Zendo La Paz Círculo Zen, La Paz Baja California Sur

Zendo La Paz Círculo Zen, La Paz Baja California Sur Creada para estar en contacto con simpatizantes, practicantes del Budismo Zen (Chan, Seon, Thien, ) y Meditación Unifocal en La Paz, Baja California Sur.

Zen Meditation in Baja California Sur. 禅円、ラパス、バハ·カリフォルニア·スル州
Meditation Zen Group in La Paz, Baja California Sur. feel free to join us. weekly meetings. Grupo de Meditación Zen en La Paz, Baja Califonia Sur, reuniones semanales de meditación grupal.

20/05/2026
Algunas tomas del domingo 17 de mayo pasado en Zendo La Paz, después de nuestro servicio dominical, tuvimos nuestro desa...
19/05/2026

Algunas tomas del domingo 17 de mayo pasado en Zendo La Paz, después de nuestro servicio dominical, tuvimos nuestro desayuno Shojin Ryori, con la práctica de atención plena y desayuno consciente con los cuencos de Oryoki.

Muchas gracias por ser parte de nuestra Sangha (comunidad budista zen).

Zendo La Paz

14/05/2026

🏕 COMING UP: Talk by Katsuzen, Kids Community Overnight - Kids Campout Under The Stars!!! & Spring Sangha Gathering & Potluck https://wix.to/4qHATjS

La bondad en el ZenEn el Zen, la bondad no es una obligación moral creada por la sociedad ni una máscara espiritual para...
13/05/2026

La bondad en el Zen

En el Zen, la bondad no es una obligación moral creada por la sociedad ni una máscara espiritual para parecer “buenas personas”. La verdadera bondad surge naturalmente cuando dejamos de vivir encerrados únicamente en el ego.

Dōgen Zenji enseñó que la práctica y la iluminación no están separadas.
No practicamos para convertirnos algún día en Budas.
Practicar sinceramente ya es expresión de la naturaleza búdica.

Por eso, la bondad en el Zen no es algo que se añade artificialmente.
Es la manifestación natural de una mente que comienza a despertar.

Dōgen escribió en el Shōbōgenzō:

“Estudiar la Vía del Buda es estudiarse a uno mismo.
Estudiarse a uno mismo es olvidarse de uno mismo.
Olvidarse de uno mismo es ser iluminado por todas las cosas.”

Cuando olvidamos el pequeño “yo” obsesionado con protegerse, compararse y dominar, aparece una relación más íntima con toda la existencia.

Entonces la bondad deja de ser sacrificio.
Se vuelve algo tan natural como la lluvia cayendo sobre el campo.

Muchas personas creen que la práctica espiritual consiste en alcanzar estados elevados, experiencias místicas o poderes especiales. Pero Dōgen constantemente regresaba a lo simple:

sentarse,
respirar,
comer con gratitud,
lavar el rostro,
servir a otros.

En el Tenzo Kyōkun, sus enseñanzas para el cocinero del monasterio, Dōgen habla de preparar la comida con el mismo respeto con el que se cuidaría los ojos propios. Para él, cocinar arroz para otros era una actividad sagrada.

¿Por qué?

Porque cada acto realizado con atención y compasión expresa el Dharma completo.

La bondad Zen no siempre es suave.
A veces es firme.
A veces silenciosa.
A veces consiste en decir una verdad difícil.

Un maestro que corrige a su discípulo con compasión también está expresando bondad.

Como enseñaba Dōgen, la compasión verdadera no nace de la lástima, sino de reconocer que no estamos separados.

Cuando alguien sufre, el universo entero sufre.

Por eso el Bodhisattva hace voto de aliviar el sufrimiento de todos los seres, aun sabiendo que el sufrimiento del mundo es infinito.

No porque sea fácil.
Sino porque el corazón despierto no puede abandonar a los demás.

Dōgen también enseñó algo profundamente importante para nuestra época:
la iluminación no está en otro lugar.

No está escondida en montañas lejanas ni reservada para santos perfectos.

Se manifiesta aquí:

en cómo hablas,
en cómo escuchas,
en cómo miras a otro ser humano,
en cómo sostienes una taza de té.

Cada instante contiene la totalidad de la Vía.

Cuando cuidamos un momento con sinceridad, estamos cuidando toda la existencia.

La bondad comienza también hacia uno mismo.

Muchos practican con dureza interior, intentando destruir aquello que consideran defectuoso. Pero Dōgen no enseñaba odio hacia uno mismo. Enseñaba práctica sincera.

El cerezo no florece odiándose.
Florece cuando llegan las condiciones correctas.

Así también nosotros.

Sentarse en zazen no es escapar del mundo.
Es aprender a habitarlo sin tanta avidez, miedo y confusión.

Y cuando la mente se aquieta aunque sea por un instante, descubrimos algo sencillo:

la bondad no es una idea moral.
Es la expresión natural de una conciencia despierta.

