06/08/2026
Hoy, en la reunión de entre semana, estuvimos estudiando “La lengua: su uso y abuso” (Santiago 3:1-12). 📖
Es un tema que quizá muchos hemos escuchado antes, pero la Palabra de Dios siempre tiene algo nuevo que enseñarnos. En esta ocasión, hubo un versículo que llamó especialmente mi atención:
“Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros…” (Santiago 3:1).
Mientras escuchaba la enseñanza, no podía dejar de preguntarme:
🤔 ¿Por qué Santiago hace esta advertencia?
En el judaísmo, ser maestro era una posición muy respetada. Algunos podían desear ese lugar por el prestigio que representaba, más que por el deseo de servir.
Pero Santiago nos recuerda que quien enseña:
📌 Será juzgado con mayor rigor, porque influye en la vida de otros.
🗣️ Puede hacer mucho bien… o mucho daño con sus palabras.
❤️ Debe vivir de acuerdo con lo que enseña.
No es casualidad que, inmediatamente después (Santiago 3:2-12), hable del dominio de la lengua. El mensaje es claro: quien enseña debe aprender primero a gobernar sus propias palabras, porque una lengua sin dominio puede desviar a muchas personas.
Este pasaje no busca desanimar a quienes Dios llama a enseñar, sino recordar que la enseñanza bíblica exige:
📖 Fidelidad a la Palabra de Dios.
🤍 Un carácter íntegro.
🙏 Humildad.
👥 Responsabilidad por la influencia que se ejerce sobre otros.
En otras palabras, el privilegio de enseñar siempre va acompañado de una mayor responsabilidad delante de Dios.
Y aunque sea una frase de ficción, me vino a la mente una verdad que expresa muy bien este principio:
🕷️ “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.” — Tío Ben
Pero Jesús lo llevó aún más lejos:
“Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.”
Mateo 23:10-12
Que Dios nos conceda la humildad para servir, la sabiduría para hablar y la integridad para vivir aquello que enseñamos. 🙏