22/05/2026
Les planteo simplemente la cuestión. Por cierto, esta misma cuestión me fue planteada por un sacerdote de la Fraternidad San Pedro, quien él mismo respondió: ¿las promesas de 1988, contenidas en el motu proprio Ecclesia Dei afflicta, fueron cumplidas? No; efectivamente, no lo fueron.
Dicho esto, ellos tienen de todos modos sus sacerdotes ordenados cada año, ciertamente por obispos diocesanos, y así pueden continuar aprovechando y beneficiándose de los sacramentos. Pero esta situación sigue siendo siempre precaria. Se ha visto claramente con el motu proprio Traditionis Custodes, que manifiesta claramente la intención de Roma de restringir esta libertad.
Y además, se trata de privilegios. Ahora bien, pienso que aquí hay algo muy importante: todo esto es concedido no por el bien de la Iglesia, sino como una concesión, una tolerancia otorgada a estas comunidades, las cuales deben reclamarla constantemente y defenderse para obtener el menor espacio.
Por nuestra parte, queremos —y esta es la idea de partida— el bien de la Iglesia. Como decía el Padre Pagliarani, no reclamamos simplemente la posibilidad de celebrar la Misa en una capilla lateral; queremos el altar mayor, porque queremos la Iglesia, el bien de la Iglesia.