19/02/2023
DOMINGO VII DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO A
19 de febrero de 2023
Queridos hermanos muy buenos días, en la primera lectura del libro de Levítico, nos habla sobre los actos litúrgicos que debían hacer los sacerdotes en el templo, además, de temas de santidad, como lo leemos hoy, el cual, nos pide que seamos santos como Dios es santo, así como el tener una buena relación con los demás (fraternidad), no odiar ni vengarnos, mucho menos guardar rencores. Pero la actitud que nos invita que realicemos está por encima de todas ellas: amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Por otra parte, la segunda lectura que corresponde a la carta del apóstol San Pablo a los Corintios, presenta de nueva cuenta la división que se vivía en esa comunidad, pero Pablo les expresa que, como comunidad cristiana, son un templo, y en ese templo habita el Espíritu Santo y sus divisiones las destruye. Pablo también nos presenta la diferencia entre la sabiduría divina y la sabiduría humana, considerando la sabiduría de este mundo una terquedad para Dios.
En el evangelio de san Mateo, ahora nos presenta dentro de los temas que se escuchan en el sermón de la montaña: La caridad fraterna. El mensaje central de este domingo es el de tener un amor universal, y el no regresar mal por mal, superando en todo a la ley del talión.
Aplicación en nuestra vida
Continuando con el sermón de la montaña, Jesús nos sigue instruyendo y nos sigue poniendo en aviso sobre las exigencias del reino, pero este domingo la exigencia es más radical: nos habla de la caridad fraterna.
Pero ante la necesidad de tener un modelo a quien imitar, es el mismo Dios, lleno de gloria y santidad a quien debemos imitar, que es propuesto por Jesús. Para ejemplo de una fraternidad universal Jesús nos presenta al sol, quien sale a dar luz sobre malos y buenos, al igual que la lluvia cae sobre justos e injustos, por eso, si nuestro actuar es semejante, nos reconoceremos como hijos de Dios.
Ante esto, es necesario reflexionar a nuestros adentros y, observarnos si ¿En verdad reconocemos el modelo de santidad que Jesús nos propone?, y si ¿Al sentirnos perdonados, somos también hombres que perdonan, que cura y que llenamos de gracias y de amor a quienes nos rodean? ¿Perdonamos a aquellos que nos injurian e insultan? ¿Soy perfecto o me encamino a ser perfecto?
El amar a nuestro prójimo como a nosotros mismo, implica el tener un amor sobre nuestra propia persona, no el limitarse a conservar la vida, sino el sentirse realizado en todos los ámbitos de nuestra vida, como lo es en las relaciones de pareja, familiares, sociales, laborales que, con ello, nos conduce a sentirnos amados y reconocer que la persona que más debo amar, es a mí mismo, para poder amar a los demás.
Este domingo, pareciera que Jesús desarrolla la cuarta bienaventuranza, “dichosos cuando los insulten y los odien”, destinada a aquellos que no responden al mal, que opacan la venganza y la violencia y saben perdonar y, aunque es poco visto en una sociedad que vive de esto, si es posible responder en el amor ante la maldad en cualquier ámbito, ya sea familiar, social o en la dimensión política del hombre (zoom politikon) en lo nacional e internacional.
Talión, viene de la palabra talis, que se interpreta como aquel castigo debe ser proporcional a la ofensa, pero en Jesús va más allá, tanto así que, cuando es golpeado ante el juez por el soldado, no respondió con violencia, sino sólo se limitó a pedir una explicación por tal conducta.
Por eso, cuando Jesús nos pide amar a quienes nos aborrecen, va implícito que ya amamos a nuestros amigos, por eso tenemos que ir más adelante, es decir, trascender en ese amor, pues podríamos caer en un saludo interesado o una mera practica o táctica comercial o política.
Por tanto, el maestro no pide que nos quedemos quietos ante las injusticias, sino que luchemos contra el mal y las injusticias sin guardar en ningún momento odio, venganza o rencor en nuestro corazón.
Queridos hermanos, pidamos a Dios padre que nos dé el Espíritu Santo, y con ello, logremos identificar a aquellos hermanos que nos hacen el mal y que nunca respondamos mal por mal, teniendo por ejemplo a la santidad y gloria de Dios, perdonando siempre a nuestros enemigos, así como Jesús perdonó en la cruz, optando siempre por una postura que nos identifique como hijos de Dios. Que así sea.
Atentamente
Seminarista de teología de la diócesis de Papantla
Job Sánchez Hernández