27/04/2026
Lo que aprendí el día de hoy, me hace reflexionar en lo que han sido 32 años de vida cristiana.
Cristo dijo en Juan 4:23-24: "Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren".
Pero ¿Cuál es la verdadera adoración? _ Algunos piensan que es cantar alabanzas, otros orar de rodillas elogiando a Dios, yo prediqué que era la obediencia a Dios, sin embargo, nada de esto se acerca a la verdad. En el antiguo testamento, específicamente en Deuteronomio 16:16 y 17, el Señor le dijo a Israel, "...Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías; cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado". En aquel tiempo, se trataba de un sacrificio, (una oveja, un becerro, un palomino), pero en el nuevo testamento, Cristo se ofreció como el más grande y último sacrificó, ya no podemos ofrecer sacrificios como en aquel tiempo, hoy, el apóstol Pablo en Romanos 12:1 nos aconseja: "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional."
Entonces, tu te presentas a la asamblea de Dios para adorarle, generalmente el primer día de la semana (domingo) para ofrecer a Dios todo lo que hiciste durante la semana que acaba de concluir, esa es la manera más acertada de adorar, presentarnos ante el Señor como ese sacrificio vivo, santo, agradable al Señor.
¿Cómo te presentas tú? ¿Cómo fue tu conducta? ¿Cómo fue tu vocabulario? ¿Cómo fueron tus pensamientos? ¿A Dios le agrada tu adoración? O ¿Dios abomina tu adoración? ¿Que es lo que traes al Señor cuando te reúnes, que traes en tus manos para ofrecerle? Dios no te pide dinero, ni trabajo, ni servicio, Dios te pide a ti, a lo que hiciste durante toda la semana.
Reflexiona, adoremos a Dios como Èl busca que le adoremos, vayamos a la reunión dominical, a la asamblea del Señor como un verdadero adorador, como un siervo que no tiene de que avergonzarse.