02/03/2022
🙌🏻✨| Este miércoles, el evangelio que leemos en las comunidades es un texto del discurso de Jesús en la montaña en el cuál él le habla a cada persona y allí propone tres elementos. Es como si hablara de la relación de cada uno consigo mismo, de la relación de cada uno con su prójimo y de la relación de cada uno con Dios. Yo, los demás y Dios.
Para la relación conmigo, propone lo que él llamó ayuno, que no es solo ayuno de comida, sino ayuno, dominio propio, es decir, ayunar de costumbres que uno tiene, consumistas, que ayunar simplemente de comida. El Papa propuso hoy el ayuno de los alimentos, en comunión con todas las personas que sufren la guerra y por la paz en el mundo. Debido a la crisis en Ucrania y Rusia. Es muy importante darse cuenta de este valor del autodominio. El ayuno no es porque Dios quiera que tengamos hambre. Sino porque necesitamos tener dominio propio para poder vivir el segmento de Jesús que proponemos.
Cuando habla de mi relación conmigo mismo, es este ayuno, cuando habla de mi relación con el otro, es amor, caridad, solidaridad. Este evangelio habla de limosna, pero no en el sentido de asistencia, sino en el sentido de compartir.
Y, finalmente, la oración, en la relación con Dios. Es interesante, importante, el hecho de que hay un elemento que atraviesa, que llena los tres elementos, la relación conmigo mismo, la relación con el otro y la relación con Dios. ¿Y cuál es ese elemento? Es veracidad, es interioridad, es Jesús diciendo, no hagas ver a los demás, no ayunes para que los demás vean mientras ayunas, no des limosna para que todos sepan lo que diste y no ores ostensiblemente por todos decir que hombre de oración, qué mujer de oración. No. Hazlo, entra en tu habitación en secreto, tu padre sabrá y verá lo que está escondido y verá tu corazón. Entonces Jesús nos llama a una conversión del corazón.