12/01/2026
BAUTISMO DEL SEÑOR: “Este es mi Hijo muy amado”
En el Bautismo de Jesús, el cielo se abre y se escucha una voz que lo nombra con ternura:
“Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias.”
Antes de cualquier milagro, antes de cualquier palabra pública, Jesús es reconocido y amado. No por lo que hace, sino por quién es.
Esta escena nos revela algo esencial de Dios: Dios nombra, ama y reconoce. Y lo hace públicamente. El amor del Padre no es condicionado ni reservado; es un amor que precede, que sostiene y que envía.
El Evangelio de hoy (Mt 3, 13-17) tiene una fuerza sanadora. Muchas personas han crecido escuchando voces que niegan, cuestionan o ponen en duda su dignidad. Frente a esas voces, el Bautismo de Jesús nos recuerda que nadie queda fuera de la mirada amorosa de Dios, y que ninguna identidad, ninguna historia y ninguna forma de amar nos separa de su amor.
Cuando el Espíritu desciende sobre Jesús, se manifiesta un Dios que elige habitar en lo humano, que no teme acercarse a nuestras realidades concretas, a nuestras fragilidades y a nuestras búsquedas. Ese mismo Espíritu sigue posándose allí donde hay vida, verdad, amor y deseo sincero de plenitud.
Celebrar el Bautismo del Señor es dejarnos alcanzar por esta certeza: todos somos hijos e hijas muy amados de Dios, sin excepciones ni condiciones. Un Dios que no excluye, que no etiqueta, que no rechaza, sino que llama por nuestro nombre y se complace en vernos vivir, amar y caminar con dignidad.