04/04/2026
“Y a ti misma una espada te atravesará el alma.” (Lc 2,35)
Hoy esa palabra se cumple en silencio. María sostiene el cuerpo de su Hijo, lo mira, lo abraza… y no hay nada que pueda cambiar lo que está frente a ella. No hay consuelo suficiente, no hay explicación que alcance, solo permanece.
No grita, no reclama, no se aleja. Ama… incluso ahí.
Y ese dolor toca algo muy profundo, porque hay momentos en la vida que también se sienten así, donde no se puede hacer nada más que sostener, donde el corazón se queda en silencio, donde el amor permanece aun en medio de lo incomprensible.
Hoy no es día de muchas palabras, es día de acompañar. De acercarse con respeto, de no pasar rápido, de quedarse un momento junto a María, con lo que cada uno lleva dentro, con lo que pesa, con lo que duele.
Porque hay dolores que no se explican… pero sí se pueden compartir.
Permíteme acompañarte, Madre nuestra.