esforzaron por hacer el bien a quienes los habían ofendido o amenazado. José se esforzó por tratar con bondad a sus hermanos agresores, los perdonó y cumplió los propósitos de Dios. Moisés intercedió por el pueblo pendenciero y quejoso que conducía por el desierto, aun sabiendo que, en algún momento, seguiría culpándolo a él por supuestas desgracias que imaginaban estar enfrentando. Abigail se esforzó para hacer el bien a David y a los hombres que estaban reaccionando a la ofensa que les había hecho su marido, y evitó una tragedia. David, aunque era fugitivo y estaba siendo amenazado por Saúl, se esforzó por tratarlo con respeto. Incluso cuando tuvo la oportunidad de matarlo, dejó la justicia en manos de Dios. Es necesario esforzarnos para hacer lo bueno a quien no lo merece. No sabemos hasta qué punto estaremos siendo usadas por Dios para impresionar la mente de nuestros ofensores para que reconozcan sus errores y estén dispuestos a aprender de las lecciones que Dios pretende enseñarles. Dejemos nuestro orgullo de lado y permitamos ser esos instrumentos en las manos de Dios.