14/04/2024
Queridos amigos y hermanos en Cristo,
Al celebrar mi 25 aniversario sacerdotal, me siento profundamente conmovido al reflexionar sobre las palabras del Papa Benedicto XVI:
«El sacerdote es un hombre que ofrece su humanidad a Dios
para que Dios pueda servirse de él.»
Esta vocación, que abracé hace un cuarto de siglo, ha sido un camino de entrega y servicio, en el que he buscado, como nos recuerda San Pablo, llevar: «este tesoro en vasijas de barro para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.» (2 Corintios 4, 7)
En estos años, he experimentado en carne propia la descripción del sacerdocio que compartí en mi 15º aniversario. He sido, a los ojos del mundo, un enigma, un centinela en un puesto dislocado, recordando la presencia de Dios en un mundo que a menudo prefiere relegarlo a la periferia. He sido confidente de los más íntimos secretos, temido y a la vez buscado por aquellos que anhelan la cercanía de Dios. He sido un extraño, un incomprendido, incluso para aquellos más cercanos a mí.
Pero en medio de estos desafíos, he encontrado la alegría de entregarme por completo a Dios y a su pueblo. He descubierto que, al ofrecer mi humanidad a Dios, Él ha obrado maravillas a través de mí, a pesar de mis debilidades y limitaciones. He sido testigo de su amor y su gracia transformando vidas y corazones.
En este significativo aniversario para un servidor, quisiera invitarlos a unirse a mí en la Acción de Gracias por este don tan inmerecido al que el Señor, en su infinita misericordia, me llamó, posando su mirada en un hombre limitado como yo.
Los invito de corazón a acompañarme en la celebración de la Santa Misa el día 23 de agosto a las 13:00 hrs. en la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe de la CDMX.
Juntos, demos gracias a Dios por estos 25 años de ministerio sacerdotal, por su fidelidad y su amor incondicional, y pidamos su bendición para continuar sirviendo con entrega y dedicación a su pueblo.
Agradezco profundamente sus oraciones y su apoyo a lo largo de estos años. Que Dios, en su infinita misericordia, nos conceda la gracia de seguir caminando juntos como Iglesia, como familia en Cristo.
Con afecto y gratitud,
P. Eduardo Aguilar