19/11/2021
ALMA REDEMPTORIS MATER
Antífona Mayor de Adviento y Navidad
LA ANUNCIACION 2Antífona mariana común al tiempo de Adviento y Navidad. El texto latino de la antífona:
Alma Redemptoris Mater,
quae per via caeli porta manes,
et stella maris, succurre cadenti,
surgere qui curat populo:
Tu quae genuisti, natura mirante,
tuum sanctum Genitorem:
Virgo prius ac posterius,
Gabrielis ab ore sumens illud Ave,
peccatorum miserere.
Herman Contracto compuso la antífona Alma Redemptoris Mater basándose en los escritos de san Ireneo de Lyon (130-202), san Epifanio de Salamina (315-403) y san Fulgencio de Ruspe (462/467-527/533). El primero de ellos, padre de la Iglesia al que puede considerarse casi apostólico (pues fue discípulo de san Policarpo de Esmirna, que lo fue, a su vez, del apóstol san Juan) fue quien habló de las dos Evas, asimilando María a la madre de todo el género humano: por ésta vino el pecado y por Aquélla la redención. San Epifanio (s. IV) fue el primero en usar la expresión “siempre virgen” para referirse a la Santísima Virgen. Por su parte, san Fulgencio destacó el importante papel desempeñado por María en la economía de la salvación como madre del Redentor. La antífona fue usada originalmente como canto procesional de la hora de Sexta del oficio de la Ascensión. Fue el papa Clemente VI quien en 1350 determinó su lugar actual en el rezo de las horas, asignándole el tiempo de Adviento y Navidad. Geoffrey Chaucer la menciona en sus Cuentos de Canterbury. El Alma Redemptoris Mater ha inspirado hermosas composiciones musicales a lo largo de la historia. Aparte de las melodías gregorianas (en tono solemne y en tono simple), destacan el coro de Leonel Power († 1442), la bellísima polifonía a seis voces de Orlando di Lasso (1532-1594), el coro a capella de Giovanni Pierluigi da Palestrina (1525-1594) y Tomás Luis de Victoria (Ávila 1548-Madrid 1611) entre otros. Desde hace mil años la Iglesia universal la canta en latín. Tendría que formar parte de ese repertorio mínimo de piezas gregorianas populares que han trascendido y calado en nuestro pueblo. La exhortación Marialis cultus, de Pablo VI, sugirió la conveniencia de subrayar el tiempo de Adviento como tiempo mariano por excelencia. Convendría destacar un icono o imagen de María Madre, con el Hijo, sobre todo en el cuarto domingo, que está centrado enteramente en la Virgen. Ella es «icono de la Iglesia». María es la puerta del cielo y la estrella del Adviento; la estrella de los mares; Ella viene a «librar al pueblo que tropieza y quiere levantarse». Es una de las más conmovedoras plegarias:
Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza y quiere levantarse.
Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.
Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.
Existen varias musicalizaciones en castellano; entre ellas destacan la de Luis Elizalde y Francisco Palazón que toma como ritornello los dos últimos versos de la antífona, cambiando el término «pecadores» por «peregrinos de la fe»:
Recibe, Santa María, el saludo de Gabriel
y apiádate de nosotros, peregrinos de la fe.
Esta antífona se usaba ya en el siglo XIII en la fiesta de la Asunción. Es de una gran riqueza literaria. Probablemente su autor, tanto de la letra como de la música gregoriana, fue el monje Hermann Contracto (+ 1054). Toma algunos versos del Ave, maris stella. Pero la frescura del original se ha revestido de nobleza y, por dos rasgos, el nuevo himno amplía su envergadura: «Ven a socorrer al pueblo que cae y quiere levantarse», dice. Ése «que quiere levantarse» es hondo y patético (en la melodía gregoriana). La continuación despliega una especie de visión: «Tú que, ante la admiración de la naturaleza, engendraste a tu santo Creador». En esta antífona, María es contemplada como la Madre del Redentor y la perfecta oyente de la Palabra de Dios. Gracias a ella se nos abre el cielo, porque ella es la «puerta» abierta; gracias a ella encontramos la orientación en el mar de la vida; por ella nos acercamos a Aquel que nos libera, nos redime y nos hace nuevas criaturas. Por todo ello, la comunidad cristiana le suplica: «ven a librar al pueblo que tropieza y quiere levantarse», que «tenga misericordia de los pecadores», que se apiade de todos nosotros que somos peregrinos de la fe, y en nuestro peregrinar nos ayude ante tantos tropiezos por el mar de la vida. Antífona Mayor de Adviento y Navidad. Al terminar la antífona se cantan los versículos:
Adviento:
V. Angelus Dómini nuntiávit Mariae.
R. Et concépit de Spíritu Sancto.
Navidad:
V. Post partum, Virgo, invioláta permansísti.
R. Dei Génitrix, intercede pro nobis.
Antonio Alcalde