06/01/2026
El profeta que oyó a Dios en el silencio:
El profeta Elías huyó al monte Horeb agotado, perseguido y temeroso. Allí esperó que Dios se manifestara como antes: con poder visible, con fuerza que sacude la tierra.
Primero vino un viento grande y poderoso, tan fuerte que partía las rocas…
pero Jehová no estaba en el viento.
Luego vino un terremoto…
pero Jehová no estaba en el terremoto.
Después, un fuego…
pero Jehová no estaba en el fuego.
(1 Reyes 19:11–12)
Cuando todo el ruido terminó, cuando el poder espectacular se apagó, vino un silbo apacible y delicado.
Y entonces Elías entendió: Dios había hablado.
No siempre Dios se manifiesta en lo que impresiona a los hombres.
A veces, su voz se revela cuando el corazón se aquieta y el ruido interior se calla.
Elías cubrió su rostro, no por miedo al estruendo, sino por reverencia ante la voz suave del Dios vivo.
El silencio no fue ausencia de Dios.
Fue el lugar exacto donde Él decidió hablar.