En un Dios que es Espíritu infinito y perfecto en quien todas las cosas tienen su origen, sostén y fin (Gn. 1:1; Dt. 6:4; Jn. 4:24; Col. 1:17). Que en la naturaleza esencial del único Dios hay tres distinciones eternas que son representadas en tres Personas, siendo iguales en substancia, majestad, eternidad, gloria y poder: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Mt. 3:16-17; 28:18; 2 Co. 13:14; 1
Jn. 5:7). A) El Padre
Que Dios, como Padre manifiesta su paternidad a través de diferentes filiaciones: a) es el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, esta relación entre el Padre y el Hijo no tuvo principio, sino que existió por la eternidad (Jn. 8:58; 17:5,24), b) Es el Padre de todo cuanto existe, de él proceden todas las cosas sean visibles o invisibles, pues es su Creador, Preservador y Sustentador (Gn. 1:1; 1 Co. 8:6 y Hch. 17:24-28), c) es Padre de los creyentes que han sido regenerados por el Espíritu Santo (Jn. 1:12-13), estableciéndose así una relación de redención y adopción, por la cual los creyentes pueden decir: Abba, Padre (Rom. 8:14-17). B) Jesucristo
Que nuestro Señor Jesucristo siendo la segunda Persona de la Santísima Trinidad, existió antes de su encarnación como el Verbo eterno y verdadero Dios (Jn. 1:1; 8:58; 17:5,24; Col. 1:13-17; He. 1:5-8; 2:10); que se encarnó por obra del Espíritu Santo y nació de la virgen María (Is. 9:6; 7:14; Mt. 1:18-25; Jn. 1:14; Gá. 4:4; He. 2:14; 1 Ti. 3:16). Murió por nuestros pecados, fue sepultado, resucitó al tercer día, y ascendió a los cielos donde intercede por nosotros y vendrá por segunda vez de manera personal (Mt. 24:34; Hch. 1:11; 7:5; Fil. 3:20-21). C) El Espíritu Santo
Que el Espíritu Santo no es una fuerza impersonal, ni una influencia, sino que es una Persona, pues posee los elementos constitutivos de la personalidad: intelecto, voluntad y sentimientos (1 Co. 12:11; Ef. 4:30). (2 P. 1:21). Enseña (Jn. 14:26). Testifica (Gá. 4:6). Intercede (Rom. 8:26). Habla (Ap. 2:7). Ordena (Hch. 16:6-7). Es contristado (Ef. 4:30), no consiente la mentira (Hch. 5:3), ni la blasfemia contra El (Mt. 12:31-32); que está siempre presente en la Iglesia de Cristo convenciendo al Mundo de pecado, regenerando a los que creen y se arrepienten, santificando y guiando a los creyentes a toda verdad (Jn. 16:7-8, 13; 2 Ts. 2:13; 1 P. 1:2). Esta es la enseñanza clara e inequívoca de las Sagradas Escrituras. EL BAUTISMO DEL ESPIRITU SANTO. En el bautismo del Espíritu Santo, como una experiencia distinta a la salvación, cuya evidencia sobrenatural, física e inicial es hablar en lenguas como el Espíritu Santo da a cada uno (Mr. 16:17; Hch. 2:4; 10:46; 19:6). DONES Y MINISTERIOS. En los dones espirituales y ministerios impartidos por el Espíritu Santo a la iglesia: palabra de sabiduría, palabra de ciencia, fe, sanidades, milagros, profecía, lenguas, interpretación de lenguas, etc. La Iglesia acepta que el Espíritu Santo ha establecido cinco ministerios fundamentales para la salud, equilibrio y desarrollo de la Iglesia en el mundo, estos son: Apóstoles, Profetas, evangelistas, Pastores y Maestros, el propósito de los mismos es perfeccionar a los santos para la obra del ministerio y para la edificación del cuerpo de Cristo. a) Apóstoles. La Iglesia Cristiana Independiente Pentecostés, no cree en la sucesión apostólica, es decir; los doce apóstoles que conocieron a Jesucristo son únicos pues anduvieron con El, fueron testigos de su resurrección, pusieron el fundamento y estructura de la Iglesia, establecieron el fundamento doctrinal de la misma y sus nombres estarán escritos en los cimientos de la Nueva Jerusalén, además, se sentarán en doce tronos para juzgar a las 12 tribus de Israel, sin embargo, creemos que El levantó un orden diferente de apóstoles como lo enseñan (Hch. 14:4, 14; Ef. 4:11; Gá. 1:19 y 1. Ts. 2:1, 6). Apóstol es alguien que no se impone por la vía de mando, si no que es reconocido por su autoridad espiritual al establecer iglesias, principios administrativos y de orden por su respaldo ministerial forjando obreros y sobre todo por su capacidad para captar la visión de Dios para su tiempo y trasmitirla a los demás. b) Profetas. Puesto que el Nuevo Testamento revela el ejercicio del ministerio así como el don de profecía en la Iglesia (Hch. 11:27, 28; 21:9, 11; 13:1). Hoy también, Dios ha levantado profetas con el propósito de edificar, exhortar, consolar y confirmar a los hermanos con abundancia de palabras (1 Co. 14:3; Hch. 15:32). A fin de que se reconozca a alguien como profeta de Dios debe considerarse: que las profecías que dé. Sean conforme a las Sagradas Escrituras, que sus profecías predictivas tengan un fiel cumplimiento (Dt. 18:20-22), y el profeta debe observar el mejor espíritu de sujeción a los ministerios que tengan autoridad sobre él. Por cuanto muchos se ostentan