30/01/2026
En memoria de Miguel Bustos Lara
Para el Consejo de los Gremios, la partida de nuestro compañero Miguel Bustos Lara deja un vacío profundo y difícil de llenar, porque no solo despedimos a un integrante más, sino a un amigo entrañable, a un mediador incansable y a un verdadero líder.
Desde hace algunos años, Miguel asumió la dirección del Comercio Chico del día 28 de septiembre, un gremio que atravesaba momentos complejos. Fue entonces cuando muchos descubrimos en él su gran capacidad de liderazgo, su entrega y su compromiso. Por ello, en los momentos de mayor importancia, era siempre elegido como representante de todos los gremios, confianza que se ganó con hechos y con coherencia.
Miguel vivía entregado a su gremio. Durante meses trabajaba sin descanso para reunir donativos, sumar nuevos integrantes y organizar cada detalle, con el único propósito de ofrendar al Señor de la Misericordia las mejores composturas y los arreglos florales más hermosos, siempre aportando ideas nuevas y creativas. Las diferencias o la apatía de algunos de su gremio nunca lo detuvieron; como solía decir en las reuniones, todo lo hacía por el “Encueradito”.
Con esmero y responsabilidad, cuidaba cada aspecto de la Entrada de Gremios: ponía orden en su contingente, procuraba que las filas avanzaran con dignidad, que cada agremiado portara su distintivo, que la banda de guerra diera solemnidad a su contingente y que la música alegrara el caminar del gremio.
En las reuniones del Consejo de los Gremios, Miguel siempre estuvo mediando los conflictos, aportando su palabra directa y transparente, cualidades que ayudaron a tomar decisiones importantes para salvaguardar nuestras tradiciones, especialmente la Entrada de los Gremios y la Música. Fue uno de los principales impulsores de la nueva etapa de los gremios, colaborando decisivamente en la consolidación del Consejo de Gremios y en la aplicación de estatutos que hoy dan abundantes frutos.
Su calidad humana y la confianza que inspiraba hicieron que fuera designado tesorero de los Gremios. En cada reunión, con puntualidad y responsabilidad, se encargaba de la cooperación, y cuando algún compañero partía, Miguel personalmente gestionaba el envío de un arreglo floral en nombre de todos, gesto que hablaba de su sensibilidad y su cercanía.
En los convivios anuales de los encargados de gremios nunca faltó el buen sabor de sus platillos ni las risas provocadas por sus anécdotas. Siempre estuvo dispuesto a servir, incluso adornando con sus composturas el Santuario de Guadalupe durante las fiestas de diciembre. De manera especialmente conmovedora, unos días antes de partir, acudió personalmente a la casa de la Virgencita del Tepeyac para guardar sus composturas, como quien se despide sin saberlo, pero dejando huella.
Miguel fue un gran devoto del Señor de la Misericordia. Su fe no se quedaba en palabras, la demostraba ayudando a los demás, convencido de que el Señor de la Misericordia se hace presente en el prójimo, especialmente en el necesitado. No es casualidad la gran cantidad de personas que acudieron a sus funerales y a su Misa de exequias: ahí quedó manifiesto todo lo que sembró en vida.
Hoy lo recordamos con gratitud, respeto y cariño. Su ejemplo, su entrega y su amor por los gremios y por el Señor de la Misericordia permanecerán vivos en nuestra memoria y en nuestra tradición.