Entonces ayudar, escuchar, alimentar, acompañar o simplemente estar presente deja de sentirse como obligación.

Se vuelve la actividad natural del corazón.

Esa es la práctica de la Vía.
Esa es la enseñanza viva de Dōgen Zenji.

Que tengan una práctica fructífera
Megumi Hisato

Los esperamos en nuestras actividades de la semana. Si te gustaría participar con nosotros, visita nuestro sitio web www...
12/05/2026

Los esperamos en nuestras actividades de la semana. Si te gustaría participar con nosotros, visita nuestro sitio web www.zendolapaz.com para informes y solicita tu asistencia en nuestro formulario. Tenemos un espacio para ti.

En linea
Miércoles de Círculo de Sabiduría del Dharma
Lecturas de estudio: Tenzo Kyokun del Maestro Dogen, comentado por Uchiyama Roshi.
Sosoji no sume de Keisuke Matsumoto.

Presencial
Domingo 17 de mayo, 9:00 AM:
Samu, meditación en acción.
Zazen meditación.
Choka Fugin, Liturgia Budista Zen.
Desayuno Consciente, con Oryoki.



Zendo La Paz Círculo Zen, es un Centro Comunitario sin fines de lucro y Centro de reunión para la práctica grupal de Budismo Zen.

Los esperamos en nuestras actividades de la semana. Tenemos un espacio para ti.  Visita nuestro sitio web para informes ...
04/05/2026

Los esperamos en nuestras actividades de la semana. Tenemos un espacio para ti. Visita nuestro sitio web para informes e inscripción.

www.zendolapaz.com

Aplica las enseñanzas de Buddha en tu día a día.

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01/05/2026

Muchas veces caemos en un bucle de sufrimiento del cual no queremos salir aunque reclamamos que si. El sufrimiento nos es más cómodo y familiar. Siempre buscando soluciones fáciles en nuestra vida. Andamos buscando de aquí para allá, tratando de encontrar respuestas, cuando realmente lo que necesitamos es mirar hacia nuestro interior.

La luz que regresaCada año, en distintas tradiciones budistas del mundo, millones de personas encienden velas, ofrecen f...
01/05/2026

La luz que regresa

Cada año, en distintas tradiciones budistas del mundo, millones de personas encienden velas, ofrecen flores y guardan silencio para conmemorar Vesak, la festividad que honra el nacimiento, la iluminación y la muerte de Siddhartha Gautama. Sin embargo, reducir Vesak a un evento religioso o cultural sería perder su esencia más profunda. Vesak no es solo memoria; es una invitación radical a despertar.

Lo extraordinario de esta celebración es que reúne en un solo día los tres momentos más importantes de la vida del Buda. Nacimiento, despertar y muerte no aparecen como etapas separadas, sino como expresiones de un mismo proceso continuo. Esto nos confronta con una verdad incómoda pero liberadora: la vida no está fragmentada, somos nosotros quienes la dividimos. En nuestra experiencia cotidiana, también nacemos cuando comprendemos algo nuevo, despertamos cuando vemos con claridad y morimos cada vez que soltamos lo que ya no nos sirve.

En este sentido, Vesak no nos pide admiración, sino honestidad.

Vivimos en una época saturada de estímulos, donde el ruido externo ahoga la posibilidad de escuchar lo esencial. Buscamos felicidad en lo inmediato, evitamos el dolor y postergamos el encuentro con nosotros mismos. Sin embargo, la enseñanza central del Buda no se basa en promesas abstractas, sino en una observación directa: el sufrimiento existe, tiene causas y puede cesar. Esta claridad, lejos de ser pesimista, es profundamente esperanzadora. Significa que no estamos condenados a repetir nuestros patrones; existe un camino.

Vesak nos recuerda ese camino.

Las prácticas que acompañan esta festividad la meditación, la generosidad, la reflexión ética no son rituales vacíos, sino herramientas para transformar la percepción. Al observar la respiración, al ofrecer ayuda sin esperar recompensa, al actuar con integridad, comenzamos a ver cómo nuestra mente construye la realidad que habitamos. Y en ese ver, algo cambia. No de manera espectacular, sino silenciosa, como una grieta en un muro que finalmente deja entrar la luz.

Uno de los aspectos más poderosos de Vesak es su simplicidad. No exige creencias complejas ni adhesión ciega. Invita, más bien, a experimentar. A detenerse. A mirar. En un mundo que constantemente nos empuja a hacer más, Vesak propone algo casi revolucionario: ser.

Pero ese “ser” no es pasividad. Es presencia activa. Es la disposición de ver sin filtros, de reconocer nuestras contradicciones, de aceptar la impermanencia de todo lo que amamos y tememos. En esa aceptación, lejos de surgir resignación, emerge una libertad inesperada. Si todo cambia, también puede cambiar nuestra forma de vivir.

