17/11/2025
Santa Isabel de Hungría
17 de Noviembre
Hija del rey de Hungría y esposa del rey de Turingia (Alemania central), Isabel (1207 - 1231) fue contemporánea de san Francisco. Los Hermanos Menores que conoció (sobre todo Fr. Rüdiger, su primer director espiritual, seguido más tarde por Fr. Conrado) no hicieron, sino que alimentar una espiritualidad ya dedicada a ayudar a los demás y a apoyar a los más pobres.
En su audiencia general del 20 de octubre de 2010, Benedicto XVI habla de ella como «una de las mujeres del Medievo que ha suscitado mayor admiración».
A los 4 años abandonó la corte de su padre porque estaba prometida a Luis de Turingia, heredero del trono. Según la tradición, desde muy joven se dedicó a la oración y, sobre todo, a los más humildes y necesitados; a los 14 años se casó con el ya rey de Turingia, y a pesar de su corta edad y del vínculo decidido por sus padres, el matrimonio de Isabel y Luis fue amoroso, fecundo y generoso: con el consentimiento de su marido, la joven soberana pudo utilizar sus propios recursos para ayudar a los más débiles.
Sin embargo, este comportamiento atrajo las críticas de la corte: su forma de vida (por ejemplo, la celebración de la boda fue sin p***a ni circunstancia y los gastos del banquete se donaron en parte a los pobres) fue duramente criticada por ser inadecuada para el papel de gobernante; no obstante, ella continuó en su labor caritativa, apoyada por su marido.
El Papa Benedicto recuerda: «[Isabel fue] un verdadero ejemplo para todos aquellos que ocupan cargos de mando: el ejercicio de la autoridad, a todos los niveles, debe vivirse como un servicio a la justicia y a la caridad, en la búsqueda constante del bien común. Isabel practicaba asiduamente las obras de misericordia: daba de beber y de comer a quien llamaban a su puerta, proporcionaba vestidos, pagaba las deudas, se hacía cargo de los enfermos y enterraba a los muertos».
El encuentro con los frailes menores en 1222 no hizo sino reforzar la fe y la caridad de la joven soberana hacia los pobres, a pesar de la dureza de la vida: en 1227 (el mismo año en que ingresó en la Orden Franciscana Seglar) murió su amado Luis, que partía para la cruzada con el emperador Federico II; su cuñado usurpó entonces el trono de Turingia e Isabel, con sus tres hijos, se vio obligada a abandonar la corte real de Wartburg.
No fue hasta 1228 cuando encontró refugio en el castillo de Marburgo; aquí, con sus posesiones, construyó un hospital, acogió a enfermos e inválidos y sirvió en su mesa a los más miserables e indigentes.
El Papa Benedicto también recuerda: «Podemos descubrir en esta afirmación una cierta experiencia mística parecida a la que vivió san Francisco: en efecto, el Poverello de Asís declaró en su testamento que, sirviendo a los leprosos, lo que antes le resultaba amargo se transformó en dulzura del alma y del cuerpo (Testamentum, 1-3). Isabel pasó los últimos tres años de su vida en el hospital que ella misma había fundado, sirviendo a los enfermos, velando por los moribundos. Siempre trataba de realizar los servicios más humildes y los trabajos repugnantes. Se convirtió en lo que podríamos llamar una mujer consagrada en medio del mundo (soror in saeculo) y formó, con algunas de sus amigas, vestidas con hábitos grises, una comunidad religiosa. No es casualidad que sea patrona de la Tercera Orden Regular de San Francisco y de la Orden Franciscana Secular.».
En noviembre de 1231, Isabel cayó enferma; murió en la noche del 17 de noviembre y, después de cuatro años, el Papa Gregorio IX, tras los numerosos testimonios de sus virtudes, la proclamó santa.
Feliz fiesta en el día de Santa Isabel.