como apóstoles y profetas, recomendamos a pastores y lideres que examinen conforme a las Sagradas Escrituras y sus frutos, a quienes se presentan con dichos ministerios (1 Jn. 4:1). c) Evangelistas. Evangelista es aquel que proclama las buenas nuevas de salvación en forma efectiva, de modo que la gente responde al llamamiento y se convierten en discípulos de Cristo (Hch. 8:4-8; 21:8; Ef. 4:11). d) Pastores. Creemos que Dios llama y capacita a quienes él comisiona por pastores del rebaño y las autoridades establecidas los reconocen y establecen después de darles la instrucción ministerial necesaria para el ministerio. Sus responsabilidades son: guiar, alimentar y proteger al rebaño confiado a su cuidado. Reconocemos que el ministerio pastoral es el que dará cuenta a Dios de la iglesia (He. 13:17). El pastor debe reconocer que ejerce una autoridad delegada y recordar que quien esté en autoridad se encuentra bajo autoridad (Mt. 8:9). e) Maestros. El ministerio de la enseñanza es la capacidad sobrenatural de enseñar y aplicar efectivamente las verdades de la Palabra de Dios a la vida de los cristianos y lo consideramos de vital importancia en la iglesia (Hch. 13:1; Rom. 12:7). LAS SAGRADAS ESCRITURAS. En la autoridad de la Biblia como única, inmutable, infalible y verdadera palabra de Dios dada a los hombres. En la Revelación escrita de Dios al hombre contenida en el Antiguo y Nuevo Testamentos, escritos por inspiración divina y que nos expresan la voluntad de Dios, y son la norma de nuestra fe y conducta (2 Ti. 3:16-17; 2 P. 1:20-21). LA DEPRAVACIÓN DEL HOMBRE. Que el hombre fue creado por Dios a su imagen y semejanza, y que éste cayó de su grandeza original al pecar contra Dios (Ec. 7:29; Rom. 3:10-23), atrayendo sobre sí y sobre toda su descendencia las consecuencias de su pecado y que está de continuo inclinado al mal y por lo tanto, destituido de la gloria de Dios (Sal. 53:1-3; Rom. 6:23). Que Dios en su misericordia ha provisto en la persona de Jesucristo, su Hijo, la redención del hombre pecador (Jn. 3:16; Rom. 3:24-26; 2 Co. 5:19; 1 Jn. 2:2). Que el destino final del hombre redimido es el cielo (Jn. 17:24; Ap. 21:1-4), así como el del hombre irredento es el tormento eterno en el lago de fuego (Mt. 25:46; Ap. 20:11-15). EL PECADO. Que el pecado es la trasgresión de la ley de Dios y la falta de conformidad a ella. Todos los hombres son pecadores y están destituidos de la gloria de Dios (Pr. 8:36; 1 Jn. 2:16; 3:4; 5:15). LA SALVACIÓN. Que la salvación es la aplicación de la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo en el hombre efectuada por el Espíritu Santo. En ella el hombre es: Justificado, regenerado, santificado y glorificado (Rom. 5:1-9; 8:30). Que la salvación es por gracia y no por obras, mediante el arrepentimiento y la fe en el sacrificio expiatorio del Señor Jesucristo y que es un favor inmerecido mostrado por Dios a la humanidad por medio de Cristo (Mr. 1:15-16; Jn. 3:18-36; Hch. 3:19; Ef. 2:8). LA SANTIFICACIÓN. Que la santificación es la voluntad de Dios para todos los cristianos, es necesaria para servirle, y sin ella nadie verá al Señor. Es obra del Espíritu Santo, dando al creyente el poder necesario para llevar una vida santa y es deber del hombre salvo conservar su vida en santidad hasta el fin (1 Ts. 4:3-5; 5:23; 2 Ti. 2:21; He. 12:14). Creemos que si un hombre es salvo y cae en pecado por su descuido y muere en él, se pierde eternamente (He. 3:12-13; 10:26-27; Ap. 2:21). LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO. Qué Cristo en su venida a las nubes resucitará a los justos y transformará a los creyentes fieles que vivan entonces, para ser arrebatados y estar con él en las Bodas del Cordero y vivir y reinar en su presencia eternamente (Jn. 14:3; 1 Co. 15:21-23; 1 Ts. 4:13-17; Ap. 19:7-9). Que la manifestación de Cristo a la tierra con sus santos será personal y premilenial, para hacer juicio a las naciones y para establecer su reino milenial (Mt. 24:30; 25:31-32; Hch. 1:11; Jd. 14,15; Ap. 1:7 20:5-6). EN LA RESURECCION FINAL PARA JUICIO Y CONDENACIÓN. Que los pecadores no arrepentidos cuyos nombres no se hallan inscritos en el libro de la vida resucitarán para juicio y condenación (Ap. 20:11-15). Que el Señor hará juicio contra Satanás y sus ángeles, así como contra la Bestia y el Falso Profeta, los cuales serán lanzados al lago de fuego y azufre. EN LAS ORDENANZAS. En dos Ordenanzas: El Bautismo en agua y la Mesa del Señor, que son los símbolos externos instituidos por nuestro Señor Jesucristo para ser administrados en su Iglesia como señal visible de la verdad salvadora del evangelio. A) El Bautismo
Que el bautismo bíblico es la inmersión del creyente en agua, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. para leer completo seguir el link:
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