La figura del Buda, más que un ícono, es un recordatorio de posibilidad. No se presenta como un ser divino inaccesible, sino como alguien que recorrió el mismo terreno humano: dudas, sufrimiento, búsqueda. Su despertar no fue un privilegio, sino el resultado de una mirada profunda y sostenida. Por eso, Vesak no celebra a un individuo aislado, sino la capacidad universal de despertar.

En última instancia, la relevancia de Vesak no depende de templos ni ceremonias, sino de lo que hacemos con su mensaje. Podemos participar en la festividad y seguir viviendo de la misma manera, o podemos permitir que algo en nosotros se cuestione. ¿Qué hábitos perpetúan nuestro sufrimiento? ¿Qué ideas sostenemos sin examinarlas? ¿Qué pasaría si, aunque sea por un momento, soltáramos la necesidad de controlar todo?

Estas preguntas no buscan respuestas inmediatas, sino abrir un espacio de indagación.

Tal vez esa sea la verdadera luz de Vesak: no una iluminación repentina, sino una claridad que se cultiva con paciencia. Una luz que no elimina la oscuridad, pero nos permite caminar en ella sin miedo.

Así, Vesak deja de ser un día en el calendario y se convierte en una práctica viva. Cada instante ofrece la posibilidad de nacer a una nueva comprensión, de despertar de una ilusión o de dejar morir una carga innecesaria. Y en ese ciclo continuo, silencioso y profundo, descubrimos que la celebración no ocurre fuera de nosotros.

Ocurre en la manera en que vivimos.

Zendo La Paz, comunidad budista zen.

Muchas gracias a los compañeros que nos acompañaron la tarde noche del último miércoles del mes de abril del 2026 en Zen...
30/04/2026

Muchas gracias a los compañeros que nos acompañaron la tarde noche del último miércoles del mes de abril del 2026 en Zendo La Paz.

Después de un buen Zazen, una buena cena.





La extraña comodidad del sufrimiento (y el miedo a lo nuevo)En el silencio del zendo, la pregunta regresa: ¿Por qué segu...
30/04/2026

La extraña comodidad del sufrimiento (y el miedo a lo nuevo)
En el silencio del zendo, la pregunta regresa:

¿Por qué seguir sufriendo cuando el cambio está disponible?
Porque lo conocido, aunque duela, no exige aprendizaje.
Y lo nuevo, aunque libere, exige apertura.

El sufrimiento repetido es un circuito cerrado:
pensamiento → emoción → reacción → mismo resultado.

Ahí no hay incertidumbre, pero tampoco hay crecimiento.
Romper ese ciclo implica tres movimientos que la mente suele evitar:

No basta con escuchar algo distinto; hay que permitir que cuestione lo que creemos saber.

Aquí aparece la resistencia más fuerte: el orgullo sutil.
La mente dice: “ya entiendo”, pero en realidad se protege.
Aceptar sabiduría nueva es reconocer: quizá he estado viendo parcial o equivocadamente. Eso hiere la identidad, pero abre la puerta a la claridad.

Muchos buscan ideas nuevas como quien colecciona herramientas sin usarlas.

Procesar es digerir: llevar esa comprensión a la experiencia directa.
Es sentarse con ella, observar cómo se refleja en la propia vida,
ver dónde choca con hábitos, dónde incomoda, dónde revela apego. Sin este paso, la sabiduría se vuelve decoración mental.

El cambio real no siempre da recompensas inmediatas.
Aquí muchos regresan al viejo sufrimiento: “esto no funciona”.
Pero los frutos aparecen cuando hay continuidad.

Un pequeño cambio en la forma de pensar,
una pausa antes de reaccionar,
una decisión distinta en un momento clave.

Eso ya es fruto.

Pero requiere atención para ser reconocido.

Entonces el koan se afina:
No es que la gente prefiera sufrir, es que evita el proceso completo de transformación.
Aceptar sin procesar no cambia nada.
Procesar sin sostener se disuelve.
Y sin frutos visibles, la mente vuelve a lo conocido.
Por eso la práctica no es solo “entender mejor”, sino encarnar lo entendido.

En zen, esto se ve en lo simple:
¿cómo caminas?, ¿cómo respondes?, ¿cómo eliges?
La verdadera sabiduría no es la que impresiona,
es la que transforma la acción cotidiana.

Así que observa:
¿Qué enseñanza has escuchado, pero no has aceptado del todo?
¿Cuál has aceptado, pero no has procesado?
¿Y cuál has empezado, pero abandonado antes de ver sus frutos?
Ahí está tu práctica.

Porque el camino no es encontrar algo nuevo afuera,
sino permitir que lo verdadero eche raíz dentro.

Y cuando eso ocurre, lentamente, sin espectáculo, la vida empieza a cambiar.

No porque luchaste más, sino porque finalmente dejaste de resistir lo que podía liberarte.

Que tengas una práctica fructífera
Megumi Hisato

Mayores informes de nuestras sesiones durante la semana en:
www.zendolapaz.com







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Domingo 8am - 12pm

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