11/08/2026
Hay partes de nuestro pasado que quisiéramos borrar… heridas, decisiones, pérdidas y temporadas que pensamos que nos marcarían para siempre.
Pero cuando Cristo entra en nuestra historia, nuestro pasado deja de ser una condena y se convierte en testimonio.
Él restaura lo que fue quebrado, sana lo que todavía duele y redime aun aquello que creíamos perdido.
Tu pasado no tiene la última palabra. Cristo sí.
Y si Él redimió tu ayer, puedes mirar hacia adelante con esperanza: Dios todavía tiene un gran futuro para ti.