10/02/2022
¡Catorce años!, ¡qué jovencito!, ¿realmente tenía conciencia de lo que hacía?
Esto suelen preguntarse quienes se enteran de que San José Sánchez del Río, era apenas un adolescente, y tal vez comparándolo con algunos adolescentes que conocen, que sólo piensan en echar relajo, ir al ‘antro’, y no a Misa, no pueden creer que alguien de esa misma edad pudiera ser un católico tan comprometido, capaz de soportar espantosas torturas y dar su vida por Cristo y por la Iglesia.
La respuesta es que a José no le pasó, como desgraciadamente sucede con demasiada frecuencia, que su familia se preocupara porque fuera al catecismo sólo como requisito para hacer su Primera Comunión, celebrar ésta con una gran fiesta, y en adelante olvidar el asunto, no volver a ir a Misa, nunca volverse a confesar ni comulgar.
José se crió en un hogar que realmente tomaba en serio su fe católica, así que desde pequeño aprendió a tener una relación personal, de amor y de confianza con el Señor, a leer la Biblia, a orar, a venerar a María; a rezar el Rosario; a amar la Eucaristía.
Le vienen como anillo al dedo las palabras que san Pablo dirigió al joven Timoteo: “Permanece firme en lo que has aprendido y se te ha confiado, pues bien sabes de quiénes lo aprendiste, y desde tu infancia estabas familiarizado con la Sagrada Escritura, la cual puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación” (2Tim 3, 14-4,2).
José también estuvo familiarizado desde chiquito con la Biblia, y recibió la sabiduría de decirle sí a Jesús, un sí heroico que lo hizo morir mártir, y alcanzar la santidad.
Vamos a pedirle que interceda por nosotros para que sepamos imitarlo en su fe y su valentía por defenderla; en su esperanza a toda prueba, y en dar testimonio de cristiana caridad.